
Mario Mendoza, uno de los escritores más reconocidos de Colombia, vuelve a poner sobre la mesa debates sobre la psicología de la violencia, la literatura y la sociedad contemporánea, a propósito de la edición especial de su novela Satanás. La obra, publicada originalmente en 2002 y galardonada con el premio Biblioteca Breve de Seix Barral, narra la historia de Campo Elías Delgado, excombatiente de Vietnam que en 1986 cometió la conocida “masacre de Pozzetto” en Bogotá.
Durante una entrevista con el diario El Tiempo, Mendoza recordó cómo la escritura de Satanás le llevó 15 años de trabajo intenso, plasmando en cuadernos escolares cada detalle de la novela que hoy se publica en una edición ampliada con textos adicionales del autor.
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“Me demoré mucho escribiéndola. Más de lo que debía. No solo porque era joven e inexperto, sino porque no sabía cómo se llamaba ese tipo de asesino. Campo Elías no era un asesino serial, no tenía un patrón fácil de determinar”, afirmó Mendoza.

El escritor explicó cómo la definición de asesinos como Campo Elías evolucionó con el tiempo, mencionando que fue después de la masacre de Columbine en 1999 que los psiquiatras comenzaron a utilizar el término síndrome de Amok, aplicado al “spree killer” o asesino itinerante.
Mirada crítica al canon literario
Mendoza destacó la importancia del entorno social en la génesis de este tipo de criminales: “Antes se decía: el tipo es un psicótico, un enajenado, un paranoico con visos esquizoides. Al señalarlo y nombrar una patología se le ponía ‘por fuera de’, mientras todos los demás estábamos bien. Pero el síndrome de Amok dice que tenemos una corresponsabilidad y ahí el asunto ya no es tan sencillo. Nos lleva preguntarnos qué hubiéramos podido hacer para no conducir al sujeto hasta donde lo llevamos”.
Su relación personal con Campo Elías Delgado añade un matiz más íntimo a su reflexión, pues Mendoza compartió años de universidad con Delgado en la Javeriana y reconoció un sentimiento de culpa: “Me afectó mucho porque pensé: si algo hubiera sido distinto, ¿él hubiera actuado de otro modo? Incluso he intentado recordar cómo era yo entonces, si era empático, si era afectuoso. Porque yo estaba en unas condiciones de juventud muy difíciles. Me había endurecido mucho y era distante, apartado. Bogotá es una ciudad que termina machacándote y en la que se necesita usar un caparazón como mecanismo de defensa”.

Para Mendoza, la ciudad es un personaje más de la novela. Bogotá aparece como un espacio duro y caótico que impacta a todos los protagonistas: “Crecí en una generación que seguía guardando un complejo de inferioridad con respecto al primer mundo. Existía el mito de París, que las generaciones anteriores de escritores lo habían cumplido a carta cabal. Pero rápidamente me di cuenta de que eso no funcionaba de ese modo”.
Literatura que refleja la época actual, según Mendoza
Agregó al medio citado que: “Si hoy en día uno quiere ser moderno, no se va a escribir a Barcelona, ni a París, ni a Nueva York. Uno mira hacia la ciudad del tercer mundo. Ya no es que algún día, si hacemos aquí las cosas bien, nos vayamos a parecer a Suiza. Es al revés: nosotros no vamos hacia allá, ellos vienen hacia acá. Europa cada vez se parece más a Bogotá. Estados Unidos ya tiene un millón de nómadas que viven en trailers. Si es así, si estamos en esa desmesura, nosotros vamos adelante y el primer mundo está atrás”.
Mendoza también habló de la intención de escribir sin someterse al canon académico: “Yo venía de la academia, había sido profesor, respetaba las normas. Precisamente escribiendo Satanás me di cuenta de que el canon era muy acartonado. Entonces dije: ¿qué hago? De alguna manera tenía que matar al que había sido. Matarme a mí mismo. Si quería ser verdaderamente creativo, tenía que ir contra el canon. De lo contrario iba a crear una escritura muy elegante, distinguida, bien vestida, pero eso no era lo que buscaba. Yo quería entrar en la desmesura de la época. La novela gráfica, el cómic, el rap, el melodrama televisivo”.

El escritor aseguró que la novela sigue siendo vigente porque refleja la psicología al límite y la capacidad humana para atrocidades inducidas por la presión social: “Si el mundo hubiera mejorado, Satanás sería un dato del pasado. Pero no. Hoy es más vigente que nunca”. Mendoza enfatizó que el aumento de los tiroteos masivos y la violencia global muestran que la línea de entropía no tiene freno y que la sociedad enfrenta un momento crítico.
Con la nueva edición de Satanás y el estreno de la serie de Netflix Estado de fuga 1986, Mendoza reafirma su intención de llegar a todo tipo de lectores y de mostrar cómo la literatura puede explorar los límites de la condición humana. Para él, la obra sigue siendo un espejo inquietante de nuestra época: una época donde la violencia, la tecnología y la obsesión por el que dibujan un panorama inquietante y desafiante.
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