
En su búsqueda del almuerzo más barato de Bogotá, el creador de contenido y exparticipante de MasterChef Celebrity conocido en redes sociales como Estiwar G visitó el puesto de comidas que, a la salida número siete de Corabastos, vende corrientazos de 3.000, 4.000, 6.000 y 8.000 pesos.
“En este buffet a cielo abierto encuentran pasta, arveja, carne, pescado, pollito, sopa, arroz y ensalada... oh la la”, precisó el influencer, que suele visitar puestos de comida y restaurantes en la zona centro y sur de la capital colombiana.
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Son varias las opciones de “principio” y proteína, así como los tipos de plato que pueden conseguirse en el puesto de comidas, en el que trabaja la feliz pareja. “Los platos van desde 3.000 y hasta 8.000 pesos. Sé que muchos no comerían acá, pero Don Wilson y su esposa ofrecen una opción a aquellos que no pueden comer gourmet”, explicó Estiwar, previendo las críticas que podría recibir el video.
Sin embargo, la respuesta fue positiva y varios de sus seguidores agradecieron que sigan encontrándose opciones de comida por este precio en la capital colombiana: “Literalmente puede ser más sano que los propios restaurantes. Todo se ve bien, cada cosa tiene su olla y está hecho en casa”, “Se ve sabroso”, “Qué bendición, lo que hace esta familia es ayudar a otras personas”, “Solo para buenos conocedores de la zona”, “Gracias a Dios existen estas personas que, en vez de vender para enriquecerse, venden a quienes tienen muy poco”.
Una iniciativa que alimenta corazones y rompe barreras económicas: en Turbo también se consigue un menú del día por 3.000 pesos
En el barrio Primera de Mayo, ubicado en Currulao, una localidad del municipio de Turbo, Antioquia, una mujer adaptó sus necesidades como trabajadora al hacerse independiente y encontró una solución para quienes enfrentan dificultades económicas. Yurany, una emprendedora local, es un pilar en su comunidad, donde ofrece almuerzos completos por tan solo tres mil pesos, un precio que equivale a 70 centavos de dólar. Su iniciativa ha aliviado los bolsillos de muchos, entre ellos el suyo, al generar largas filas de comensales que buscan disfrutar de sus platos caseros.
Yurany comenzó este proyecto tras enfrentar en carne propia las dificultades de acceder a alimentos asequibles mientras trabajaba en un almacén. En aquel entonces, su salario no le permitía costear almuerzos que rondaban los 15.000 o 16.000 pesos colombianos, por lo que recurría a comprar productos de panadería para mitigar el hambre durante la jornada laboral. Esta experiencia la llevó a reflexionar sobre las necesidades de otros trabajadores y a idear una alternativa que pudiera beneficiar a su comunidad.
Inició su negocio con recursos limitados: un kilo de arroz, unas lentejas y media canasta de huevos. Sin embargo, su creatividad y habilidad culinaria pronto atrajeron a más clientes. Uno de los momentos clave de su emprendimiento, recuerda, ocurrió cuando preparó cangrejo guisado con coco, por primera vez; un plato especial que generó tal expectativa que la fila de personas esperando para comprarle daba la vuelta a la cuadra.
“Todo aquí es a tres mil, cualquier comida que se haga”, explicó Yurany, destacando que su objetivo principal es ofrecer alimentos accesibles para todos. Este enfoque ha convertido su pequeño puesto de comida en un punto de encuentro para trabajadores, vecinos y curiosos que buscan una opción económica y deliciosa.

La decisión de Yurany de dedicarse a este negocio también estuvo motivada por su situación familiar. Tras dejar su empleo en el almacén, se enfocó en cuidar de su hogar y de su hijo pequeño. A medida que su hijo crecía, recordó las dificultades que enfrentó para conseguir alimentos asequibles y se inspiró en las historias de otros trabajadores, como un vendedor de paletas que frecuentaba el parque con su hijo y que no podía permitirse comer durante el día.
Esta empatía hacia las necesidades de los demás fue el motor que impulsó a Yurany a crear un espacio donde cualquier persona pudiera acceder a un almuerzo completo sin preocuparse por el costo. Su iniciativa no solo ha tenido un impacto económico, sino también social, al fortalecer los lazos comunitarios y ofrecer un ejemplo de cómo las pequeñas acciones pueden generar grandes cambios.
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