
Confirmada el viernes 9 de enero de 2026 la reunión que se adelantará en la primera semana de febrero entre los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y de Colombia, Gustavo Petro, se ha propiciado un inusitado ambiente de optimismo frente a lo que pueda ser ese encuentro: que se llevará a cabo, según se conoció, en la Casa Blanca. Un encuentro que se gestó en el diálogo que sostuvieron por primera vez ambos gobernantes, sin duda trascendental.
Así lo percibe el exministro de Relaciones Exteriores Luis Gilberto Murillo, que en la actualidad es aspirante a la Presidencia de la República y que, aunque no lo reconoció de forma pública, protagonizó algunos diálogos con el propósito de buscar acercamientos para que, el apocalíptico escenario que existía hasta hace unos tres días, se tornara -en cambio- en una oportunidad para empezar a coincidir en aspectos cruciales para ambas naciones. Uno de ellos, la lucha antidrogas.
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Murillo, que ya había gestionado de manera favorable los primeros asomos en la crisis en las relaciones políticas entre ambos mandatarios, como el del 26 de enero de 2025, habló con Infobae Colombia y no dudó en hacer una fuerte crítica a la manera en que candidatos a la presidencia, y aspirantes a curules en el Congreso, apostaron por el fracaso de las labores diplomáticas para desactivar una tensionante realidad entre Bogotá y Washington.

Infobae Colombia: ¿cómo analiza el escenario después de ese diálogo entre los dos presidentes, en el que quizá se recondujo las relaciones entre los dos países?
Luis Gilberto Murillo: Lo primero es que lo que se dio de recuperar la interlocución al más alto nivel es un gran triunfo de la diplomacia colombiana y es un triunfo de país. No estoy de acuerdo en que lo querían usar como trofeo electoral, porque es un triunfo del país y aquí hay que reconocer el trabajo del embajador (Daniel) García-Peña, muy juicioso, pero también de su equipo, como Óscar Gamboa, que maneja el Congreso, o Daniel Ávila, que se mueve muy bien en Washington.
O el general en retiro César Parra y Andrés Felipe Rodríguez, que trabaja mucho en temas económicos, y otros como Andrea Jiménez. Es un equipo bueno y es una combinación entre funcionarios de carrera y líderes. Eso que dicen que los diplomáticos no son adecuados no es cierto, ahí hay un equipo bueno y comprometido. Y hay que felicitar a los dos presidentes, que permitieron que triunfara la sensatez y la responsabilidad.
El desafío del país es convertir eso en resultados concretos, que realmente le den tranquilidad a la gente, que protejan el interés nacional y que le den espacio a la diplomacia, que ya no se maneje esto en redes ni con gritos. Lo importante es que esa reunión que se va a hacer en Casa Blanca salga bien y para eso hay que prepararla muy bien. La Cancillería y los diplomáticos de ambas naciones tienen un papel clave para que eso sea así.
Se debe actuar con cabeza fría, porque a veces se responde en caliente. Va a ser clave la gerencia de la Cancillería con una buena agenda, porque debe salir una hoja de ruta de una agenda constructiva y esa hoja de ruta debe incluir algunos temas que le interesan a Colombia.

El presidente mencionó la transición energética y el cambio climático y esos no son temas que necesariamente conectan con Trump, pero son temas de Colombia. Lo que sí creo que va a estar en la agenda es el tema de seguridad, con varias aristas: una es la política de drogas, donde hay coincidencia entre Petro y Trump en que la política del pasado no funcionó, pero al no haber diálogo entre Colombia y Estados Unidos, Colombia no le planteó a Estados Unidos una propuesta de nueva política de drogas. Ahí hay un espacio para llegar a acuerdos.
Colombia tendrá que ceder en el tema de cultivos ilícitos y Estados Unidos en otros temas, pero se puede hablar. Otro tema es la política de paz, partiendo de que la política de Paz Total no salió bien, y hoy todos los sectores de los grupos al margen de la ley ya no tienen agenda política, sino que aprovechan el retroceso para fortalecerse. Habrá una discusión difícil, pero hay que sacarla adelante. Otro tema es la migración, que empezó a flotar como tema de seguridad de Estados Unidos.
