La belleza del día: “El crítico de arte”, de Héctor Giuffré

En tiempos de incertidumbre y angustia, nada mejor que poder disfrutar de imágenes hermosas

“El crítico de arte” (1977, obra perdida) de Héctor Giuffré
“El crítico de arte” (1977, obra perdida) de Héctor Giuffré

A una temprana edad, a los treinta y pocos años, Héctor Giuffré comenzó a elaborar una serie conceptual que reflexiona sobre la propia práctica artística y, por consiguiente, expone su visión sobre el mundo del arte. Sumergido en el realismo y en el retrato, pintó a un galerista, a un coleccionista, a un crítico, a un mecenas, a un pintor y a una modelo. Son escenas cotidianas y a la vez minimalistas llenas de significación. Los retratados son, efectivamente, lo que el título de la obra dice.

El crítico de arte es Rafael Squirru, fundador del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires en 1956 y Director de Relaciones Culturales de la Cancillería durante el gobierno de Arturo Frondizi. En ese momento era un actor central del campo artístico Y por eso a Giuffré le interesaba retratarlo así: sentado de piernas cruzadas en un señorial sillón de pana verde, actitud relajada, incluso soberbia, con un bastón en la mano derecha.

“El pintor y la modelo” (1981, colección particular)
“El pintor y la modelo” (1981, colección particular)

Pintado en 1977 con colores suaves y un interés notable en las luces y en las sombras, El crítico de arte es un óleo sobre tela de 200 centímetros de ancho por 200 de alto. Posee, además, dos elementos llamativos. Uno: en el ángulo inferior derecho hay un cráneo humano, iconografía de la vanitas, el memento mori, recordatorio de la fugacidad de la vida e inevitabilidad de la muerte. Dos: en el extremo opuesto está el busto del propio Squirru, como si fuera un prócer.

Reflexionó la investigadora Gabriela Naso: “La presencia de este eje calavera-busto que atraviesa al retratado nos permite dilucidar sus conflictos internos. Frente a frente con la hoja en blanco, el crítico se dirime entre el reconocimiento académico -su visión ideal de sí mismo- y el éxito comercial, necesario para ganarse el sustento diario. Entre el mundo impoluto de las ideas, y el de la vida terrenal, insoportablemente cotidiana, inevitablemente efímera.

“El pintor y la modelo” (1982, colección particular)
“El pintor y la modelo” (1982, colección particular)

Cuatro obras de esta serie, incluido El crítico de arte, fueron enviadas por Giuffré a la X Bienal de París, en 1977. El año anterior había comenzado la dictadura militar, que culminaría recién en 1983. Todo fue coordinado de manera extraoficial por Angel Kalemberg, representante para América Latina y director del Museo de Bellas Artes de Montevideo. Pese a la oposición del gobierno militar, las obras se enviaron gracias al apoyo del Museo Nacional de Bellas Artes.

En una entrevista de 2014, describió a tres de sus personajes representados de este modo: “el ‘marchand a tableaux’ negociando la carne del artista, el ‘crítico de arte’ dubitativo entre el papel en blanco y la imagen de su propia gloria, el ‘mecenas’ tratando de crecer y fructificar en un medio opresivo e inadecuado para su rol”. ¿Dónde están estas obras hoy? ¿Dónde está nuestra belleza del día, El crítico de arte, ahora?

“El mecenas (Retrato de Marcos Curi)” (1977, obra perdida)
“El mecenas (Retrato de Marcos Curi)” (1977, obra perdida)

Al regresar de la Bienal de París, los cajones con las obras embaladas pasaron por Ezeiza. Como eran envíos de representación nacional, lo normal era que sean remitidos por valija diplomática, pero no fue así y, al momento de su llegada, en vez de pasar por la aduana, las obras fueron trasladadas al sector militar del aeropuerto. Nunca fue esclarecido si se perdieron o se robaron. Lo cierto es que desaparecieron.

A mediados de los ochenta, Héctor Giuffré se instaló en Chicago y en aquella ciudad del norte americano, más de tres décadas después, murió. Fue el 26 de septiembre de 2018. La historiadora del arte y curadora María José Herrera lo definió como “una mirada atenta, comprometida con su tiempo y que, como un Ingres criollo, no dudaba en evidenciar en las pequeñas inflexiones gestuales de sus retratados, la avaricia, la ambición o el desdén”.

“Autorretrato neoplatónico” (1979, colección particular)
“Autorretrato neoplatónico” (1979, colección particular)

“A lo largo de mi trayectoria he rehusado todo oportunismo y me he concentrado en unos pocos problemas estéticos relacionados con la identidad entre pintura y conciencia”, dijo el propio Giuffré en una entrevista. Esa era su verdadera preocupación, el realismo, al que definía como “una manera de referirse a las relaciones que el pintor, en cuanto sujeto, establece con ‘lo real’ en cuanto objeto”. Eso pensaba este artista cuando trabaja en el lienzo. Lo demás es pura interpretación.


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