
En una entrevista con el pódcast Más Allá del Silencio, una mujer identificada como Valentina Lizcano reconstruyó el camino que, según su relato, la llevó a la prostitución desde la adolescencia y a convertirse en una de las primeras mujeres que ofrecieron servicios sexuales en las calles del Parque Lleras, en Medellín.
En su testimonio recordó el abandono familiar, la explotación sexual que inició por parte de su abuela, su posterior camino a la migración, el consumo de drogas, los procesos judiciales y la prisión.
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Lizcano afirmó, en el diálogo con el periodista Rafael Poveda, que comenzó a recorrer el sector en octubre de 2009, después de identificar la presencia de turistas extranjeros durante una cena con un cliente. Antes había trabajado en una vivienda del Poblado, donde varias mujeres esperaban a quienes solicitaban servicios sexuales.
La entrevistada aseguró que, al principio, cobraba USD100 ($317.000 actualmente) por dos horas y podía atender entre dos y tres clientes por noche. Con conocimientos básicos de inglés, empezó a invitar a otras compañeras a caminar por los alrededores del parque, una dinámica que, con el paso del tiempo, se extendió.
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“Desafortunadamente, yo soy la pionera. Fui yo quien inventó la prostitución en el Parque Lleras”, confesó en el pódcast. Años después, dijo haber regresado a Provenza y haber encontrado que el número de mujeres en la zona había pasado de cuatro a decenas.
Lizcano expresó que entonces dimensionó el impacto de esa actividad en el entorno. “Lo hice por sobrevivir”, dijo al explicar que inicialmente había pensado titular su libro Sobreviviendo, antes de publicarlo como La puta niña.

La entrevistada relató que fue inducida a la actividad sexual por su abuela
Lizcano nació en Pereira en febrero de 1987 y contó que su madre la dejó al cuidado de familiares cuando tenía 3 años para irse a Ecuador. Según su relato, fue criada principalmente por su abuela, propietaria de un restaurante, y por su padre.
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A los 15 años, mientras trabajaba como mesera en el negocio familiar, su abuela habría advertido que algunos hombres se interesaban en ella. Lizcano afirmó que, ante las dificultades económicas del hogar, la mujer le enseñó a identificar a los sujetos con capacidad de pago y la presentó a comerciantes y ganaderos.
La entrevistada señaló que empezó a ver oportunidades de dinero, pero quiso perder su virginidad con un novio antes de empezar a tener encuentros remunerados: “Fue algo muy bonito de lo que tengo un muy buen recuerdo. Y a partir de eso sabía que tenía que empezar a traer comida, a traer dinero a mi casa, porque ya mi abuela estaba muy mayor”.
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Meses después de ejercer la actividad, la joven descubrió que sus vecinos ya sabían a qué se dedicaba, por lo que decidió contactar a su madre y viajar a Ecuador, país en el que su progenitora también vendía su cuerpo.
En Quito, Riobamba, Ibarra e Ipiales, Lizcano afirmó que trabajó con su madre en establecimientos nocturnos cuando aún era menor de edad: “Le decíamos a los clientes que éramos mamá e hija y ellos se excitaban”.
Más adelante tuvo un hijo: “Conozco al papá de mi primer hijo; era el dueño del cabaret. Nos vamos a vivir juntos, nos enamoramos, planeamos tener un hijo. Me demoro seis meses para quedar embarazada. Quedo embarazada. Él empieza a maltratarme físicamente. Me pegaba, me pegaba en el embarazo”.
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Su bebé nació y, al ver que la convivencia con su pareja no cambiaba, retomó el trabajo sexual, donde conoció a un hombre adinerado con el que contrajo matrimonio. Según contó, la relación estuvo atravesada por el consumo de drogas, fiestas sexuales y promesas de bienes materiales. Tras separarse, el hombre fue hallado muerto en Ecuador en junio de 2009.
Lizcano dijo que la familia de su exesposo la señaló a ella, a su madre y a otras personas por su muerte. Aseguró que gastó sus recursos en abogados y que, al quedarse sin dinero, huyó a Colombia con su hijo. Esas acusaciones derivaron años más tarde en su captura en Estados Unidos y posterior extradición.
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Antes y después de su extradición, el trabajo sexual siempre fue su salida
Después de salir de Ecuador, Lizcano llegó a Medellín, donde trabajó durante tres meses en el Parque Lleras: “Huí hacia Colombia, llegué a la ciudad de Medellín y empecé a hacer nuevamente lo único que sabía, que era prostituirme”.