Un asunto clave en seguridad es cómo reanudar la colaboración estrecha en asuntos policiales, cooperación militar e inteligencia, que es crítica para los dos países. La cooperación policial funciona bien, pero necesita el apoyo de estas otras cooperaciones. En la intersección entre seguridad, estabilidad y democracia, aparecerán dos temas: Venezuela y el tema de transición.
¿Y Venezuela? ¿Qué prevé en ese sentido?
En lo de Venezuela, Estados Unidos y Colombia coinciden, porque al final (Colombia) planteó una transición parecida al Frente Nacional, muy parecida a lo que Estados Unidos está proponiendo. Hoy Colombia y Brasil, el G3, puede reactivarse. Pero, otro tema es el de las elecciones en Colombia, porque siempre se buscará garantizar que las elecciones sean tranquilas, en paz, y que la transición se haga. Son temas que interesan a ambos gobiernos y creo que van a estar ahí.

Después de ese paquete, hay temas como inversión y comercio, para garantizar un ambiente tranquilo. Y otros más instrumentales, porque ya estamos en otra relación: volvimos a hablar como socios, aunque tengamos diferencias y respetemos la soberanía, pero los socios discuten estos temas en canales diplomáticos y confidenciales. ¿Qué hacemos entonces? Viene el ambiente propicio para que el presidente Petro salga de la Lista Clinton, y los funcionarios y autoridades que están ahí.
Y el de la recertificación de Colombia, para que al final del Gobierno haya un proceso listo en cooperación en política de drogas. Así se empieza a reparar la relación, pero hay algo clave y es que se tiene que construir la confianza mínima. Colombia hace una cosa, Estados Unidos la otra, se dan señales y van reconstruyendo, ahí es cuando el presidente Petro y el Gobierno tienen que hacer todo el esfuerzo, y eso quedaría avanzado para un próximo mandato.
Yo lo veo así y me parece muy positivo. Hubo mucha gente, y ahí es donde yo critico lo que hicieron algunos candidatos y candidatas que, en lugar de ayudar a resolver este problema, empezaron fue a echarle más leña al fuego, a ponerle bombas a esto. Y los cuestiono por eso, porque tienen ahora el cinismo de decir que sí, que ‘qué bueno’, y otros que todavía siguen apostándole a que no se mejore la relación.
¿Pero, usted tuvo algún papel de intermediación para que se restablecieran en cierto modo esos diálogos?
No, eso fue un trabajo diplomático, lo logró el embajador y su equipo, con un papel muy importante de Óscar Gamboa, que maneja la relación con el Congreso. Óscar ha hecho muy buena relación con senadores, como Rand Paul, que hizo la llamada, es uno de ellos. El embajador y todo ese equipo que mencioné también participaron.
En estas cosas hay varias órbitas, mucha gente involucrada, y ahí es donde critico lo que hicieron algunos candidatos y candidatas que en lugar de ayudar a resolver el problema, empezaron a echarle más leña al fuego, a ponerle bombas a esto. Los critico por eso, porque ahora tienen el cinismo de decir que sí, que bueno, y otros que siguen apostándole a que no se mejore la relación.
¿Son los mismos que hablan de que Petro tuvo que ‘arrodillarse’ ante Donald Trump?
Sí, porque en lugar de ver que es un triunfo de país, que resolvimos un problema serio, que logramos que dos presidentes con una personalidad muy complicada y una manera de operar muy distinta, con asesores que los empujan a ese tipo de posiciones, ponerse a decir que se arrodilló es simplemente alimentar la provocación. En mi opinión, la mayoría de candidatos y candidatas que hacen oposición por ganarse unos puntos no están pensando que ponen en riesgo al país.
Estamos en un mundo que está redefiniendo el orden mundial, las potencias lo están redefiniendo, hay mucha volatilidad y mucha incertidumbre, y en esa incertidumbre, como se está reconstruyendo un orden mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial, no se puede jugar con eso. Aquí hay varias cosas que hacer. Primero, proteger el interés de Colombia, redefiniéndolo porque el país es otro y llegó otra gente.
