
Detrás de una cámara, una conexión a internet y un nombre que no siempre es el propio, miles de personas encuentran en el modelaje webcam una fuente de ingresos. Para muchas modelos en Colombia, esa actividad ocurre bajo un seudónimo, lejos de familiares, parejas, vecinos y círculos laborales.
La reserva sobre su identidad responde al estigma que todavía rodea al contenido para adultos, pero también a un riesgo que varias trabajadoras describen: que clientes o personas vinculadas a estudios usen sus imágenes, sus datos o la amenaza de hacer público su trabajo como una forma de presión.
PUBLICIDAD
Este especial de Infobae Colombia reconstruye, a partir de testimonios anónimos, situaciones de abusos, amenazas, exigencias y violencias que algunas modelos webcam aseguran haber enfrentado en su trabajo. Los nombres fueron modificados y se omitirán datos que puedan facilitar su identificación. Algunas entrevistadas transmiten con alteregos y mantienen esa actividad en la esfera privada. La decisión de preservar sus identidades busca evitar que los relatos les generen nuevas represalias o expongan contenido íntimo sin su autorización.
El punto de partida es una industria que opera en Colombia desde hace años y que reúne modalidades muy distintas. Hay modelos que trabajan por cuenta propia desde sus hogares y manejan sus perfiles, horarios, cobros y contenidos. Otras dependen de estudios que ofrecen computadores, cámaras, cabinas, conexión a internet, asesoría técnica y acceso a plataformas internacionales. Esa infraestructura puede convertirse, según las circunstancias de cada caso, en una relación de subordinación: el estudio fija turnos, administra cuentas, determina porcentajes de pago, controla las transmisiones y establece sanciones.
PUBLICIDAD
Para el abogado laboralista David Hernando Barbosa Ramírez, profesor titular de la Universidad del Rosario y coordinador del área de Derecho Laboral y de la Seguridad Social de esa institución, el modelaje webcam es una actividad lícita en Colombia, aunque carece de una regulación específica que defina de manera integral las obligaciones de los estudios y los derechos de quienes transmiten.
“Estamos en un sector que se denomina entretenimiento para adultos”, explicó Barbosa Ramírez a Infobae . “Es una actividad lícita, entre otras razones porque el artículo 25 de la Constitución Política protege el derecho al trabajo en todas sus modalidades. Lo único que se exige es que se ejerza libremente”.
PUBLICIDAD
La ausencia de una norma especial no equivale a un vacío total de protección. La Corte Constitucional abordó el tema en la Sentencia T-109 de 2021, un fallo en el que reconoció derechos laborales a una modelo webcam embarazada que había sido desvinculada de un estudio. El tribunal concluyó que una relación presentada formalmente como comercial podía ser, en la práctica, un contrato de trabajo si se comprobaban tres elementos: la prestación personal del servicio, la subordinación y la remuneración.
En ese caso, la modelo transmitía desde las instalaciones del estudio, cumplía jornadas preestablecidas y utilizaba los equipos del propietario. La Corte señaló que la falta de una regulación específica no permite que las empresas del sector ignoren la Constitución, las normas laborales o las garantías de seguridad social. El fallo también exhortó al Congreso y al Ministerio del Trabajo a regular la actividad.
PUBLICIDAD
Barbosa Ramírez explicó que el análisis depende de la forma en que cada modelo ejerce el trabajo. “Están las que son totalmente autónomas”, señaló, en referencia a quienes cuentan con equipos propios, manejan sus plataformas y asumen directamente su operación. También mencionó a las modelos que usan infraestructura tecnológica de terceros y a quienes asisten a establecimientos para transmitir. En estas últimas situaciones, dijo, puede haber mayores elementos para discutir la existencia de un vínculo laboral.
“En las que van a los sitios donde hay unos establecimientos, donde ellas van, claramente hay una regulación que las cobija mucho más en la figura de contrato de trabajo”, afirmó el experto.
PUBLICIDAD

Esa distinción adquiere relevancia frente a los relatos recogidos por Infobae Colombia. Las denuncias no se limitan a desacuerdos sobre porcentajes o condiciones de pago. Algunas modelos describen presiones para cumplir pedidos de clientes, imposiciones sobre el contenido que deben realizar, amenazas relacionadas con la difusión de sus transmisiones y temor a perder las cuentas que les permiten generar ingresos.
