
La Novena de Aguinaldos representa una de las tradiciones más arraigadas y significativas de la Navidad en Colombia, marcando el ritmo de las celebraciones familiares y comunitarias entre el 16 y el 24 de diciembre.
Este rito, que se extiende durante nueve noches consecutivas, no solo prepara espiritualmente para la llegada de la Nochebuena, sino que fortalece los lazos sociales y culturales, integrando oraciones, cantos y costumbres gastronómicas propias de la temporada.
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Al concluir la novena, el 24 de diciembre, la celebración adquiere un carácter especial: muchas familias y comunidades organizan una misa de aguinaldo, vigilia o representación del pesebre, y es habitual el intercambio de regalos y la degustación de platos típicos como natilla, buñuelos y galletas.
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Este cierre no es abrupto, sino que constituye una transición natural hacia la Nochebuena, consolidando el sentido de espera activa y de encuentro que caracteriza a la tradición, según las recomendaciones de la Conferencia Episcopal de Colombia.

El origen de la Novena de Aguinaldos se remonta al siglo XVIII, cuando Sor Clemencia de Jesús Caicedo ideó un texto para acercar a los niños al misterio del nacimiento de Jesús.
Las oraciones, redactadas por Fray Fernando de Jesús Larrea, se difundieron rápidamente y fueron adaptándose a las particularidades de cada hogar y región. Con el paso del tiempo, la novena trascendió su dimensión estrictamente religiosa para convertirse en un evento intergeneracional, donde abuelos, padres y niños comparten no solo plegarias, sino juegos, villancicos y gestos de solidaridad.
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El esquema recomendado para rezar la Novena de Aguinaldos en 2025 sigue un orden litúrgico y pastoral que busca preservar la riqueza teológica y comunitaria de la práctica. Cada jornada inicia con la señal de la cruz y una breve invocación: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.
A continuación, se recita la Oración para todos los días, un texto clásico atribuido a los liturgistas colombianos, que se repite en cada sesión y resume la intención de preparar el corazón para la Navidad. Tras esta oración, se reza tres veces el Gloria al Padre.

El momento central de cada noche lo constituye la lectura y consideración del día, que varía en función de la fecha y aborda episodios y personajes vinculados al nacimiento de Jesús. Por ejemplo, el primer día se dedica al ángel Gabriel como mensajero de la esperanza, mientras que el noveno día, el 24 de diciembre, se centra en Jesucristo como fuente de paz y esperanza. Este ciclo temático permite que cada jornada tenga un matiz propio, acompañando el proceso de espera y reflexión.
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Después de la consideración, se rezan oraciones específicas: una a la Virgen María, acompañada del Ave María; otra a San José, junto al Padre Nuestro; y finalmente, la oración al Niño Jesús, que cierra el bloque espiritual.
Entre estas plegarias, se intercalan los gozos o letanías, estrofas cantadas o recitadas que expresan el anhelo por la llegada del Salvador. El estribillo “Ven a nuestras almas, ven, no tardes tanto” se repite con entusiasmo, acompañado frecuentemente de palmas, panderetas y maracas.

La música ocupa un lugar central en la novena. Villancicos tradicionales como “Campana sobre campana”, “Los peces en el río” o “El burrito sabanero” se entonan al inicio o al final de la jornada, creando un ambiente festivo y participativo. La Conferencia Episcopal de Colombia subraya que la novena debe trascender la mera repetición ritual y traducirse en gestos concretos de caridad, reconciliación y solidaridad, como visitar enfermos o compartir con quienes no tienen compañía para rezar.
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Cabe resaltar que este esquema puede adaptarse según las costumbres familiares o regionales, pero su secuencia ayuda a mantener la profundidad espiritual y el sentido comunitario de la celebración.
Durante los nueve días, la disciplina diaria y la participación activa de todos los asistentes —ya sea en familia o en comunidades— refuerzan la experiencia espiritual y cultural de la Navidad en Colombia.
El uso de recursos impresos o digitales facilita el seguimiento correcto de la novena, especialmente para quienes la rezan por primera vez. La práctica concluye con la celebración de la Nochebuena, en el que la oración se funde con la fiesta y la convivencia, recordando que la Navidad es, ante todo, un tiempo de espera compartida y de esperanza renovada.
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