“Hace un año concretamente me lo entregaron, el día 12 de septiembre. Me lo trajeron aquí a la casa, pasábamos derecho para Sumapaz para hacerle la cristiana sepultura allá. Pero le cuento que eso fue terrible, para mí fue muy terrible. En el tiempo que a él se lo llevaron, no lo volví a ver sino una sola vez. Una sola vez”, confesó la señora Cecilia, en diálogo con Infobae Colombia.
Con 71 años de vida, recuerda claramente lo que pasó con Raúl Sosa Hurtado, uno de sus ocho hijos, hace más de 30 años. Entre 1990 y 1991, cuando apenas tenía 18 años y sin haber alcanzado a reclamar su cédula de ciudadanía, Raúl fue reclutado por las Farc en Sumapaz, localidad de Bogotá. La temida organización guerrillera entonces estaba en un “ascenso meteórico” –en palabras de Insight Crime–, y engrosó sus filas con miles de personas, entre ellas, niños, niñas y adolescentes a los que pusieron a cargar fusiles y contra quienes cometieron todo tipo de violencias.
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Raúl y dos hermanos más pasaron a portar el uniforme camuflado que los identificaba como parte del grupo armado. “Llegaron de un momento a otro, los sacaron de la casa y se los llevaron”, contó Cecilia. Dos de ellos regresaron a casa, pero el tercero no volvió hasta 14 años después, para informar sobre su decisión de continuar en la guerrilla. “Dijo que le gustaban las armas y que él tenía que hacerse matar allá. Entonces, no lo pudimos atajar”, precisó.

Muerte, búsqueda y hallazgo: “Lo tenían en una bolsa blanca”
Sus declaraciones terminaron siendo ciertas. Al poco tiempo, en 2005 específicamente, lo mataron: “El que lo reclutó –Julio Enrique Rincón Rico, alias Nelson Robles, guerrillero que operaba en el Sumapaz y en varios municipios de Cundinamarca–, él mismo vino y me trajo la noticia de que lo habían matado y que estaba en el cementerio”.
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La señora Cecilia siempre estuvo esperando su regreso, pero con esa noticia, lo que le quedaba era encontrar y recuperar su cuerpo. En 2023, aproximadamente, un abogado se contactó con ella, gestionó la toma de muestras de ADN y la ayudó a iniciar un proceso de búsqueda formal, de la mano de la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (Ubpd), una entidad que nació en 2017 y que ha dedicado años de trabajo a la búsqueda de desaparecidos por el conflicto armado en Colombia. El universo de personas dadas por desaparecidas a nivel nacional ya asciende a 137.000 y hay 57.290 personas que las están buscando.
Ese complejo proceso por el que pasaron Cecilia y su familia mostró resultados en 2025. Ese año, por medio de una llamada telefónica, le confirmaron que habían encontrado el cadáver de su hijo en Tunja, Boyacá. Dijeron que estaba en una bóveda.
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El 2 de agosto de ese año “nos llamaron a la morgue. Eso había médicos, la Policía, había hartas entidades ahí. Nos hablaron mucho y nosotros dijimos: ‘¿Pero cómo vamos a hacer nosotros para reconocer el cuerpo si fue hace tantos años?’”. Para entonces, ya habían pasado más de 20 años desde la muerte de Raúl y, según cálculos de la señora Cecilia, debía tener 38 años.
El paso del tiempo no fue impedimento para que confirmara que se trataba de él. Entró a la morgue para reconocer el cuerpo, cumpliendo con el protocolo. “Lo tenían en una bolsa blanca, cerrada la cremallera. Adentro tenía una bolsa negra, gruesa. Lo destaparon y yo quedé en otro mundo. Dios mío”, expresó.
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La señora Cecilia tiene la imagen del cuerpo de su hijo grabada en su mente. Descubrió con sorpresa que una parte de él todavía estaba lo suficientemente conservada como para saber que era a quien buscó y esperó durante años: la forma de los labios, los dientes (postizos) y los rizos se lo confirmaron.