El control de una cuenta puede representar mucho más que una contraseña. Allí quedan seguidores, historial de transmisiones, reputación dentro de las plataformas y una fuente de dinero que, para algunas trabajadoras, resulta difícil de reemplazar. Perder ese perfil puede significar empezar de cero. Esa dependencia deja a algunas modelos en una posición menor frente a estudios, monitores o clientes que conocen el valor económico y personal de su identidad digital.
PUBLICIDAD
Salir de un estudio para recuperar el control
María, nombre ficticio para proteger su identidad, dejó los estudios y comenzó a transmitir de forma independiente a mediados del 2026. Esa decisión, explicó, fue su principal estrategia para fijar límites frente a condiciones que consideró abusivas. “Cambiarme de trabajo, de estudio, de lugar de trabajo, para poder empezar desde cero”, dijo.
Su experiencia en dos establecimientos estuvo marcada, según su relato, por presiones laborales, jornadas extensas y problemas con las herramientas que necesitaba para transmitir. En el primero, un espacio que describió como un “estudio de garaje”, aseguró que el propietario le hizo propuestas personales y sexuales que rechazó. Después, afirmó, comenzó a retirar elementos de la habitación desde donde ella trabajaba.
PUBLICIDAD
“Prácticamente puedo decir que lo único que me faltaba era que me dejara transmitiendo en el suelo”, contó María. Según relató, el dueño retiró un cojín, una almohada y un estante. También aseguró que, durante sesiones privadas que duraban una o dos horas, no activaban el ventilador ni el aire acondicionado. “Yo sudaba como loca mientras cumplía mi turno completo”, relató.
El primer estudio le suministraba una habitación, una pantalla, una cámara y un computador que María calificó como antiguo. Para ella, el problema no se reducía a la calidad de los equipos. Dijo que, después de rechazar la propuesta del propietario, comenzó a sentir que las condiciones se deterioraban pese a que era una de las modelos que más ingresos generaba.
PUBLICIDAD
No hubo una advertencia escrita ni una sanción formal, según su relato. La presión apareció en elementos cotidianos: muebles que desaparecían de la habitación, ausencia de ventilación durante las transmisiones y un espacio que, poco a poco, dejaba de ser adecuado para trabajar. “Eso fue ya psicológicamente me estaba afectando”, explicó.
En el segundo estudio, las exigencias se centraron en extender los turnos. “Me exigían hasta más de doce horas laborales. Realmente, más de doce horas llegué a transmitir y siempre querían más y más y más”, dijo a Infobae Colombia.
María también sostuvo que usaban cuentas de otras habitaciones para abrir sus transmisiones, pese a que ella tenía una propia, y que le asignaban equipos viejos. Esa situación le generaba preocupación porque el perfil de una modelo puede concentrar audiencias, historial de actividad y posibilidades de ingreso a medida que van creciendo. Una cuenta manejada por el estudio o compartida con otras personas reduce el control de quien aparece frente a la cámara.
“Me cansé de pelear porque pienso que la vida no se la pasa uno peleando en un área de trabajo”, explicó sobre la decisión de independizarse. Trabajar desde fuera de un estudio le permitió controlar su espacio, sus dispositivos y sus tiempos de transmisión. Sin embargo, la independencia no eliminó los riesgos asociados al contacto con usuarios.
El temor a bloquear a quien representa un ingreso
María relató que actualmente enfrenta el acoso de un usuario colombiano que le envía de manera insistente su número de teléfono y fotografías personales. Ha pensado en bloquearlo, pero teme recibir una mala calificación y perder la cuenta y tokens de otros usuarios. En las plataformas de este tipo, los tokens son fichas digitales que los usuarios compran para pagar contenidos, servicios o interacciones.
El usuario, según contó, insiste en enviarle datos personales y fotografías. El hecho de que esté en Colombia aumenta su preocupación. María no relató que hubiera divulgado contenido suyo ni que hubiera ejecutado una amenaza directa, pero aseguró que su presencia persistente le genera desconfianza. “Tiene como un perfil como de delincuente”, sostuvo.
La plataforma bloqueó al usuario cuando María informó la situación. “Ellos de una vez bloquean al usuario, aunque no siempre nos apoyan por miedo a perder un ‘buen’ usuario”, dijo. Sin embargo, señaló que las sanciones pueden resultar insuficientes cuando una persona abre una nueva cuenta con otro nombre o con datos distintos.
