
Durante la década de 1920, Dod Procter (1890-1972) fue una de las artistas más famosas de Gran Bretaña. Aunque su nombre cayó en el olvido años más tarde, su particular mirada del cuerpo femenino vuelve hoy a cobrar presencia. La pintora inglesa logró trascender los límites convencionales de una época en la que las mujeres comenzaban a tener un rol más preponderante en la sociedad, pero continuaban siendo vistas y representadas en el arte bajo un enfoque tradicional.
Nacida con el nombre de Doris Margaret Shaw, Procter creció en el pueblo de Newlyn, una localidad al sur de Inglaterra conocida entonces por la escuela naturalista que fundaron los pintores Elizabeth y Stanhope Forbes. Allí aprendió las bases pictóricas que predicaba el grupo y conoció a su marido, el también pintor Ernest Procter. Sin embargo, Dod recibiría luego una influencia notoria del timpresionismo en el Atelier Colarossi de París, donde entró en contacto con pintores como Pierre-Auguste Renoir y Paul Cézanne. Allí pasaría los años de la Primera Guerra Mundial, hasta regresar a su querido Newlyn.
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A lo largo de la década del veinte, Dod Procter concentra su interés en el retrato de mujeres jóvenes, a quienes representa con una sencillez elemental y escultórica. A medida que comienza a explorar cada vez más la identidad y la sexualidad femenina, la artista decide exponer con el nombre neutro de Dod en lugar de Doris. De esta etapa destacan una serie de imágenes a la vez simples y monumentales de modelos jóvenes en las que resalta el volumen de las figuras a través de un logrado uso de la luz y la sombra.
Cuadros como Chica en blanco, El dormitorio de atrás o La modelo dan cuenta de una representación novedosa del cuerpo femenino, provinciano y de clase trabajadora, en contraste con la pintura académica de la época. Su enfoque meticuloso para retratar a las mujeres no se limita a la representación idealizada, Procter abraza la diversidad y la autenticidad. Además, su habilidad para fusionar la técnica artística con la exploración emocional revela una artista que no solo pinta con pinceles, sino con el corazón y la mente
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En Mañana (óleo sobre tela, 7, 62 m × 15, 24 m), su obra más lograda, vemos una joven reclinada en la cama bajo el sol de las primeras horas del día. La cálida luz y la mano en torno al vientre sugieren el despertar sexual de la modelo, a la vez que revelan una presencia física segura y una subjetividad singular. La figura sensual y carnosa, envuelta por sábanas blancas y un camisón tenue, transmite también la pálida frialdad de la escultura antigua. Procter adopta el formato horizontal extendido del panel cassone para representarla, y su énfasis en la solidez de la forma humana señala la influencia del pintor italiano Giotto, admirado por varios de sus contemporáneos.
La modelo del cuadro fue Cissie Barnes, la hija adolescente de un pescador de Newlyn, a quien Procter también tomó para otros de sus cuadros. En ella percibimos la cotidianidad, no se trata en absoluto de una heroína mítica, aunque la disposición de la figura nos recuerde a sus antepasados renacentistas y clásicos. Procter realizó dos versiones del cuadro. Una pertenece a la Tate Gallery, comprada para la nación por el Daily Mail tras ser votada “cuadro del año” en la exposición de verano de la Royal Academy de 1927. Una versión más pequeña, Temprana mañana, se encuentra en el Royal Pavilion and Museums de Brighton y Hove.
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Tras la prematura muerte de su marido en 1935, el estilo pictórico de Dod cambió por completo. Obras como El huerto, Sheila entre los helechos y Cocina en Myrtle Cottage muestran el meticuloso acabado y la iluminación de su obra anterior, pero sin las líneas duras ni los cuerpos de color sólidamente delineados de sus trabajos previos. En los años siguientes la pintora viajó mucho a Tenerife, las Antillas y África, donde realizó numerosos retratos de niños que luego serían considerados a la luz de las sensibilidades poscoloniales.
La notoriedad de sus desnudos ha tendido a ocultar la importancia de otra gran preocupación de Dod: la pintura de naturalezas muertas. Inspirándose en la flora de su casa de Newlyn y alrededores, la artista ha pintado exquisitos estudios florales. Su gran ambición era tener una gran retrospectiva de la Royal Academy, pero hacia mitad de siglo la moda artística había cambiado y la obra de Dod Procter estaba en desuso. Recién en los últimos años la atención de la crítica se centra de nuevo en su obra.
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