La primera relación de Jenifer Muñoz con el baloncesto no comenzó con una pelota en las manos ni con el sueño de convertirse en profesional. De hecho, cuando era niña, prefería estar lejos de la cancha. Mientras su mamá entrenaba, ella encontraba más diversión en los juegos del parque, especialmente en un columpio que terminó siendo parte de una historia que años después tendría como protagonista a una de las referentes del baloncesto femenino colombiano.
“Mi mamá es la responsable de hacerme basquetbolista, de encaminarme al baloncesto”, contó Jenifer en entrevista con Brayan Arboleda.

Su mamá comenzó a jugar baloncesto cuando era joven, pero lo hacía en un grupo donde todos eran hombres. “Mi mamá era la única mujer”, recordó Jenifer. Esa experiencia hizo que ella quisiera acercar a su hija a la cancha, aunque al principio la tarea no fue sencilla. “Ella me decía: vamos a entrenar y yo no quería”, relató la jugadora colombiana. La distancia tampoco ayudaba: tenían que caminar aproximadamente 45 minutos para llegar al lugar donde entrenaban. Pero su mamá encontró una forma de convencerla. “Me decía: yo te invito un heladito después”, recuerda entre risas.
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Durante las primeras semanas, Jenifer no estaba interesada en convertirse en basquetbolista. Su mamá incluso buscaba alternativas para que la acompañara: “Me decía que cogiera un balón de fútbol y me fuera a los columpios”. La cancha estaba cerca, pero la pasión todavía no aparecía.
Hasta que llegó el sexto fin de semana.

El día que todo cambió
“Le dije que me dejara jugar con ella y ahí rodó todo normal”, contó Jenifer. Ese día algo cambió. La niña que iba obligada comenzó a encontrarle sentido al juego y poco a poco la situación se transformó: “Ya cada fin de semana yo quería ir a entrenar”.
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La oportunidad que confirmó su talento apareció poco después. Su mamá participó en un torneo y Jenifer fue a acompañarla. Llegaron a la cancha y encontró un escenario diferente al que imaginaba. “Llegamos y estaban todas las señoras menos una. Ahí me dijeron que jugara y fui la sensación ese día”, recordó.
Su desempeño llamó la atención inmediatamente. Un hombre se acercó y le ofreció entrenarla, pero había una dificultad: pagar un proceso de formación no era una opción sencilla para su familia.

Ahí apareció Juan Fernando Castro, quien decidió apoyarla. “No tenía para pagarme un entrenamiento, pero con Juan Fernando llegamos a un acuerdo súper chévere: totalmente gratis”, explica Jenifer.
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Ese respaldo fue determinante para que comenzara una etapa de crecimiento. Entró a competir en categorías más avanzadas y empezó a enfrentarse a jugadoras mayores que ella. “Cuando ya en mis categorías eran muy avanzadas, me ponía a jugar con las grandes”, recordó. La experiencia le permitió ganar torneos, adquirir confianza y empezar a llamar la atención de entrenadores. “Siempre quedé de mejor jugadora”, asegura sobre esos primeros campeonatos en los que empezó a destacarse.
Colombia no participará en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028
A los 17 años llegó a la Selección Colombia, cumpliendo un sueño que parecía lejano cuando apenas acompañaba a su mamá a entrenar. Desde entonces, Jenifer se convirtió en una pieza importante del combinado nacional y ha participado en torneos internacionales de FIBA, incluido el Preclasificatorio Olímpico femenino. En la edición de 2023 fue una de las jugadoras destacadas de Colombia, con 15,7 puntos por partido en ese torneo.
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Sin embargo, el camino hacia el alto rendimiento también tuvo aprendizajes. Jenifer reconoce que uno de los cambios más grandes fue mental. “Lo más difícil fue pasar de ser desordenada en la cancha a tener orden”, explica. Pasó de jugar por diversión a entender que representar a un país exigía disciplina, estrategia y responsabilidad.
Ahora, después de años de sacrificios, su objetivo tiene un nombre: Los Ángeles 2028. La clasificación olímpica del baloncesto femenino tiene varias etapas y Colombia buscaba avanzar en el camino mediante los torneos organizados por FIBA rumbo a la cita olímpica.
Pero ese sueño quedó en medio de una polémica luego de denuncias sobre la ausencia de Colombia en un proceso clasificatorio y cuestionamientos hacia la Federación Colombiana de Baloncesto por la gestión del camino olímpico.
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Para Jenifer, la historia no se trata solamente de un torneo o una clasificación. Se trata de recordar todo lo que hubo antes: las caminatas de 45 minutos, los helados prometidos por su mamá, los días jugando en un parque mientras otros entrenaban y ese momento en que decidió cambiar el columpio por una cancha.
La niña que al principio no quería jugar baloncesto hoy pelea por representar a Colombia en los Juegos Olímpicos. Una historia que comenzó con la insistencia de una madre y que todavía busca escribir su capítulo más importante.
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