
Tras el error de atribuir la autoría de una obra a una mujer cuando en realidad había sido pintada por un varón, la exposición Invitadas, que inauguró hace poco tiempo en el Museo del Prado con el objetivo de mostrar “un recorrido por la situación de la mujer en el sistema del arte español” -según la institución-, sigue despertando críticas porque “devalúa a las mujeres del siglo XIX y principios del XX” y porque fue pensada “sin dar espacio a la voz colectiva”, según dos asociaciones de estudios con perspectiva de género.
Lo que ocurrió ahora es que dos asociaciones de estudios de artes de España, la Red de Investigación en Arte y Feminismos y el Observatorio de Mujeres en las Artes Visuales (MAV), hicieron pública sus críticas a la muestra Invitadas. Fragmentos sobre mujeres ideología y artes plásticas en España (1833-1931) porque sostienen que bajo el eslogan de reparación comete varias omisiones y pocas reflexiones. La crítica, que subyace en ambas cartas reproducidas por medios internacionales como ABC España, pone en tela de juicio la falta de investigación y perspectiva de género: ya desde el título, Invitadas, la confusión está a la vista.
Si bien la muestra fue presentada por el director del Prado como “la apuesta más ambiciosa del Museo del Prado hasta la fecha por dar visibilidad a las mujeres tanto en su condición de artífices, artistas, como de sujeto de la pintura”, para la Red de Investigación en Arte y Feminismos “la misoginia decimonónica sigue proyectándose sobre las piezas de estas artistas bajo el pretexto de su recreación histórica”, señala la misiva que enviaron al ministro de Cultura y las ministras de Educación e Igualdad.

Allí se explica que la puesta en valor de artistas mujeres es algo que se viene haciendo en museos como la National Gallery de Londres o la Alte Nationalgalerie de Berlín, sin embargo en ninguna de esas instituciones “se ha condicionado su redescubrimiento bajo la mirada patriarcal y misógina del siglo XIX” ya que se realizaron “investigaciones en profundidad e incluso adquisición de obras, mientras el Museo del Prado se ha limitado a la mera restauración de piezas de su colección sin plantear la resignificación y actualización de la calidad de estas artistas”.
En opinión de esa red, la exposición del Prado “devalúa a las artistas mujeres del siglo XIX y principios del siglo XX y también su producción, tanto cuantitativa como cualitativamente. Sus obras protagonizan solo las últimas siete de diecisiete secciones de la exposición, reuniendo en total 36 pintoras, 1 escultora y 1 fotógrafa. Probadas investigaciones han demostrado que durante este periodo en España existieron centenares, si no miles, de artistas plásticas y decenas de fotógrafas”.
En este sentido, la carta abierta denuncia que el Prado “no ha realizado declaración ni ha manifestado su compromiso con el arte realizado por mujeres, limitándose a señalar que el punto de vista de la exposición no es del Prado, sino del siglo XIX. Esta exposición no ha entendido a aquellas ciudadanas del siglo XIX y principios del XX como artistas, sino como mujeres, y lo hace sirviéndose de una abstracción que evidencia la ideología que rezuma el proyecto”.

Por último señala que “esta torpe y grave distorsión de la realidad histórica del siglo XIX supone un mensaje engañoso para nuestra sociedad en el siglo XXI” porque “respalda las desigualdades existentes todavía hoy en nuestro sistema artístico”, por lo que concluye que la muestra es “una oportunidad perdida, que desafortunadamente va a suponer un tapón para futuros proyectos de interés que cubran esta vergonzosa laguna de nuestra historia”.
Por su parte, en un comunicado difundido en sus redes, el Observatorio de Mujeres en las Artes Visuales de España advierte que “si con esta exposición el museo pretende abrir una nueva forma de hacer y de contar la situación de las mujeres en el siglo XIX y la connivencia del poder y del sistema del arte en ese proceso que se presenta con crudeza en la exposición, debería haber prestado más atención al título y a la imagen de comunicación de la muestra”.
“Si desde el museo no se crean espacios de escucha para aprender junto a las expertas e investigadoras del arte con conocimientos de género, si se quiere leer la historia desde la mirada individual, sin dar espacio a la voz colectiva de las verdaderas protagonistas que somos las mujeres, si no se prima el relato claro, si no se escuchan las críticas, si desde el museo se tilda de activistas y militantes pero poco informadas y se las descalifica públicamente, entonces estamos ante un mal endémico”, sostiene el observatorio.
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