
Quinientos menores continúan desaparecidos en Colombia, de acuerdo con un reciente informe de la Universidad Manuela Beltrán.
El reporte, basado en cifras del Instituto Nacional de Medicina Legal, señala que este grupo representa aproximadamente el 60 % de las desapariciones registradas entre enero y junio de 2025.
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En ese periodo se reportaron 837 casos de menores desaparecidos, lo que equivale a un caso cada cinco horas. Solo 333 niños y adolescentes han sido encontrados con vida (39,7%), mientras que en cuatro casos las autoridades hallaron a las víctimas sin vida (0,4%).
La institución educativa destaca que la mayoría de los casos afecta a niñas: 564 de los registros corresponden a mujeres, en comparación con 273 varones. Esto significa que siete de cada diez desapariciones de menores en el país son de mujeres.

El informe también detalla el rango de edades más golpeado por este fenómeno. Entre los 12 y los 17 años, se presentaron 747 desapariciones, lo que evidencia la vulnerabilidad particular de los adolescentes. Los registros para la primera infancia (0 a 5 años) ascienden a 47, y para niños de 6 a 11 años, a 43.
El análisis publicado por la Universidad Manuela Beltrán cuenta con el respaldo de especialistas en ciencias sociales que señalan diversas causas. El sociólogo Luis Barragán explica que “no son hechos aislados, sino que emergen en marcos culturales específicos y complejos”.
Según el experto, los factores familiares suelen estar relacionados con situaciones como “conflictos por padres separados, disputas de custodia o tensiones intrafamiliares”. En zonas rurales, la desaparición muchas veces se asocia a la presencia de grupos armados ilegales y el reclutamiento forzado; en áreas urbanas, prevalecen circunstancias ligadas al trabajo infantil, la trata de personas y la mendicidad.
Respecto a los riesgos emergentes, el informe señala: “Un factor cada vez más determinante es el uso de redes sociales y videojuegos en línea como canales de captación.

Según Barragán, en estos espacios los menores pueden ser manipulados psicológicamente para abandonar sus hogares, al punto de llegar a casos de trata, explotación o incluso secuestros asociados a mercados ilegales de adopción”, indica el documento.
Prevenir nuevas desapariciones requiere trabajo conjunto entre familia, escuela y comunidad. Las acciones recomendadas incluyen fortalecer la comunicación, generar confianza y estar atentos a la actividad digital de los menores.
En caso de que un menor desaparezca, las autoridades recomiendan acudir a un CAI o contactar a la Policía Nacional a través de la línea de emergencia 123, además de denunciar el caso ante la Fiscalía General de la Nación y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf).
Desaparición más reciente en el país
La desaparición de Valeria Afanador, una niña de 10 años con síndrome de Down, mantiene en vilo a la comunidad de la vereda Río Frío en el municipio de Cajicá, tras cumplirse trece días sin novedades concretas sobre su paradero.

El último registro de Valeria la sitúa dentro de las instalaciones del Gimnasio Campestre Los Laureles, durante el horario habitual de clases.
La falta de respuestas precisas ha motivado una creciente alarma entre familiares y vecinos, mientras las labores de búsqueda siguen activas en la zona.
Según la Fiscalía General de la Nación, el colegio fue el escenario donde se vio a Valeria por última vez. Esta circunstancia ha provocado fuertes señalamientos hacia la institución educativa por parte de la familia y su abogado, Julián Quintana.
El propio representante legal expresó que “debe haber un responsable, el cual, sin duda alguna, es el colegio, desde la rectora hasta el portero, porque ellos son los garantes por su protección y supervisión”.
En torno a las acciones posteriores al hecho, Quintana reportó haber constatado cambios recientes en el área donde se habría producido la desaparición. El abogado afirmó que “los huecos en las rejas por donde se habría podido dar la salida de la niña fueron tapados posteriormente y se instalaron nuevas rejas y rellenos de tierra y escombros”.
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