“De aquí para abajo ya estaba seco, lo que se dice seco, seco. Y de aquí para arriba ya tenía más humedad. Nos dijeron: ‘Acérquense más, a ver si lo pueden reconocer’. Nos fuimos acercando poco a poco hacia la cabeza. Yo ahí mismo lo reconocí, porque de aquí para arriba la verdad estaba bueno”, detalló.
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Pasó un mes para que la señora Cecilia y su familia recibieran el cuerpo de Raúl. El 12 de septiembre de 2025, entregaron sus restos. “Me lo trajeron a la casa”. La Ubpd se encargó de toda la gestión y financiación de las honras fúnebres, para que la familia pudiera despedirlo sin tener que pensar en cómo hacerlo. Fue sepultado el 13 de septiembre en el cementerio de San Juan de Sumapaz, un día antes de su cumpleaños, y de eso, ya pasó un año, en el que sus seres queridos han lamentado su muerte, pero han abrazado y agradecido la paz que generó el haberlo encontrado.
“Yo me siento más feliz, porque imagínese si uno no sabe sus hijitos dónde están, dónde quedan (...). La familia y yo estamos más conformes, porque, si de pronto se hubiera quedado en el cementerio o lo hubieran botado a una fosa común, no lo hubiéramos podido volver a ver nunca jamás en la vida. Entonces, yo me siento feliz de que lo tengo allá en el cementerio”, explicó la señora Cecilia.
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El caso de Raúl fue rápido, en el sentido de que la Ubpd dio con el paradero del cuerpo en un período relativamente corto después de que se inició la búsqueda. Sin embargo, eso no es común. La búsqueda de personas dadas por desaparecidas es sumamente compleja, puede tardar muchos años e incluso no generar los resultados que esperan los seres queridos. Así lo explicó a Infobae Colombia Sol Alonso, coordinadora Regional Centro (Tolima, Cundinamarca, Bogotá, Boyacá y parte del Amazonas) de la Ubpd.
“El primer proceso organizativo de personas buscadoras de sus seres queridos en Colombia es de 1982, está rastreado con el colectivo 82 acá en Bogotá. No hemos encontrado a esas personas. No las ha encontrado la Fiscalía, no las hemos encontrado nosotros ni Medicina Legal. Murieron muchos padres esperando a sus hijos”, detalló la funcionaria a este medio.
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Pero, en medio de los casos que todavía no tienen resultados, están los que sí han derivado en el hallazgo de los desaparecidos, pese al paso del tiempo. En 2025, por ejemplo, la entidad recuperó los cuerpos de personas que habían sido reportadas como desaparecidas en 1956, durante la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla.
Así buscan a los desaparecidos: investigación y detalles forenses
Según la coordinadora regional, para encontrar a una persona viva o muerta hay que hacer todo un proceso de investigación que inicia con el cruce de información. Cuando las personas piden la asistencia de la Ubpd, entregan todos los datos que tengan disponibles sobre su ser querido, su desaparición y posible ubicación (si se sabe).
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La entidad, por su parte, empieza a indagar con la institucionalidad. “Muchos casos que nos llegan tienen acciones en la Fiscalía o ya fueron a la Cruz Roja Internacional en algún momento, o a Medicina Legal. Empezamos a cruzar para no empezar de cero”, detalló.
Entonces, se hace un análisis de la información, que permite encontrar patrones y no tratar los casos como hechos aislados. Luego, con base datos que brinden luces sobre la manera como se desarrolló el conflicto armado en cierta época y lugar, y su posible vinculación con los casos estudiados, se hace una delimitación y se desarrollan planes regionales de búsqueda. Posteriormente, se establecen unidades de análisis para ahondar en cada hecho investigado.
“¿Para qué me sirve esto? Cuando yo me acerco, por ejemplo, a alguien que hizo parte de un actor armado en una temporalidad y en un lugar específico, yo no le pregunto por un solo caso. El investigador debe preguntar por todos los casos de esa zona, mostrar las fotos de todos, contarle las circunstancias de todos. Cuando voy a un municipio y miro las actas de levantamiento de los cuerpos de las personas que murieron en esa época, en un lugar en particular, de una vez consulto todo y tengo en cuenta todas las solicitudes", precisó.
Otra forma de buscar cuerpos de personas desaparecidas es ir a los sitios donde se sabe que hay cadáveres: cementerios, campos abiertos, cuerpos de agua. Y una tercera alternativa consiste en buscar en los cuerpos que ya se tienen mapeados y que todavía no han sido identificados. “Los cuerpos que en muchos años les llamaron NN y que en este momento nosotros les decimos cuerpos no identificados o cuerpos identificados que no fueron entregados”, indicó.