“Los usuarios nuevamente abren otra cuenta con otro nombre, buscan otros datos y vuelven y abren cuentas”, afirmó. Según su relato, uno de los que ha bloqueado reapareció recientemente con un perfil nuevo, pese a que le había contado que la plataforma le impidió incluso recargar tokens, lo que generó preocupación por las represalias que podría tomar.
Sobre el papel que cumplen los estudios para proteger la integridad de sus modelos, María fue crítica. “A los estudios lo único que les interesa es que la modelo produzca. Ellos aparentemente ofrecen apoyo, pero todo es superficial a conveniencia de ellos”, sostuvo.
Para el experto de la Universidad del Rosario, David Barbosa Ramírez, aun cuando exista una relación laboral, las órdenes de un estudio tienen límites. “Nunca su subordinación jurídica puede llegar a afectar la dignidad de la trabajadora”, afirmó. Barbosa explicó que la subordinación no autoriza a vulnerar la integridad, la autonomía sexual o los derechos fundamentales de una modelo.
La necesidad económica y una actividad que permanece estigmatizada
Camila, otro nombre ficticio, entró al modelaje webcam mientras estudiaba y buscaba una forma de sostenerse económicamente. Su relato parte de una necesidad que, según dice, comparten muchas personas que llegan a la industria: la dificultad para conseguir empleo formal y un ingreso suficiente para pagar estudios, vivienda y gastos cotidianos.
“En Colombia es muy difícil conseguir trabajo. Y un trabajo estable o mínimamente bien pago es sumamente difícil”, afirmó a Infobae. “Yo necesitaba estudiar y trabajar para sostenerme, sostener mi carrera y sostener mi vida”.
Camila describió el modelaje webcam como una alternativa que asumió ante la falta de otras opciones laborales. “No es algo cómodo”, sostuvo. “Es la forma en que uno logra conseguir ciertas cosas, pero esto tiene mucho esfuerzo y peligro”.
La decisión de ingresar a esta actividad no implica, según explicó, que se renuncie a poner límites frente a clientes o estudios. Camila procura mantener una relación formal y distante con quienes interactúan con ella. “Yo trato de no ser amistosa. Trato de ser muy formal en mi trabajo para que, con la misma seriedad con la que yo los trato, me traten y tratar de poner límites”, explicó.
Esa estrategia tiene un alcance limitado. Camila considera que una modelo queda expuesta frente a una cámara y que, por esa razón, los márgenes para establecer reglas no siempre resultan claros. “Cuando se ponen con ciertas cosas que yo ya les dije que no, siguen con la insistencia”, dijo. Ante peticiones insistentes o solicitudes prohibidas por las reglas de las plataformas, opta por bloquear a los usuarios.
Camila aseguró que intenta bloquearlos por perfil y por documento de identificación, debido a que algunas plataformas exigen un registro para abrir una cuenta.
Sin embargo, advirtió que esa medida tampoco garantiza que la persona desaparezca de forma definitiva. Según explicó, los usuarios pueden intentar ingresar con otros documentos o adquirir cuentas falsas en Internet. “Es algo realmente muy complicado, siempre terminan regresando”, afirmó.
Un cliente la contactó fuera de las plataformas para amenazarla con reportar su cuenta y exponerla
Una modelo webcam en Colombia relató que un usuario la contactó por fuera de la plataforma y llegó a sus redes sociales personales después de un conflicto por un reembolso - crédito Juan David Botia / Infobae Colombia
Regina, nombre ficticio, tiene 25 años y trabaja como modelo webcam desde la pandemia. A diferencia de María, dice que no se arrepiente de haber ingresado a la industria. Considera que el trabajo le ha permitido resolver necesidades personales y económicas. Al mismo tiempo, advierte que la actividad expone a las modelos a una vulnerabilidad que se profundiza cuando los usuarios traspasan las fronteras de las plataformas.
“Es un buen trabajo y me ha ayudado con muchas cosas de mi vida”, explicó a Infobae Colombia. “Pero reconozco que tiende a poner en un espacio muy vulnerable a las personas, sobre todo a las modelos”.
Para Regina, el principal riesgo está en la combinación entre anonimato, sexualidad y acceso a información personal.
“Al estar sometidos a internet, al no saber con quién hablamos, muchas veces nos enfrentamos con la peor versión que tienen las personas”, afirmó. En su opinión, hay usuarios que aprovechan la distancia y la falta de contacto cara a cara para comportarse de formas que no asumirían en otros espacios. “Con su cara no se atreven a hacer muchas de las cosas que el anonimato les permite hacer en internet”, sostuvo.
