La bella y centenaria sala del Teatro Infanta Isabel de Madrid, ubicada a metros de la sede del Tribunal Supremo y el Palacio de Buenavista, lució con aforo completo este miércoles por la noche para la primera función de Escenas de la vida conyugal, la obra basada en la famosa película de Ingmar Bergman que en versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino protagonizan Ricardo Darín y Andrea Pietra, bajo la dirección de Norma Aleandro.
Por espacio de dos semanas y con localidades agotadas, este verdadero seleccionado teatral argentino luce eficiente y emocional, puesto al servicio de los picantes diálogos y juegos mentales que propone el texto del director sueco y que, por efecto mismo del tinte dramático que adquiere la obra durante su desarrollo, pasa de cierta liviandad cotidiana (con las risas cómplices del público) en sus primeras escenas a un abrumador peso específico (acompañado de un espeso silencio de los mismos espectadores), a medida que esta crónica de un fracaso matrimonial cobra densidad dramática.

La ovación del final premió la performance de Pietra y Darín, sobrios, sueltos y sabiamente ajustados en sus interpretaciones de Mariana y Juan, la pareja con dos hijas y varias décadas en común que intenta sobrellevar una asfixiante rutina de familia, compromisos sociales y costumbres de convivencia. Todo comienza con eso que bien al principio de la obra se compara con la metáfora de “barrer la basura bajo la alfombra”. La progresión dramática de las palabras-dardos que se arrojan, con el correr de los diálogos -llenos de guiños cómplices para cualquiera de las parejas que asistieron a la función- se nota, conducirá al derrumbe de un proyecto de vida en común.
El tono sombrío que invade la trama a medida que transcurre, no pierde nunca un humor filoso, nada indulgente y casi siempre certero para expresar reflexiones, sentimientos y generar reacciones, del amor al odio. Este hombre y esta mujer que atraviesan altos y bajos de, como dice ella en un momento de la obra, un matrimonio “laaargo” (así estirado) y “feliz” (dicho así, bien rápido, como retruca él), parecen necesitarse aunque más no sea como oposición. Y aún en esos momentos, hay lugar para la risa amarga, incluso nerviosa, que ellos mismos generan. Un público atento y devoto, repartido entre españoles y unos cuantos argentinos, así lo vivió en todo momento.

Escenas de la vida conyugal aborda temas universales como el amor, la condición humana y las relaciones de pareja con una efectiva dualidad en su tono, de lo divertido a lo dramático sin escalas. En ese tránsito nada sencillo, se describe la complejidad de una relación (ajustada al lugar común de “cada pareja es un mundo” que a veces suele repetirse como latiguillo de conversación al respecto). Andrea Pietra se muestra efectivamente expresiva en la complejidad de su personaje y Ricardo Darín -motivo de por sí convocante para el público español- luce a la altura de las expectativas puestas bajo su nombre y apellido. Suyas son algunas de las respuestas más festejadas, en medio de picantes contrapuntos que no hacen más que confirmar la química de la pareja protagónica.
La obra de Bergman en esta versión “argentina” ya suma una década de puestas en escena, con presentaciones en Argentina, Uruguay, Chcile, Perú y un largo y celebrado recorrido por toda la geografía española. Más de 800.000 espectadores a lo largo de más de 600 funciones confirman su estatus de clásico moderno del teatro en español. Esta temporada en el invierno ibérico así lo confirma: una semana en Valladolid, dos semanas en Valencia y Barcelona, y ahora esta mini temporada en Madrid, siempre a sala llena, ratifican el poder de convocatoria de su elenco.

En este punto de la crónica, es necesario mencionar la enorme popularidad que ostenta Ricardo Darín y el magnetismo que genera su figura en España. Y en particular, lo que produce al presentarse en el “íntimo” ámbito teatral -siendo su notable filmografía, tal vez, la clave de su éxito masivo en el mundo de habla hispana y más allá-. La siempre mencionada “magia” del teatro cobra sentido aquí, cuando el hombre encantador de multitudes por sus personajes en Nueve reinas, El hijo de la madre, La cordillera, El secreto de sus ojos y Argentina, 1985 (por citar algunas de sus más recordadas actuaciones), se corporiza sobre un escenario, a metros del público.

El hombre, hay que decirlo, se muestra en perfecta forma y largamente a la altura de la expectativa que despierta su nombre y apellido, una marca registrada de la cultura popular iberoamericana de las últimas cuatro décadas. Para alimentar la leyenda y durante las próximas dos semanas, Ricardo Darín estará ahí, sobre el escenario del Teatro Infanta Isabel de Madrid. El público, agradecido.
[Fotos: prensa Teatro Infanta Isabel]
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