Es así como surge una hipótesis de localización e inicia la búsqueda formal en terreno. Si se cree que la persona está viva, se intenta generar contacto y propender el reencuentro; si está muerta, se hace una actividad técnico-forense en el sitio (prospección). Esta tarea la desarrolla un equipo técnico-forense, conformado por criminalistas, antropólogos y especialistas en topografía.
“Si encontramos, recuperamos el cuerpo. No siempre encontramos. Eso también es parte del trabajo acá: poder manejar la frustración de no encontrar. Y cuando se recupera el cuerpo, lo trasladamos a distintos sitios. Puede ser a Medicina Legal. Durante muchos años los trasladamos a Medicina Legal. Ahora contamos dentro de la Unidad de Búsqueda con Centros Interdisciplinarios de Abordaje Forense para poder identificar. Entonces, también pueden ser trasladados al centro de abordaje más cercano”, precisó.
Todo el proceso de investigación y búsqueda ha ido mejorando con el paso de los años. La Ubpd usa la inteligencia artificial para poder consolidar el universo de personas desaparecidas y se vale de sistemas de información para organizar los datos que tiene de cada caso.

En cuanto a las tareas médico-forenses que se adelantan para hallar cuerpos, la entidad utiliza todo tipo de elementos: unos más sofisticados que otros. Se requiere de palas y picos para excavar en terreno, pero también se hace uso de equipos de geofísica, detectores de metales y georradares. De igual manera, la Ubpd se vale de cámaras y equipos 3D para tener un registro de las búsquedas y excavaciones y usa drones para hacer la caracterización de los sitios que intervienen.
Pero el manejo de los terrenos y la propia búsqueda no son los únicos retos a los que se enfrentan los investigadores, equipos forenses, familiares y demás personas involucradas. Deben garantizar su seguridad. Pues, Colombia todavía vive en conflicto armado y, por eso, el trabajo en terreno puede ser riesgoso. Sin embargo, la funcionaria explicó que, para garantizar su seguridad y poder acceder a ciertos sitios para la búsqueda, hacen pedagogía y posicionan su mandato humanitario.
“Explicarle a las personas –incluidos actores armados– que nosotros somos humanitarios es lo que nos abre las puertas para entrar a cualquier lugar de Colombia, con actores armados vigentes, con actores armados en disputa entre ellos, con actores armados que tienen completo dominio territorial”, indicó.
Es por eso que ahora mismo la Ubpd puede ingresar a la mayoría de zonas del país donde hay conflicto. Sin embargo, en ocasiones, los grupos criminales establecen condiciones de tiempo, modo y lugar para que la entidad pueda llevar a cabo su trabajo.

