
La reciente captura de alias Castañeda en el Quindío ha vuelto a centrar la atención en la lucha contra el crimen organizado en Colombia.
Identificado como presunto miembro y potencializador del grupo delincuencial La Cordillera, la detención del sindicado representa un golpe relevante para las estructuras criminales que operan en varias regiones del país.
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Las autoridades lo vinculan al delincuente con actividades de narcotráfico y lo señalan por su presunta responsabilidad en la emisión de órdenes para cometer homicidios selectivos dirigidos contra la fuerza pública.
El operativo que permitió la captura de alias Castañeda se llevó a cabo en el Quindío, una zona donde el Ejército Nacional de Colombia ha intensificado acciones para frenar el avance de organizaciones criminales.
Aunque no se han divulgado detalles específicos sobre la fecha o el desarrollo exacto del procedimiento, la detención se desarrolló en los esfuerzos continuos de las fuerzas de seguridad para desarticular redes delictivas con presencia en el eje cafetero y otras regiones.

Alias Castañeda es señalado como un potencializador dentro de La Cordillera, un grupo delincuencial organizado con influencia en distintos departamentos; su presunta relación directa con esta estructura lo ubica como una pieza relevante en la cadena de mando y ejecución de actividades ilícitas, lo que refuerza la importancia de su captura para las autoridades encargadas de la seguridad y el orden público.
El historial delictivo atribuido a alias Castañeda abarca las regiones de Tolima, Risaralda y Caldas, donde habría consolidado su accionar criminal. En estos territorios, se le asocia con el control de operaciones vinculadas al narcotráfico, lo que habría permitido a La Cordillera expandir su alcance y consolidar rutas para el tráfico de estupefacientes.
Así las cosas, con la detención de alias Castañeda, las autoridades buscan frenar la expansión de actividades ilícitas y reducir los riesgos para la fuerza pública, en un contexto donde el control territorial y la violencia asociada al narcotráfico continúan siendo desafíos prioritarios para la seguridad nacional.

La Cordillera, una de las estructuras criminales con mayor presencia en el Eje Cafetero
Frente a ello, es importante mencionar que La Cordillera es un grupo delincuencial organizado (GDO) que se originó en el occidente colombiano, especialmente en el Eje Cafetero, tras la desmovilización de bloques paramilitares y el desplazamiento de redes de narcotráfico.
La génesis del grupo armado se atribuye a exjefes paramilitares que, una vez desarticuladas las AUC, reorganizaron los negocios ilícitos —narcotráfico, microtráfico, extorsión— en ciudades como Pereira y municipios vecinos.
Con el tiempo, pese a capturas y esfuerzos de la fuerza pública, la estructura criminal ha logrado adaptarse mediante facciones, lo que le ha permitido mantenerse como actor relevante del crimen organizado en la región.

En cuanto a su estructura y modus operandi, las autoridades la definen como una organización jerarquizada que controla territorios urbanos y rurales para gestionar rentas ilícitas.
Las actividades principales de esta estructura criminal incluyen el microtráfico de estupefacientes (en barrios populares), el narcotráfico de mayor escala (con rutas hacia el exterior), homicidios por encargo para ajustar cuentas o eliminar rivales, extorsiones a comerciantes y ciudadanos, y el manejo de negocios fachada como lavado de activos.
Esta multiplicidad de negocios le ha permitido generar altos ingresos y ejercer control social y territorial, al mismo tiempo que ha generado una grave afectación para la población civil en las zonas donde opera.
Respecto a sus impactos sobre la seguridad, La Cordillera ha sido señalada como responsable del significativo aumento de homicidios selectivos, de la intimidación a líderes sociales y del desplazamiento forzado en municipios del Eje Cafetero.
Por ejemplo, en 2025 se documentó en Pereira un repunte notable de asesinatos atribuibles a disputas internas entre facciones de la banda. Así mismo, la estructura criminal ha usado su influencia para infiltrar economías lícitas (usura, apuestas, negocios locales) como mecanismo de control y de lavado de dinero, situación que complica su erradicación.
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