Allí se reencontró con una de sus amigas, María Paz, con la que recorría las calles cuando tan solo era una niña: “Transcurría el Día del Amor y la Amistad y, por consejo de otra compañera, me dijo que no saliera, que la ciudad tenía como un ambiente pesado. Esa noche yo apago mi celular, me acuesto a dormir y al día siguiente me despierta una compañera de trabajo también, de prostitución, diciéndome que habían matado a María Paz. Me dijo que encontraron a María Paz ahogada con su propio calzón”.
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El temor tras ese hecho la llevó a Cartagena, donde trabajó en distintos cabarés y posteriormente en la zona de la Torre del Reloj, donde conoció al padre de su segunda hija, un estadounidense con el que se fue a Miami, donde era mesera, pero al ser un hombre que no tenía mucho dinero y luego de un accidente que tuvo su madre, volvió a ejercer la prostitución ante los gastos médicos.
La mujer empezó a bailar pole dance y a ver mucho dinero en encuentros cortos: “A mí mi abuela me enseñó a saber cuándo un hombre tiene dinero. Entonces, yo calculaba según el hombre cuánto dinero le podía cobrar.
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Inicialmente, le ocultó la verdad a su esposo, pero él empezó a sospechar: “Él lloró mucho, pero como era yo quien estaba sosteniendo la casa, él terminó por aceptar. Aunque cada noche lloraba, pero igual de ese mismo dinero comía él”.
Luego, la mujer conoció a un estadounidense muy adinerado, con el que se escapó a una isla junto a sus dos hijos, dejando atrás a su esposo, que empezó a buscarla y se enteró de que el amante de Valentina también era casado, así que viajaron a Los Cayos para enfrentarlos.
“Richard me dijo a mí que si yo no volvía con él en ese mismo momento, él iba a llamar a Interpol a decir que yo era una prófuga. Y la esposa de John le dijo que si él se separaba, decidía quedarse conmigo, ella se iba a quedar con todo su dinero. Llegué a pensarlo, pero por último decidí quedarme con John, así se me viniera el mundo encima. Y John decidió quedarse conmigo así perdiera todo su dinero”, aseguró.
La mujer fue encarcelada, pero mantuvo su vida llena de lujos
Pese a que huyeron en cruceros y vivían una vida de lujo, las autoridades la ubicaron. La mujer contó que fue detenida por agentes de Interpol en Miami en 2018, cumplió una pena de seis meses en prisiones estadounidenses y fue enviada a Ecuador. Allí pasó 11 meses recluida junto a su madre antes de que un tribunal las declarara inocentes.
Al salir, Jhon la esperaba con un carro de lujo y luego se mudó nuevamente a Medellín: “Empiezo a vivir en Provenza con mis hijos. Ellos ingresan a colegios particulares y el parque Lleras me queda a mí como el patio de mi casa, a tres cuadras. Empiezo yo a desayunar, almorzar o a comer en el parque Lleras. Y ¡oh! sorpresa mía, Rafa, que esas cuatro mujeres que empezamos o que empezaron conmigo o que yo las invité, ya no eran cuatro, ya eran docenas. 100, 120 mujeres. Me doy cuenta del daño que le causé al Poblado, el daño que le causé al Lleras; aunque yo no lo hice por mala, yo lo hice por sobrevivir”.
Aunque vivió con Jhon en Medellín y empezaron a visitar bares swingers alrededor del mundo, terminaron por separarse: “Empezamos a faltarnos el respeto. Mis hijos se enteraron de eso. Mis hijos le cogieron odio a él”. Pese a esto, el hombre aún le envía dinero para su sostenimiento.

El impacto en sus hijos
La entrevistada también habló de las consecuencias de sus decisiones en su familia. Dijo que su hija enfrentó episodios de acoso escolar y un intento de suicidio después de conocer aspectos de su vida privada. Actualmente, aseguró, la adolescente vive con una de sus tías.
“Mi niña a los 12 años se enteró de que John y yo éramos swingers. Yo soy bisexual. Mi hija se enteró. Lastimosamente, en un centro comercial me vieron cogida de la mano con una mujer, una compañera del colegio de ella. Le empezaron a hacer mucho bullying”, dijo, así que ahora prefiere que esté con su hermana.
Al reflexionar sobre su vida, Lizcano dejó una frase sobre lo que habría deseado y lo que se diría a ella misma en su versión joven: “Que estudie, que no venda su felicidad por un plato de lentejas y que no confíe tanto en las personas”.
Al final de la entrevista, al referirse a la precariedad que marcó su adolescencia, pidió a los adultos cuidar a niños y niñas para que no enfrenten situaciones similares: “No traigan hijos al mundo si no les van a tener un camino listo”.
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