La modelo aseguró que ha tomado medidas para separar su trabajo de su vida privada. Mantiene sus redes sociales restringidas, usa un número telefónico aparte para clientes y evita compartir información que pueda permitir su ubicación. También dijo que la expansión de herramientas de inteligencia artificial aumentó su preocupación por la posibilidad de que terceros rastreen imágenes o intenten vincular un rostro con otras cuentas personales.
“Realmente trato de mantener mi vida privada lo más privada posible (...) Este trabajo es riesgoso por las nuevas herramientas de inteligencia artificial, incluso hay páginas que permiten por el rostro facial ubicar las cuentas de las modelos en internet usando IA”, añadió.
Las precauciones no evitaron que un usuario lograra contactarla fuera de los espacios donde ella trabajaba. El episodio ocurrió durante el Mundial de fútbol, es decir en junio del 2026, cuando un cliente de Marruecos le solicitó una transmisión privada. Regina aseguró que el hombre pagó por el servicio, pero no ingresó porque coincidió con el inicio de un partido.
Ella le ofreció realizar la transmisión otro día porque su jornada laboral ya había terminado y al día siguiente no trabajaba. “Le dije: ‘Mira, ya terminé mi horario laboral, que son seis horas. Mañana no trabajo porque es domingo. Puedo hacerte el show el lunes’”, relató.

La respuesta, según Regina, fue inmediata y hostil. El cliente la acusó de querer quedarse con el dinero. Para evitar que la situación escalara, decidió hacer el reembolso. Aun así, dijo que comenzó a recibir insultos y amenazas. “Me empezó a insultar, me empezó a amenazar con que iba a enviar correos a las páginas para que cerraran mis cuentas”, contó. “Básicamente me sentí muy vulnerable porque es muy difícil imaginar que una persona en otro lado del mundo pueda llegar a tener la posibilidad de jugar con lo que pone un plato en la mesa en tu día a día”.
Después de devolver el dinero y bloquear al usuario, la situación continuó. Regina aseguró que el hombre la encontró por Telegram y luego buscó sus perfiles personales. “Me consiguió por redes sociales privadas, quiso filtrar mi contenido”, afirmó. “Son personas que realmente no tienen control y no saben tener límites”.
El relato de Regina describe un salto que preocupa a las modelos: el paso de la interacción dentro de una plataforma a la persecución por canales externos. En ese punto, bloquear una cuenta no evita que el contacto continúe desde aplicaciones de mensajería, perfiles nuevos o espacios personales que la modelo intenta mantener separados de su actividad laboral.
La entrevistada dijo que afrontó ese episodio como modelo independiente. Aun así, cuestionó la capacidad de las plataformas para proteger a quienes trabajan en ellas. “Las páginas no brindan apoyo en lo absoluto. Solamente nos permiten bloquear a los usuarios y ya”, sostuvo.
Según Regina, esa medida no resuelve el problema cuando un usuario puede crear una cuenta nueva. También considera que las plataformas privilegian al cliente por el dinero que este representa dentro del negocio. “Muchas veces terminan fallando a favor del usuario”, aseguró.
“Nosotros como modelos no tenemos un apoyo fehaciente que diga: ‘Te creemos, te escuchamos, qué proceso estás pasando’”, afirmó. “Una ayuda psicológica como tal, no, no tenemos nada...”, añadió.
Monitores, jornadas y un apoyo que no llega
La experiencia de Camila con los estudios también incluye un conflicto con un monitor, término con el que se identifica al personal encargado de acompañar o supervisar las transmisiones. Estos trabajadores pueden prestar apoyo técnico, orientar sobre el uso de plataformas o ayudar con la comunicación con clientes extranjeros. Sin embargo, esa función también puede concentrar poder sobre aspectos centrales de la actividad: el acceso a las cuentas, el tiempo de conexión, los contenidos y las decisiones durante una transmisión.
Camila afirmó que un compañero intentó restringirle actividades que los propietarios ya le habían autorizado y que el ambiente laboral se volvió difícil. “No he presentado ninguna situación de abuso sexual, pero sí un abuso de poder por parte de un compañero”, aseguró.
La persona ya no trabaja en el estudio, según explicó Camila, pero permaneció allí durante un tiempo prolongado. A su juicio, los hechos ameritaban una denuncia, aunque no confió en que su situación fuera tomada con seriedad por el tipo de actividad que realiza. “Dicen: ‘Eso le pasa porque está allá’. No toman en serio porque creen que esto no es un trabajo”, afirmó.
