
Enero y febrero representan una temporada de recortes de personal, reorganizaciones y decisiones complejas en las empresas. En algunos casos, el ajuste no llega mediante una carta de despido, sino con el silencio, aislamiento y pérdida gradual de funciones. Este fenómeno se conoce como quiet firing o despido silencioso.
La inflación anual en Colombia cerró diciembre de 2025 en 5,10%, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), lo que mantiene la presión sobre los costos operativos. Además, el salario mínimo para 2026 se fijó en $1.750.905 y el auxilio de transporte en $249.095, llevando el ingreso base mensual a $2.000.000.
Para miles de compañías, especialmente pymes, este incremento obliga a reajustar presupuestos, redefinir cargos y priorizar áreas clave para sostener ventas y productividad.
Ante este escenario, un informe del programa de Psicología de la Universidad de San Buenaventura, sede Bogotá, advierte que el despido silencioso suele aparecer en momentos de alta presión interna, cuando se reemplazan conversaciones claras por decisiones tomadas de manera discreta y se deja al trabajador sin una ruta de mejora.
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Gustavo González, docente del programa, explicó: “El riesgo está en que la persona empieza a interpretar señales contradictorias: se le exige resultados, pero se le reducen herramientas, apoyo y espacios de participación, lo que genera incertidumbre y deterioro del clima emocional”.

Cinco señales para identificar el despido silencioso
- Exclusión de reuniones y decisiones relevantes
De forma repentina, las decisiones se toman sin la persona. Dejan de copiarla en correos importantes, no la incluyen en espacios estratégicos o solo la buscan ante problemas urgentes. Según González, esta exclusión debilita el rol dentro del equipo, ya que se pierde información crítica y disminuye la estabilidad profesional.
- Reducción de responsabilidades o asignación de tareas irrelevantes:
Proyectos que antes lideraba pasan a manos de otros y solo quedan tareas operativas o de bajo impacto. No se trata de una redistribución normal, sino de una disminución real del peso del cargo. González señaló que estos recortes graduales afectan la productividad y el sentido de pertenencia: “En la práctica, lo van volviendo prescindible: menos funciones hoy, menos argumentos mañana para sostener su rol”.
Esta situación suele darse tras cambios de jefatura, reasignación de cuentas clave o la creación de un nuevo líder que absorbe funciones sin explicaciones claras.
- Ausencia de retroalimentación por parte del jefe:
Cuando desaparecen los espacios de seguimiento, se vuelve difuso qué esperan del trabajador. Sin una ruta clara, prioridades ni retroalimentación, el contacto se limita a correcciones o mensajes impersonales. González reiteró que esta es una señal delicada, puesto que sin retroalimentación formal se rompe la posibilidad de corregir, demostrar avances y sostener evaluaciones objetivas. El silencio, en estos casos, se convierte en una forma de desgaste.

- Congelamiento del crecimiento profesional sin explicación:
No hay ascensos, ajustes ni nuevos retos. La conversación sobre sus labores desaparece y la persona se convierte en alguien que solo cumple funciones. El daño trasciende lo laboral y afecta lo emocional, según el experto, el estancamiento prolongado reduce la motivación y genera desconexión: “Cuando se elimina la posibilidad de crecimiento sin explicación, la gente no solo pierde expectativas: pierde horizonte”.
- Sensación de invisibilidad:
La persona deja de ser consultada, reconocida o tenida en cuenta. Aunque sigue trabajando, su aporte no se visibiliza, su voz pierde peso y su presencia se vuelve irrelevante. Este aislamiento impacta el bienestar psicológico, pues combina inseguridad, ansiedad e incertidumbre. Si la situación se prolonga, puede llevar a la renuncia, no por voluntad, sino por sentirse fuera de la organización.
No todo cambio implica despido silencioso, debido a que existen reorganizaciones legítimas, recortes presupuestales o cambios estratégicos transparentes. La diferencia está en la comunicación: cuando hay objetivos claros y retroalimentación, existe un proceso para adaptarse. En contraste, cuando solo crece el silencio, es momento de encender alarmas.

¿Qué hacer al identificar dos o más señales?
La recomendación del experto es actuar con método y sin dramatismo. El primer paso es solicitar una reunión individual con el jefe y pedir objetivos claros por escrito: prioridades, entregables, plazos y criterios de evaluación. Luego, documentar cambios de funciones, decisiones y compromisos: correos, mensajes, asignaciones y fechas. Finalmente, activar el plan B: actualizar la hoja de vida y comenzar la búsqueda de nuevas oportunidades de manera proactiva.
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