Segundo, que Colombia pueda tener una idea de cuál es el papel que debe jugar en el contexto regional y global, como poder intermedio de mediación. Colombia tiene que ser un poder intermedio, fuente de estabilidad, servir para mediar en otros conflictos y jugar un papel constructivo como lo puede hacer en Venezuela. Colombia debe tener capacidad de maniobra, y si pierde la interlocución con Estados Unidos, pierde esa capacidad.

Lo que dicen estos candidatos no es responsable, ponen en riesgo al país y a la gente. Quieren ser presidentes, pero esa actitud no está bien. He sido crítico de eso, porque lo que viene es delicado, pues es poder acercar posiciones de líderes que tienen una visión muy distinta del manejo del hemisferio, donde Estados Unidos considera que su esfera de influencia la va a proteger, y eso implica un cambio de fondo en su estrategia de seguridad nacional.
Asumo que Petro va a proponer que, si esta es su esfera de influencia y Estados Unidos es más fuerte, se pongan de acuerdo en cómo toman decisiones entre todos.
¿Se demoró el Gobierno colombiano en leer las intenciones de Donald Trump y hacia dónde iba su política exterior?
Creo que el presidente subestimó ese nuevo estilo del Gobierno de Donald Trump. Eso se evidenció el año pasado, el 26 de enero, con la primera crisis. Fue una de las cosas que me generaron molestia, porque se evidenció que nosotros dejamos con Mauricio Claver Caron una agenda y una ruta positiva que incluía una reunión entre la canciller y (Marco) Rubio en febrero. Esa reunión, la embajada la trabajó muy bien y se dio en marzo, pero con Kristin Helen, la secretaria de Seguridad Nacional, que fue a Bogotá.
Pero, siguieron las provocaciones y todo el país lo evidenció. Cuando un líder ha sido elegido democráticamente, tanto en Colombia como en Estados Unidos, tiene que respetarse y dejar que funcionen los canales diplomáticos. Sí considero que hubo mucha provocación y esa provocación llegó en un momento en que reventó, sobre todo con la afirmación en Nueva York, frente a los soldados de Estados Unidos.
Se subestimó, porque si se hubiese tomado una agenda positiva de recuperación de confianza desde el año pasado, estaríamos en otro momento. Pero, nunca es tarde, ya fue así, ahora necesitamos que se aproveche. Veo al presidente Petro en otra actitud, al presidente Trump también, ambos han aprendido. Veo que hay un ambiente en el que se necesitan para el tema de Venezuela. Ese es muy importante para Estados Unidos y determinante para Colombia.
La estabilidad de los vecinos es importante para Colombia y viceversa. Ahí tienen una coincidencia que es más fuerte que la política de drogas. Colombia tiene que aprovechar esa coyuntura para mejorar la relación.

¿Cree que en algún momento se contempló realmente por parte de Estados Unidos una intervención militar en Colombia o fue una amenaza para forzar el acercamiento?
La relación estaba muy tensa. Tanto que empecé muy temprano a hacer rondas a Estados Unidos, a hablar con gente y, apenas reactivaron el Congreso el lunes pasado, fui a caminar. La gente me pidió opinión, entonces fui a hablar sobre la región, Colombia y Venezuela, y escuchaba. Lo que me decían sobre Colombia, demócratas y republicanos y gente de centros de pensamiento, que eran los que estaban muy preocupados por la situación.
Decían que lo veían como una amenaza seria y que las implicaciones geopolíticas, de la manera en que actuamos, son imprevisibles en el hemisferio y a nivel global, porque esta actitud la pueden tomar otras potencias. Mencionaban cómo Colombia es un socio estratégico, ‘independientemente del presidente que esté allá’, porque hemos luchado contra el narcotráfico y contra criminales regionales y globales juntos. Y eran enfáticos en resaltar que no se podía permitir que esto suceda.