Para el profesor Barbosa Ramírez, la ausencia de una ley especial no significa que los estudios puedan definir libremente las reglas de vinculación o de pago. Si hay relación laboral, deben aplicarse las normas sobre salario, prestaciones, seguridad social, riesgos laborales y condiciones dignas de trabajo.
El experto diferenció las situaciones de quienes trabajan de manera independiente de las de quienes transmiten desde instalaciones controladas por un estudio. En estas últimas, explicó, la disponibilidad de equipos, horarios preestablecidos, reglas internas, vigilancia y participación del estudio en los pagos pueden ser elementos relevantes para determinar si existe subordinación.
“Son caminos que se complementan, no se excluyen”, señaló al hablar de las vías para reclamar. Dependiendo del caso, una modelo podría acudir al Ministerio del Trabajo, presentar una demanda laboral o promover una acción de tutela si existe una afectación urgente de derechos fundamentales. Una denuncia penal también puede ser procedente si los hechos configuran delitos como amenazas, extorsión, violencia sexual, acoso u otras conductas contempladas por la ley.
La crítica de Camila se dirige también a la respuesta de los estudios ante problemas emocionales o situaciones de angustia. Según relató, no hay psicólogos ni líneas de atención para las modelos. Cuando una trabajadora llora o muestra señales de malestar durante una transmisión, la intervención se limita, en algunos casos, a una conversación con el monitor para que retome el trabajo. “Ellos les dan como pañitos de agua tibia a la situación para que la modelo siga trabajando, le siga facturando y ya”, sostuvo.
María expresó una percepción parecida. Para ella, el interés de los estudios se concentra en la producción, mientras que el acompañamiento ofrecido puede ser superficial. Ninguna de las dos entrevistadas relató haber recibido apoyo psicológico profesional como parte de su trabajo en los estudios.
El consentimiento no es una autorización indefinida
Las experiencias de María, Camila y Regina abren otra discusión: hasta dónde llegan las instrucciones de un estudio y dónde comienzan los límites relacionados con la autonomía, la dignidad y el consentimiento de la modelo.
Barbosa Ramírez señaló que un empleador puede impartir órdenes sobre horarios, organización del trabajo o la manera de prestar un servicio. Sin embargo, esas instrucciones no pueden vulnerar la dignidad de la persona ni desconocer su voluntad frente a prácticas sexuales, escenas explícitas, uso de objetos o interacción con terceros.
El abogado sostuvo que el consentimiento para una práctica concreta debe ser libre e informado. También debe ser específico. “No se le puede obligar si esto atenta contra su dignidad”, afirmó.
Un contrato general o la aceptación de términos de una plataforma no autorizan cualquier solicitud posterior de un usuario, un monitor o un administrador de estudio. De acuerdo con el experto, las condiciones deben estar expresamente definidas y no pueden quedar abiertas a interpretaciones que expongan a la modelo a presiones o represalias.
El consentimiento, agregó, puede estar viciado si existe amenaza, engaño, error o fuerza. Además, debe poder revocarse. “La regla general en estos temas es que yo pueda revocar ese consentimiento que di”, señaló.
Para reducir los riesgos, Barbosa Ramírez consideró deseable que los estudios cuenten con contratos escritos, reglas claras sobre obligaciones y prohibiciones, listas de prácticas que no se permiten, protocolos de consentimiento y rutas internas para informar presiones o violencia. También mencionó la necesidad de mecanismos que permitan pausar o cortar una transmisión cuando una modelo se sienta agredida.

“Lo ideal es que esto esté claramente identificado, que esté muy bien documentado, para no dejar espacio para las interpretaciones”, dijo.
La falta de protocolos claros deja a las modelos ante decisiones que pueden afectar al mismo tiempo su integridad, su reputación digital y sus ingresos. Para Camila, los estudios cumplen un papel al facilitar computadores, cámaras y espacios para quienes no pueden costearlos. Aun así, cuestionó el modelo de intermediación cuando no ofrece garantías adicionales.
“Sé que para muchas es una gran ayuda poder trabajar con un estudio porque muchas ingresan sin computador, sin cámara, sin espacio”, reconoció. “Pero realmente los estudios, más allá de eso, no sirven para nada. Siento que a la larga le meten más problemas a la modelo”, añadió Camila.
