El día en que Gabriel García Márquez se negó a coronar por segunda vez como Rey Vallenato a Náfer Durán, fallecido este martes 29 de septiembre

Durán desarrolló en el Cesar una trayectoria ligada a una dinastía musical y a composiciones propias presentadas en el Festival de la Leyenda Vallenata

El jurado integrado por Gabriel García Márquez declaró fuera de concurso a Náfer Durán en el Festival de la Leyenda Vallenata de 1983 - crédito Fundación Gabo
El jurado integrado por Gabriel García Márquez declaró fuera de concurso a Náfer Durán en el Festival de la Leyenda Vallenata de 1983 - crédito Fundación Gabo
Guardar

El acordeonero Náfer Durán, Rey Vallenato en 1976, murió este martes 29 de septiembre a los 93 años en Valledupar, Cesar, tras sufrir quebrantos de salud.

Su nombre quedó ligado a una decisión del Festival de la Leyenda Vallenata de 1983, cuando el jurado integrado por Gabriel García Márquez lo declaró fuera de concurso en vez de concederle una segunda corona profesional.

PUBLICIDAD

La distinción recayó mientras Julio César Rojas Buendía recibió el título de Rey Vallenato. Además de García Márquez, el jurado estuvo compuesto por Enrique Santos Calderón, Rafael Rivas Posada, Miguel López Gutiérrez y Leandro Díaz.

Durán sostuvo durante años que aquella decisión encubrió su victoria. “García Márquez no quiso que yo fuera rey por segunda vez y le dio la corona a Julio Rojas porque eran muy amigos, a mí me declaró fuera de concurso para disimular un poco ante el público, pero todo el mundo sabe que yo gané ese festival”, recordó sobre aquella noche, según citó el diario El Pilón.

PUBLICIDAD

La declaración de un “fuera de serie” en 1983

El acordeonero Náfer Durán, coronado Rey Vallenato en 1976, falleció a los 93 años en la ciudad de Valledupar - crédito Colprensa
El acordeonero Náfer Durán, coronado Rey Vallenato en 1976, falleció a los 93 años en la ciudad de Valledupar - crédito Colprensa

El músico había vuelto al certamen con la intención de recuperar el máximo galardón que ya había obtenido siete años antes. En vez de competir hasta el final, fue apartado de la disputa bajo una categoría especial.

Según la explicación que recibió de Gabriel García Márquez, ser declarado fuera de concurso no equivalía a una derrota. El Nobel de Literatura le dijo que era un “fuera de serie”, una condición que lo ubicaba por encima de los demás participantes.

Los aplausos en la plaza Alfonso López acompañaron la presentación de Durán, cuyo acordeón sonó ante el público con la fuerza de un intérprete formado en el campo. Con el tiempo, la amargura inicial por aquella decisión cedió lugar al recuerdo de una contienda que él consideraba ganada.

“Ese día yo gané y todo el mundo lo sabe, no cogí rabia ni le reclamé a ‘Gabo’, todo quedó ahí”, afirmó el acordeonero. Para entonces, el músico que había alcanzado la corona en 1976 era reconocido como uno de los grandes intérpretes de su generación.

La cercanía de García Márquez con el vallenato trascendía su participación en aquel jurado. El escritor creció entre los relatos, los cantos, las parrandas y la tradición oral del Caribe colombiano, elementos que formaron parte del ambiente cultural de su obra.

El acordeón aprendido en el monte

La distinción impidió al músico disputar una segunda corona profesional, que recibió Julio César Rojas Buendía, y el intérprete sostuvo durante años que la medida encubrió su victoria ante el público - crédito Cámara de Comercio de Valledupar/YouTube

Náfer Santiago Durán Díaz nació el 26 de diciembre de 1932 en El Paso, Cesar, dentro de una familia de músicos. Era nieto de Juan Bautista Durán Prettel, intérprete de gaitas que tocaba el llamado pajarito durante las cumbiambas nocturnas.

Su padre, Luis Felipe Durán, y Gilberto Alejandro Durán integraban la dinastía de la que también surgió Alejo Durán, conocido como “El Negro Apa”. La fama de Alejo recorrió la geografía vallenata con canciones como Evangelina, Alicia Adorada y Joselina Daza.

A los siete años recibió un acordeón de aumento, o de una sola hilera, que llegaba desde los puertos de Cartagena o Riohacha. “La persona que toca acordeón tiene unas capacidades innatas, yo aprendí en el monte, mi abuelo y mi papá fueron músicos”, contó.

El primer repertorio que aprendió incluyó música de indios farotos y, más adelante, porros. Explicó que en esa época eran pocas las papayeras que interpretaban paseos, y que los Durán encontraron una ventaja en su capacidad para tocar, cantar y componer.

El repertorio de Náfer Durán en los concursos incluyó obras de su autoría como la puya titulada El Zoológico - crédito Colprensa
El repertorio de Náfer Durán en los concursos incluyó obras de su autoría como la puya titulada El Zoológico - crédito Colprensa

“Antes no había pentagramas y nada de eso, nosotros aprendimos de manera empírica, son raros los músicos que leen en pentagramas, el único es ‘El Turco Gil’”, dijo en declaraciones citadas por El Pilón. Su vida estuvo marcada por los oficios rurales, el ganado y las historias de El Paso, su tierra natal.

En enero de 2026, todavía describía el acordeón como una extensión de su cuerpo. Ante la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, afirmó que no podía retirarse de la música porque, cuando apoyaba el instrumento sobre el pecho, sentía que alimentaba los latidos de su corazón.

“Dejar de tocar mi acordeón es morir en vida”, sostuvo el juglar. Su sombrero blanco acompañó durante décadas las presentaciones y los relatos de una trayectoria asociada al sello musical de los Durán.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD