
El Biomuseo de la Papa Nativa, ubicado en el municipio de Ventaquemada, Boyacá, se consolidó como un referente nacional e internacional para la preservación de la diversidad de este tubérculo.
De hecho, ahora sorprende a visitantes extranjeros con variedades desconocidas en otros lugares del mundo y revitaliza el vínculo del campo colombiano con las nuevas generaciones.
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Así lo dio a conocer un relato periodístico publicado por El Tiempo, medio que accedió a las instalaciones del Biomuseo, en el que campesinos y jóvenes devolvieron a la tierra cerca de 60 variedades nativas de papa, muchas de ellas amenazadas de desaparición.
Judy Briceño, cofundadora del espacio, relató en conversación con el medio que “hay papas que ahora son más resistentes a enfermedades”, de manera que el esfuerzo colectivo permitió que algunas tipologías, antes relegadas al olvido por la expansión de la agroindustria y la estandarización para el mercado, lograran rescatarse tanto en la producción local como en la memoria de la comunidad.
Y aunque el conocimiento sobre las papas nativas que se producen en Colombia es cada vez mayor, y las nuevas investigaciones incluyen más números de especies plenamente nativas y autóctonas en el país, de acuerdo con cifras de Agrosavia, Colombia posee alrededor de 2.900 variedades de papa en su inventario nacional, pero menos de 160 variedades permanecen vivas en el campo, conoció el medio.
La mayoría de estas se cultivan en pequeñas áreas rurales de departamentos como Boyacá y Nariño, mientras otras miles desaparecieron por la preferencia de la industria por papas más uniformes, resistentes y rentables, como la R12, desarrollada para optimizar la producción y la venta a gran escala. Esta tendencia desplazó las variedades tradicionales, a pesar de sus sabores, formas y colores singulares que forman parte del patrimonio de los pueblos andinos.
El surgimiento del Biomuseo, creado durante la pandemia y nutrido del trabajo de hasta cinco generaciones familiares, transformó una finca olvidada en un museo vivo.
Los fundadores establecieron alianzas con universidades y centros de investigación, así como con mujeres rurales, jóvenes y organizaciones campesinas. “El desafío era creer cuando nadie creía”, afirmó Judy Briceño, que destacó la resistencia frente a políticas adversas y la falta de recursos.
Además de conservar semillas, el Biomuseo articuló un modelo de comercio justo junto con chefs y productores, para elevar el precio del bulto de papa nativa hasta cinco veces por encima del mercado tradicional.

“Tú pones la tierra y el abono, nosotros garantizamos la venta”, decían a los agricultores, para incentivar la siembra a través de precios dignos y condiciones estables. En palabras de Briceño, detrás de cada bulto “hay esfuerzo, inversión y tradición”.
Lo que sucede en el biomuseo de la papa
El trabajo va más allá del cultivo. Periodistas del diario nacional informaron que en el Biomuseo se desarrollan talleres, recorridos educativos, experimentos artísticos con pigmentos de papa y, sobre todo, una red de más de 50 familias dedicadas a proteger estas especies y sus historias.
La lista de variedades de papa rescatadas incluye nombres emblemáticos como andina, borrega mora, alca rosa, quincha, balvanera, bandera, criolla manzana, sangre de toro, papita colombiana, ratona y panqueba.
Visitantes de países como Holanda, Francia, Alemania y España expresaron sorpresa al conocer la gama de tubérculos que no existen en sus lugares de origen.

“Nosotros nos creemos expertos en papas, pero estas variedades no existen en nuestros países”, destacaron varios extranjeros tras conocer el Biomuseo. Algunos, fascinados, adquirieron acuarelas elaboradas a partir de pigmentos naturales de papa nativa, por ejemplo.
El proyecto representa para sus impulsores más que un espacio cultural o turístico. Se trata de un acto de soberanía alimentaria y de defensa activa frente a la desaparición de la biodiversidad agrícola nacional. En palabras de los custodios del Biomuseo: “Sin semillas no hay alimento, no hay vida”. Así, la labor colectiva no solo preservó sabores y conocimientos, sino que afianzó la esperanza y la dignidad en el campo boyacense, proyectando el valor de la papa nativa en el escenario internacional.
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