
Luis Fernando Arias, conocido como Estiwar G, habló en el pódcast Los hombres sí lloran conducido por Juan Pablo Raba sobre uno de los capítulos más difíciles de su vida: el paso por centros de rehabilitación y las experiencias violentas y de abandono que vivió en ese proceso.
El creador de contenido relató de manera detallada cómo fue internado por primera vez siendo muy joven y cómo la violencia y las dinámicas de esos lugares lo marcaron para siempre.
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Estiwar G explicó que creció en un hogar sin carencias materiales, hijo de médicos, pero que desde joven se sintió diferente y encontró en la cultura del rap y la calle una forma de pertenencia. Esa búsqueda lo llevó a conocer el consumo de alcohol y, más adelante, de marihuana, cocaína y otras drogas. Reconoce que empezó a beber desde los catorce años y que, durante la universidad, llegó a vender drogas, lo que alertó a su familia. “Mi mamá dijo: ‘O usted termina su carrera o se va de la casa y sigue vendiendo drogas’. Y algo en mí decidió que debía terminar la carrera”, relató.

El ingreso a su primer centro de rehabilitación fue una intervención familiar. Arias describió el ambiente de estos lugares como hostil, con prácticas que definió como “terapia de choque”. Señaló que el procedimiento de ingreso, conocido como “bloques”, consistía en que varias personas iban a buscar al paciente a su casa, lo amarraban y lo llevaban al centro en contra de su voluntad. “Había contacto físico. Si usted no se portaba bien, le pegaban en el pecho, le botaban basura, le botaban el agua de los traperos. Eso se hacía para romper el espíritu”, aseguró.
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Estiwar G afirmó que estas dinámicas tenían como objetivo destruir la voluntad de la persona para luego reconstruirla desde cero, una metodología que, en su opinión, deja secuelas. “Hoy en día, por el tema de los derechos humanos, sé que esto ha cambiado, pero en esa época no se le ponía mucho cuidado a ese tema”, reflexionó. Para él, la experiencia fue una lección sobre las realidades de escasez y falta de libertad que muchas personas enfrentan.

Durante ese primer proceso de rehabilitación, Arias conoció el consumo de pegante, una sustancia de alto poder adictivo. “El pegante es una sustancia que literalmente pega, genera una dependencia fuertísima. Cuando dejas de inhalar, a los treinta segundos el cuerpo ya pide más”. Explicó que, en comparación con otras drogas, el pegante lo llevó a un estado de exclusión mayor, incluso dentro de entornos ya marginados. “Ya era el excluido. Y para que usted sea el excluido en un entorno underground, hay que hacer méritos”, comentó.
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Después de ese primer tratamiento, Estiwar G intentó mantener un consumo controlado, alternando entre otras drogas y el alcohol, pero las recaídas fueron recurrentes. En 2018, decidió ingresar voluntariamente a rehabilitación. Esta vez, el proceso fue diferente porque, según él, fue una decisión propia y no impuesta. Durante ese año, participó en programas de reeducación, asistió a cursos del Sena y trabajó en comunidades terapéuticas. “Hice un año de operador de comunidad terapéutica. En los otros procesos desertaba, pero esta vez quería reeducarme”, explicó.

El contacto con otros jóvenes en situación de vulnerabilidad y su trabajo en instituciones como El Redentor le permitieron conocer de cerca la violencia estructural que afecta a quienes viven en contextos de calle o de consumo problemático. “En El Redentor empecé a ver los cuadros más profundos del país. Vi cosas muy negativas para mi proceso, porque había mucha violencia y yo también era un ansioso adentro”, afirmó.
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Sobre la recuperación, Arias insistió en que no existe un solo modelo de éxito y que el apoyo familiar fue determinante para él. Reconoció que su caso no responde al estereotipo del adicto con una infancia traumática: “No tenía un pasado abusado. Vengo de una familia amorosa. Uno se busca los males por la necesidad de pertenecer”. Señaló que la calle y el consumo le dieron un espacio de reconocimiento social, pero también lo alejaron de sus vínculos y de una vida estable.
El nacimiento del personaje Estiwar G en 2021 fue resultado de esa experiencia acumulada. Arias buscó contar desde el humor y la sátira las historias y realidades de la calle y de quienes pasan por procesos de consumo y exclusión. “El objetivo fue mostrar que en la calle no solo hay delincuencia y vicio, también hay personas que pueden aportar cosas positivas”, dijo.
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Durante la entrevista, recalcó que su testimonio no busca glorificar el consumo de drogas, sino advertir sobre las consecuencias y mostrar que la recuperación es posible con apoyo y herramientas adecuadas. “Esto son cosas duras de contar, pero lo hago para que vean que la vida puede mejorar”, concluyó.
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