“Cuando la vi y ella me vio, eso fue muy emocionante. Ella se me subió y me lamía la cara. Si no fuera por la Casa de Justicia, yo no hubiera recuperado a Luna”, recuerda Carmen con la voz cargada de emoción, relatando ese momento de reencuentro con su perrita de compañía.
Esta historia gira en torno al caso de Carmen, una mujer mayor residente de la localidad de Suba, Bogotá, que logró recuperar a su perrita Luna después de que otra familia la retuviera, gracias a un proceso de mediación facilitado por la Casa de Justicia de Suba La Campiña.
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Todo comenzó una tarde cualquiera, cuando Carmen, por un descuido, dejó abierta la puerta de su casa. Luna, su fiel compañera durante años, desapareció en cuestión de minutos. La búsqueda se tornó desesperada y mujer recurrió a la ayuda de un vecino, que le permitió revisar las grabaciones de las cámaras de seguridad de su vivienda.

En las imágenes, Carmen identificó a dos mujeres que se llevaban a Luna. Con esta prueba en mano, se dirigió a la familia que aparecía en el video, pero la respuesta fue evasiva: primero negaron tener a la perrita y luego afirmaron que ya no estaba en Bogotá.
La negativa de la otra familia llevó a Carmen a buscar alternativas. Consultó a conocidos sobre dónde podría recibir ayuda y así supo de la existencia de las Casas de Justicia, dependientes de la Secretaría de Seguridad. Tras una búsqueda en Internet, localizó la sede de Suba La Campiña y acudió para exponer su caso. Allí, le recomendaron iniciar una mediación con la otra parte involucrada.
Durante la mediación, Carmen presentó las pruebas: el video y fotografías que demostraban que la otra familia tenía a Luna. Ante la evidencia, accedieron a devolverle la perrita ese mismo día. Carmen describió el momento del reencuentro como “una cosa maravillosa, tanto para ella como para mí”.
“La abogada de la Casa de Justicia, al ver la contundencia de las pruebas, le pidió solo hora y media para gestionar la devolución. Carmen relata: “Cuando la destapé, yo estaba llorando y yo le decía: ‘Ay, mami, aquí estás con tu abuelita, ya cálmate’. Y ella me lamía ”, sumó en su relato la mujer.

El caso de Carmen no es aislado. Según cifras oficiales, las Casas de Justicia de Bogotá han atendido a 2.801 personas que han buscado resolver sus conflictos a través del diálogo, y se han agendado 1.500 casos identificados como susceptibles de solución mediante mecanismos alternativos.
En Bogotá operan 16 Casas de Justicia, cada una con Unidades de Mediación y Conciliación donde los ciudadanos pueden resolver disputas relacionadas con arriendos, deudas o conflictos intrafamiliares, sin costo y de manera más ágil que en la justicia formal.
El acceso a estos servicios es sencillo: cualquier persona puede acudir a la Casa de Justicia más cercana, agendar una cita a través del chat virtual en www.scj.gov.co o escribir al WhatsApp +57 302 3629201. Estos espacios buscan fomentar la convivencia y evitar que los conflictos escalen a instancias judiciales más complejas.
¿Hay sanciones por retener a una mascota ajena?
La historia de Luna y Carmen también pone sobre la mesa el marco legal que protege a los animales en Colombia. Retener la mascota de otra persona constituye un delito y puede acarrear sanciones legales. La Ley 1774 de 2016 establece que los actos dañinos y de crueldad contra los animales, que no causen la muerte o lesiones graves, pueden ser sancionados con multas de 5 a 50 salarios mínimos legales mensuales vigentes. Si la retención implica maltrato, el responsable puede enfrentar cargos penales y sanciones más severas.

En situaciones donde se cause la muerte o lesiones graves a un animal, la ley contempla penas de prisión de 12 a 36 meses, inhabilidad especial de 1 a 3 años para ejercer profesiones u oficios relacionados con animales y multas de 5 a 60 salarios mínimos legales mensuales vigentes. Las penas aumentan si el maltrato se comete con sevicia, en lugares públicos, con la participación o presencia de menores de edad, mediante actos sexuales, o si el responsable es un servidor público.
La normativa colombiana reconoce a los animales como seres vivos y exige que el trato hacia ellos se base en el respeto, la solidaridad, la compasión, la ética y la justicia. La prevención del sufrimiento, la erradicación del cautiverio y el abandono, así como la prohibición de cualquier forma de abuso, maltrato o violencia, forman parte de las obligaciones legales y éticas de quienes conviven con animales de compañía o se relacionan con ellos en su entorno.
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