
La final de la Copa BetPlay 2024, disputada entre América de Cali y Atlético Nacional en el estadio Pascual Guerrero, debería haber sido una fiesta deportiva. Sin embargo, lo que debió culminar en alegría y celebración se convirtió en un triste episodio de violencia y caos que empañó el espectáculo futbolístico y dejó una huella de vergüenza en el deporte colombiano.
El marcador global favoreció al conjunto Verdolaga, que ganó la serie 3-1 y logró su séptimo título en esta competencia. Sin embargo, el encuentro de vuelta estuvo marcado por un ambiente tenso desde el inicio, con acciones de juego disputadas y una hinchada local que tenía altas expectativas de remontar el resultado adverso.
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A pesar de los intentos del América de revertir la situación, la solidez defensiva de Nacional y las destacadas intervenciones del portero David Ospina neutralizaron las esperanzas de los escarlatas.
Todo parecía transcurrir dentro de los límites de la competencia deportiva hasta el minuto 85, cuando los desmanes en la gradería lateral del estadio Pascual Guerrero obligaron al árbitro a suspender el partido. Un grupo de personas, identificadas con la camiseta del América de Cali, intentó ingresar al campo de juego a la fuerza, lo que desencadenó enfrentamientos violentos con los miembros de la Policía. En medio del caos, varias personas resultaron heridas, dejando una imagen bochornosa y lamentable para el fútbol colombiano.

Reacciones desde el mundo deportivo
Los incidentes desataron una ola de críticas desde distintos sectores del fútbol profesional colombiano y del periodismo deportivo. Mauricio Silva, reconocido periodista, fue uno de los primeros en manifestarse, proponiendo una “reingeniería profunda” en el fútbol colombiano:
“El FPC hace rato necesita una reingeniería profunda y en todo sentido: árbitros, calendarios, ascenso, descenso, hinchadas, seguridad y un largo etcétera. Parar un semestre, pensar, tomar decisiones de fondo y volver a empezar”, publicó Silva en sus redes sociales.
A esta opinión se sumó Iván Mejía Álvarez, una de las voces más críticas del periodismo deportivo en el país. Mejía no ocultó su indignación y señaló directamente la falta de acción por parte de las autoridades y dirigentes del fútbol colombiano:
“¿Y quién le pone el cascabel al gato, Mauricio? Todos en su zonita de confort, todos eludiendo responsabilidades. Este fútbol da vergüenza y genera mucha tristeza”, expresó Mejía, reflejando el sentir de miles de aficionados y analistas que piden cambios urgentes en la manera en que se gestiona el deporte en el país.

Ante la falta de garantías de seguridad, los jugadores de Atlético Nacional corrieron hacia los vestuarios para protegerse. Allí, lejos del campo de juego, el equipo recibía el trofeo que los consagraba como campeones de la Copa BetPlay 2024. No hubo vuelta olímpica ni celebración en el césped. El título, que debería haber sido un motivo de alegría, estuvo marcado por la amargura de lo sucedido.
Un problema recurrente en el fútbol colombiano
Los actos de violencia en los estadios no son un fenómeno nuevo en Colombia. A lo largo de los años, los enfrentamientos entre hinchadas, la falta de garantías de seguridad y la ausencia de medidas contundentes por parte de las autoridades han deteriorado la imagen del fútbol nacional. Eventos como el sucedido en el Pascual Guerrero reflejan una crisis que trasciende lo deportivo y expone profundas falencias en la organización y regulación del espectáculo futbolístico.

Según expertos en seguridad, una de las principales causas de estos desmanes radica en la falta de control sobre las barras bravas, cuyos integrantes, en muchos casos, actúan al margen de la ley y ven en el estadio un espacio para expresar violencia y vandalismo.
Los eventos del Pascual Guerrero han reabierto el debate sobre la necesidad de reformas profundas en el fútbol colombiano. Desde una mayor regulación de las barras bravas hasta la implementación de tecnologías de vigilancia y protocolos de seguridad más estrictos, los expertos coinciden en que es fundamental actuar de manera inmediata para prevenir que situaciones como esta se repitan.
Como bien lo señaló Iván Mejía, el fútbol colombiano atraviesa un momento de profunda tristeza y vergüenza. La pregunta que queda es si los dirigentes, las autoridades y los propios hinchas estarán dispuestos a dar el paso necesario para transformar el deporte rey en Colombia y recuperar su esencia como un espacio de alegría, pasión y sana competencia.
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