“Hemos logrado que nos digan: ‘Tienen tres días, no pueden venir antes a localizar, que es algo que nosotros hacemos mucho’ (...). Muchas veces nos dicen: ‘Vienen de una vez con equipo forense y listo’. Nos adaptamos y lo organizamos. ‘Solo pueden venir hombres (...). Tienen que venir con la Iglesia católica’”, precisó.
Cuerpos conservados y huesos: lo que han encontrado los investigadores
El hallazgo de los cuerpos puede sorprender. Según la coordinadora regional, al buscar personas que desaparecieron antes del 1 de diciembre de 2016, se suele pensar que encontrarán cadáveres esqueletizados. Y, aunque la mayoría de las veces es así, en varias oportunidades se han topado con otra realidad.
Los investigadores y equipos forenses han hallado cuerpos que, por las características de la tierra o del clima, todavía están completos. Ese patrón lo han identificado en el páramo de Sumapaz, por ejemplo, donde los cadáveres suelen estar en muy buen estado. También han encontrado cuerpos que han sido utilizados para prácticas médicas.
“Hemos encontrado que los cuerpos fueron pasados por distintas formas de conservación, la mayoría en formol, tanto en piscina o por inyección. También hemos encontrado cuerpos que están muy completos y que tienen muchas dificultades para el proceso de identificación, porque el formol destruye buena parte de la información genética y el ADN. Esos cuerpos no pueden pasar por genética”, precisó Sol Alonso a este medio.
A este tipo de cadáveres se suman los que entran en procesos de momificación o de corificación. Según precisó, un camino intermedio entre la descomposición, donde se pierde toda la humedad y los cuerpos empiezan a secarse. En el cementerio del Sur de Bogotá han encontrado cuerpos en ese estado.
Ahora, cuando se trata de cuerpos esquelitizados, no siempre encuentran todos los restos. A veces hallan algunos dientes, o un pedazo de mandíbula. “Eso para nosotros es un cuerpo”. Además, en otros casos, los cadáveres están incompletos o bastante afectados por la zona donde fueron dispuestos, como en cuerpos de agua. Otros, por su parte, fueron incinerados en hornos.
La identificación de los cuerpos: otro gran reto
Tras encontrar los cuerpos, se hace un análisis interdisciplinario de ellos. De esa tarea se encarga un equipo de médicos o médicas forenses; su trabajo está acompañado por disciplinas como la antropología forense, la odontología forense, criminalística, dactiloscopia y genética (cuando se requiere).
“Genética no nos identifica los cuerpos, genética nos establece parentescos. Pero en Colombia tenemos muchos casos en los que la genética no nos da esa información que nosotros necesitamos. Nos funciona cuando tenemos muestra genética de familiares que están buscando a sus seres queridos, que son genéticamente informativos, es decir, padres, madres, hijos y hermanos”, detalló.
Por eso, es necesario contar con información contextual sobre la persona que se está buscando: “Cuál se cayó cuando era pequeño y se fracturó, por ejemplo, el fémur, cuál tuvo tratamiento odontológico. Cuál llevaba el anillo que le regaló el papá, cuál tenía este tatuaje”.
Teniendo clara la identificación, se hace un informe con los resultados y se gestiona la entrega digna de los cuerpos. No se entrega ningún cuerpo hasta que no esté plenamente confirmado que sí corresponde a la persona desaparecida.
La entrega digna de los cuerpos
La Ubpd se encarga de toda la gestión de la entrega digna de los cuerpos. Eso involucra trámites administrativos, como la actualización del registro civil de la persona fallecida y los trámites para que los seres queridos den un último adiós a quienes buscaron por tanto tiempo. La entidad organiza con las alcaldías para garantizar la disposición de bóvedas a perpetuidad para los restos.
Además, financia cada una de las fases de la entrega digna y busca que la despedida sea acorde con las costumbres y creencias de las familias buscadoras. Es así como ha gestionado y acompañado ceremonias católicas, cristianas y con rituales indígenas.

“No le entregamos un cuerpo a la familia para que se le vuelva un problema: que le vaya a generar costos o que no sepa qué hacer con el cuerpo. Tenemos casos terribles que nos han contado de otros procesos y la idea no es hacer eso con las familias”, detalló Sol Alonso.
La Ubpd ha recuperado más de 5.400 cuerpos en todo el país, de los cuales, 785 han sido entregados dignamente a sus familias.
Las personas vivas: ¿por qué duran años desaparecidas?
Aunque en buena parte de los casos atendidos por la entidad las personas desaparecidas ya fallecieron, hay otros muy distintos, en los que se han encontrado personas vivas y se ha gestionado el reencuentro con sus familiares. Estos casos son muy particulares y difíciles de abordar. Según la coordinadora regional, son distintas las situaciones que llevan a las personas a alejarse de sus seres queridos y permanecer desaparecidas durante años.
“Recuerdo un caso de un chico que se llevó un actor armado (...). Pasaron muchos años, y en algún momento una entidad de salud recibió un habitante de calle en Cundinamarca y pudieron identificar que estaba en el registro de desaparecidos. Cuando nos acercamos a esa persona, la persona tenía unos temas de salud mental muy graves. No solamente estaba físicamente enfermo, tenía signos de estrés postraumático”, detalló.

El joven escapó del grupo armado, pero cuando intentó regresar, lo amenazaron con atacar a su familia. Entonces, viajó del Caribe a Bogotá, una ciudad en la que no tenía una red de apoyo y terminó en las calles.
“Cuando hicimos ese reencuentro, fue bastante duro para la mamá verlo tantos años después en un estado tan duro de salud, tan afectado y con tantas secuelas de la guerra”, contó.
Al encontrar a las personas vivas, la Ubpd gestiona los reencuentros. Eso supone todo un reto también, porque debe verificar condiciones de seguridad. En algunos casos, las personas encontradas simplemente han optado por no hacer ese reencuentro para proteger a su familia. Sin embargo, la mayoría de las veces se logra realizar esa reunión porque tanto los seres queridos como los desaparecidos se están buscando.
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