Esa era una segunda línea de argumentos. El tercero era el de la democracia. Afirmaban que Colombia es un país con mucha tradición, sus instituciones funcionan, hay pesos y contrapesos. Y que Petro no es Maduro, es un presidente elegido popularmente en unas elecciones democráticas, sigue con apego a la democracia. Esos eran sus análisis y mucha gente del mundo político de Washington estaba evitando que se diera una situación de esas. Eso fue lo que recogí.
¿Hacia dónde cree que vamos en esta recta final? Porque solo quedan ocho meses de Gobierno.... ¿Desde Washington también se contempla esto y buscarán, más bien, hacer tratos con el que llegue?
Creo que la apuesta de ambos países y presidentes debería ser dejar ya definida una ruta de colaboración, reconstruir la colaboración con Estados Unidos y el punto de partida son dos: Venezuela y política de drogas. Lo demás se va alineando: migración, inversión, comercio y cooperación militar, etcétera, en torno a esas dos líneas grandes.
Queda la sensación de que siempre estamos reaccionando en la política exterior ante las dificultades y no adelantándonos a posibles escenarios...
Hay dos factores: el primero, y que no está bajo nuestro control, es que la política internacional ahora es volátil y hay demasiada incertidumbre. Por eso no podemos perder la capacidad de maniobra. Eso en política internacional la da manejar bien las relaciones con todo el mundo, porque puedes hablar con todos. Por eso, perder la interlocución con tu socio más importante es un costo que no podemos asumir.

La volatilidad de la política exterior hace que sea muy difícil anticipar, pero hay que estar preparado para cualquier cosa. Lo segundo es que nosotros incrementamos esa incertidumbre y volatilidad por la manera de operar del Gobierno colombiano, sobre todo el presidente, porque le resta mucho espacio a los canales diplomáticos y maneja muchos temas de incidencia en la política exterior y la diplomacia en las redes y los posts de X, y muchas opiniones.
Un presidente ya no puede dar opiniones porque en política exterior, en diplomacia, se entiende como una línea, una posición. En el mundo diplomático están pendientes de cada letra de lo que dices.
¿Y no funciona igual con Estados Unidos?
Sí, claro, se da. Si tienes un comportamiento en el que el presidente le añade volatilidad, como sucede también de ese lado, el tuyo tiene que tratar de reducirla. Eso pasa con mandatarios como Claudia Sheinbaum o Lula (Da Silva), que tratan de disminuir al máximo la incertidumbre.
Lula ha sido más inteligente en ese sentido porque ha logrado mejores resultados....
Creo que es más de estilos. El estilo de manejo de la política exterior y la diplomacia del presidente Petro genera eso, porque no eres un analista, ni un generador de opiniones de la política doméstica, ni de Estados Unidos, ni de Europa, ni del Sur global, ni de Asia. Tienes una posición de presidente, entonces en un mundo tan volátil tienes que ser muy cuidadoso. Mucha sensatez. Las formas son importantes. Mucho tacto. Eso es lo que veo cuando hay un presidente.
¿Tuvo la posibilidad de hablar con Gustavo Petro sobre esta coyuntura?
Sobre esta no. No tuve comunicación con el presidente por casi diez meses, por obvias razones (salida del Gobierno). Pero, hace dos o tres meses, planteé públicamente que quería facilitar o mediar. Se generó un espacio en noviembre con el presidente, hablamos de temas y le planteé lo importante que era bajarle la temperatura a la relación con Estados Unidos, tratar de reconstruir esos canales y di mis consejos, los cuales había dado y sigo dando públicamente.
Él fue muy receptivo. Nos encontramos después, a principios de diciembre, en alguna reunión donde se hablaban estos temas, con figuras de distintos sectores del país, incluso algunos muy críticos de él. Él asistió a esa reunión y ahí también le manifesté mi posición sobre la necesidad de buscar canales de comunicación con el gobierno de Estados Unidos al más alto nivel, incluido el presidente, y apoyar a su equipo diplomático en esto. Siempre fue receptivo.
La relación nuestra es cordial, a pesar de puntos donde tenemos diferencias y otros en común. No volví a dialogar con él, no tuve comunicación con él. Me imagino que en esta nueva coyuntura, si me lo encuentro, le daré mi consejo también, pensando en el país.
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