
El general en retiro José Luis Esparza, uno de los responsables del éxito de la Operación Jaque, que trajo de vuelta en julio de 2008 a la libertad a la excandidata presidencial Ingrid Betancourt, rechazó la idea de militarizar Bogotá como respuesta a la inseguridad y sostuvo que se debe reforzar la inteligencia, la investigación criminal y la judicialización.
El oficial, que acumuló 37 años de experiencia en el Ejército, afirmó en diálogo con Caracol Radio que el despliegue de tropas solo debe ocurrir ante crisis excepcionales, no como una medida ordinaria de seguridad ciudadana. “Es una última ratio, es la última medida. El soldado entra a apoyar cuando la crisis se desborda”, afirmó Esparza.
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La discusión, según el general, parte de una confusión sobre el papel de las Fuerzas Militares y en ese sentido consideró que la figura adecuada es la asistencia militar. A su vez cuestionó que dirigentes políticos propongan sacar soldados a las calles sin diferenciar entre quienes diseñan las políticas y los técnicos encargados de ejecutarlas.
“El soldado entra a apoyar cuando la crisis se desborda, pero bajo ninguna circunstancia entender que la medida populista es sacar tropas a las calles”, señaló el exuniformado, que insistió que el marco legal contempla esa intervención como una última medida y mencionó los artículos 17 y 18 del Código de Policía.
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La asistencia militar es un recurso excepcional
El excomandante advirtió que la presencia permanente de militares en zonas urbanas desnaturaliza la función de las Fuerzas Armadas, cuya formación está dirigida a la defensa del Estado y a tareas de seguridad nacional en regiones críticas del territorio nacional; no en las ciudades como Bogotá, que cuentan con efectivos policiales.
“El entrenamiento del soldado es para otra cosa dl entrenamiento del policía. Poner un soldado a pedir cédulas en un semáforo es un despropósito”, sostuvo al citado medio, pues a su juicio implicaría aplicar “estrategias de neutralización en barrios poblados”, cuando su capacidad está enfocada en afrontar ataques de alto impacto.
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En ese sentido, indicó que la utilización de tropas debe formar parte de una política de seguridad que determine dónde y cuándo se necesitan. “El uso de una fuerza militar es un elemento de una política de seguridad”, expresó el exalto oficial, al referirse a la necesidad de atender las regiones afectadas por el conflicto armado en Colombia.
El Ejército afronta, además, escasez de personal y de cuadros de mando en territorios donde actúan grupos armados. Por ello, Esparza sostuvo que enfrentar a un adversario que se mimetiza entre la población requiere mandos, recursos y personal capacitado, una tarea que difícilmente podrían cubrir soldados regulares con formación limitada.
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Del mismo modo, el general (r) cuestionó que se amplíen las responsabilidades militares hacia ámbitos como la atención de desastres mientras persisten necesidades operacionales en las zonas más golpeadas por el conflicto. Desde su perspectiva, esas tareas corresponden a entidades como la Defensa Civil y Bomberos.

El dilema de la inteligencia y justicia frente a la inseguridad urbana
La falta de policías y soldados no explica por sí sola la inseguridad de Bogotá, afirmó Esparza. El problema, planteó, es un “cuello de botella” que involucra la capacidad de la Fiscalía General de la Nación y de la Rama Judicial para investigar, procesar y sancionar a los responsables de delitos y con ello evitar la reincidencia en las conductas.
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“Realmente el problema viene a centrarse en la judicialización, la Fiscalía tiene que tener un despliegue completo”, dijo Esparza frente a este escenario que se registra en Bogotá. Las Fuerzas Militares podrían aportar inteligencia y la Policía desarrollar labores investigativas, pero “el fiscal es el que combate el nivel multicrimen en la calle”.
De esta forma, pidió aumentar la presencia de fiscales y jueces en las regiones críticas, en lugar de limitar el debate a la cantidad de uniformados desplegados. Y señaló las dificultades para trasladar funcionarios judiciales a zonas del sur del país, donde las condiciones de seguridad y trabajo son más complejas que en las grandes urbes.
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“Nos han vendido la idea de que Bogotá es insegura porque faltan policías y soldados. Con todo el respeto del señor alcalde, eso es un cuello de botella”, dijo Esparza. “Yo no sé en Colombia por qué siempre el debate es Policía, soldados, solución. Ey, ¿cuántos fiscales frente a soldados hay en las regiones críticas?”, agregó.
Esparza, incluso, comparó el uso de fuerzas militares en Europa con tareas de protección de infraestructura estratégica y recordó el programa Sentinel de Francia, que mantiene militares alrededor de la Torre Eiffel, aunque indicó que incluso allí existe discusión sobre el sentido de desplegar soldados en espacios con alta concentración de turistas.
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Colombia necesita un sistema de inteligencia con recursos y estabilidad
El exoficial sostuvo que el país requiere una reforma profunda de su sistema de inteligencia, articulada con la Fiscalía y protegida de los cambios políticos entre administraciones. Según explicó, los conflictos asimétricos exigen capacidades mayores porque las autoridades no siempre pueden identificar dónde se encuentra el adversario.
La inteligencia estatal requiere recursos, especialistas y carreras más extensas, e indicó que una trayectoria de 25 años en la fuerza pública puede resultar insuficiente para formar agentes experimentados, ya que un profesional de inteligencia alcanza su madurez cuando está próximo al retiro; un aspecto que generó diversas opiniones.

Esparza atribuyó parte de la desconfianza hacia esos organismos a antecedentes de tortura, persecución política e interceptaciones ilegales. Y consideró que una reforma debe resguardar los derechos individuales y democráticos, pero también responder a las formas actuales de multicriminalidad que, en su concepto, existen en Colombia.
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El general retirado señaló que los grupos ilegales también poseen capacidades de análisis y seguimiento y destacó cómo el ELN tiene “el sistema más importante de inteligencia” del país y que su estructura se apoya en ese trabajo para actuar y resguardarse frente al accionar de las estructuras al margen de la ley.
“Cualquier acción de un atraco callejero ha habido un estudio previo de las personas, de quiénes viven, de quiénes pueden neutralizar, dónde está la estación de policía”, enfatizó en su exposición. “A veces, lamentablemente, la inteligencia criminal supera la del Estado”, reconoció Esparza, que está dispuesto a aportar su experiencia.
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