
La investigación sobre la desaparición de dos ciudadanos ecuatorianos en Mazarrón, España, apunta como principal sospechoso a Carlo P., un migrante colombiano que vivía de okupa en una vivienda de esta localidad murciana (sureste del país ibérico).
Los cuerpos descuartizados de las víctimas fueron hallados ocultos bajo una cama en un zulo construido en el inmueble. Las autoridades exploran la hipótesis de un móvil económico y buscan determinar si hubo más personas implicadas en los hechos, según reportó El Español.
En España, el término okupa se refiere a aquellas personas que ocupan viviendas de manera ilegal, sin el consentimiento del propietario.
Estos ocupantes suelen aprovechar viviendas vacías o deshabitadas y, en ocasiones, organizan colectivos o movimientos para hacer de la okupación una forma de vida alternativa o protesta social.
En el caso de Carlo P. esto no solo conecta con esta realidad sino que, según la información recogida en el mismo informe del diario español, revela cómo su experiencia en el sector de la construcción facilitó la creación de un escondite para los cuerpos.
La Guardia Civil inició la investigación tras la desaparición de José Patricio Chango Heredia y Edwin Guillermo Cambal Chicaiza. Las primeras pistas surgieron tras localizar el automóvil de una de las víctimas, un Citroën C5, en posesión de una familia de etnia gitana.

Las pistas que se han hilvanado tras el doble crimen de dos hombres ecuatorianos en España
Los agentes identificaron a estas personas gracias a un tiquete de compra hallado en el interior del vehículo, y que fue registrado en un restaurante de comida rápida en Murcia.
Uno de los testimonios clave reveló que el coche fue adquirido a Carlo tras hacerse pasar por un familiar de José Patricio. “Durante su declaración facilitaron el móvil del vendedor”, según fuentes próximas a la investigación citadas por el medio.
La reconstrucción de los hechos indica que Carlo P. residía en Mazarrón desde el año 2022, después de una estancia previa en Madrid.
Ofrecía servicios de albañilería y pequeñas reformas, y, de acuerdo con declaraciones de fuentes al diario español, “iba ofreciéndose a la gente para hacer pequeñas obras y chapuzas para conseguir dinero”. Tal y como en Colombia lo haría un maestro de obra, o llamados de forma popular como “rusos”.
Varias fuentes sugieren que el colombiano frecuentaba salones de apuestas y tenía antecedentes de altercados en locales de la zona.
La operación culminó cuando la Policía Judicial logró vincular a Carlo con la desaparición de los ecuatorianos, luego de haber interceptado sus comunicaciones. Tras su ingreso en prisión preventiva por otro delito, las autoridades obtuvieron la autorización judicial para llevarlo a la vivienda de la calle Salvias, donde finalmente se hallaron los restos humanos.
El medio local pudo establecer que los restos humanos que ubicó la Guardia Civil estaban debajo de una cama, en “una especie de zulo construido para ocultar dos cuerpos que estaban descuartizados”. Así se le conocen en ese país espacios ocultos y cerrados dispuesto para esconder ilegalmente cosas o personas secuestradas.

Experiencia en el sector de la construcción, clave para ocultar los dos cuerpos en Mazorrón
Fuentes próximas a la investigación confirmaron que “una capa de arena, cemento y losas cubría los cadáveres”, lo que evitó que los vecinos de la zona, mayoritariamente jubilados extranjeros, detectaran olores sospechosos. Según la reconstrucción del medio español, Carlo compartía la vivienda con otras personas y la utilizaba como punto de venta de bebidas y comidas preparadas de manera ilegal.
La hipótesis principal sobre el móvil del doble crimen vincula el suceso con razones económicas.
Diversas fuentes apuntan a que las víctimas, ambos trabajadores de la construcción, habrían cobrado en metálico el mismo día de su desaparición y pasaron por varios locales de apuestas antes de contactarse con Carlo.
“Pudieron coincidir con el colombiano en algún local donde fueron a tomarse una cerveza o a hacer una apuesta”, declaró una de las fuentes. “Les pudo ver que llevaban mucho dinero encima y los llevó hasta su casa para robárselo”, añadió otro testimonio recogido por el portal informativo desde España.
Las investigaciones siguen abiertas para esclarecer si Carlo actuó en solitario o contó con la colaboración de sus compañeros de vivienda.

La Guardia Civil mantiene líneas de investigación para determinar si otras personas participaron en el asesinato o en la ocultación de los cuerpos.
Todavía no se ha confirmado de manera oficial la identidad de los restos mediante pruebas de ADN, aunque los familiares de los desaparecidos asumen que corresponden a José Patricio, de 43 años, y Edwin Guillermo, de 32 años.
La comunidad latinoamericana residente en Mazarrón ha organizado una colecta para financiar la repatriación de los cuerpos a Ecuador. El evento solidario busca alcanzar los 9.000 euros necesarios para cubrir los gastos funerarios y de traslado, una muestra del impacto humano que ha generado este suceso.
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