Bloqueos sin rutas de protección y denuncias que no llegan
Camila reconoce que las plataformas bloquean usuarios, pero considera que esa respuesta no basta frente a comportamientos que podrían requerir contacto con autoridades. Propuso que las empresas establezcan canales de comunicación más directos con las entidades de cada país, sobre todo cuando los usuarios solicitan contenidos prohibidos o relacionados con violencia, explotación sexual de niñas, niños y adolescentes, zoofilia u otras conductas ilegales.
“Las plataformas no tienen una línea directa con las autoridades y lo único que hacen es bloquear a la persona y ya”, afirmó.
Su planteamiento surge de la percepción de que una expulsión de la plataforma no siempre impide que una persona continúe buscando a otras modelos o vuelva a ingresar con una cuenta distinta.
Ninguna de las tres entrevistadas conoce con precisión las rutas legales disponibles ante acoso, amenazas, extorsión o divulgación no consentida de contenido íntimo. María señaló que denunciaría “ante la ley”, pero no supo identificar una entidad o procedimiento. Cuando se le preguntó si confiaba en que las autoridades tomarían en serio un caso presentado por una modelo webcam, respondió: “Obviamente que no”.
Camila expresó una preocupación parecida. “Lo único que yo podría hacer, que yo sepa, es denunciar a una persona que me está acosando”, dijo. Sin embargo, teme que la denuncia pierda relevancia cuando deba explicar que conoció al agresor en una plataforma webcam y que trabaja con contenido para adultos.
“En cuanto yo mencione que esta persona la conocí en una plataforma de webcam, que yo soy modelo, que yo trabajo con mi cuerpo, van a dejar de prestar atención a la denuncia”, afirmó. “Realmente no hay algo que nos proteja”.
Regina también dijo desconocer los mecanismos legales que podrían activarse ante una amenaza o un caso de extorsión. “Como tal, que conozca algún mecanismo o algo que nos pueda proteger o blindar de alguna manera, no. a verdad desconozco”, afirmó.

Los testimonios recogidos por Infobae Colombia no permiten describir la realidad de toda la industria ni establecer responsabilidades sobre estudios o personas particulares. Sí muestran cómo algunas modelos perciben un escenario donde la falta de información jurídica, el estigma, la dependencia económica y el control de las cuentas pueden dificultar la denuncia de abusos.
La Sentencia T-109 de 2021 dejó claro que la ausencia de una regulación específica no excluye la aplicación de la Constitución ni de las normas laborales. Para las modelos que hablaron con este medio, la distancia entre ese principio y su experiencia cotidiana sigue marcada por el miedo a perder ingresos, a ser expuestas ante su entorno y a no encontrar una respuesta institucional cuando deciden pedir ayuda.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Más Noticias
Luis Fernando Velasco, implicado en el caso Ungrd, habló por primera vez sobre su proceso judicial y señaló fallas en su investigación: “Fui un chivo expiatorio”
El antiguo miembro del gabinete de Gustavo Petro cuestionó que las autoridades judiciales solo revisen contratos menores y desvíen la atención pública, dejando sin aclarar cuantiosos convenios pactados durante la administración de la entidad de emergencias

Reykon y J Balvin reviven dos décadas de reguetón colombiano en un emotivo encuentro en Bogotá: “Usted fue el que nos mostró por donde era”
Durante la segunda fecha de la gira 'No se te olvidó', el invitado inesperado recibió un homenaje de su colega, con recuerdos de sus shows escolares y una ovación del público. El llamado 'Niño de Medellín' interpretó algunos de sus éxitos con su colega

De lanzar botellas al respaldo de los hinchas: el tenso momento de Kevin Castaño en Brasil tras la eliminación del Atlético Mineiro
La hinchada del club finalista de la Copa Sudamericana considera al jugador colombiano el mejor mediocampista del plantel y criticó la sustitución del entrenador en la derrota ante Gremio

Políticos reaccionaron por amenaza de bomba en las instalaciones de Caracol Televisión en Bogotá: “Cero reconocimiento político”
Los pronunciamientos incluyeron reclamos por el orden público, llamados a proteger la libertad de prensa y críticas entre sectores enfrentados

El papa León XIV saludó a Colombia en medio de su gira por Sudamérica: Hasta le regalaron un obsequio en oro
Durante el trayecto, un reportero sorprendió al sumo pontífice entregándole una réplica dorada de una figura precolombina, recordando sus múltiples visitas a territorio cafetero antes de asumir el máximo cargo eclesiástico


