
Para Laura Sarmiento, locutora de La Kalle, 2024 fue un año en el que prácticamente renació. Un accidente en motocicleta estuvo a punto de terminar con su vida.
Meses después, ya recuperada, anunció en diálogo con El Tiempo que iniciará un proceso de indemnización. También recordó los pormenores del accidente y del largo y tortuoso proceso de recuperación.
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Lo que comenzó como un viaje rutinario el 16 de febrero, terminó marcando un antes y un después en su vida, tras sufrir un accidente que no solo afectó su integridad física, sino que también evidenció fallos en el sistema de respuesta ante incidentes viales.
Ese viernes, Sarmiento tomó un servicio de moto a través de una aplicación para llegar a una cita médica, pese a su conocido temor hacia este medio de transporte. Según relata, había sido testigo de tragedias relacionadas con motocicletas durante su etapa como jefe de prensa del Instituto de Tránsito de Boyacá. Sin embargo, la urgencia de no perder su cita la llevó a tomar esta decisión, sin imaginar que terminaría gravemente herida.
“No caí en cuenta de mirar la fotografía del conductor en la aplicación y compararla. Solo revisé que fuera la placa correcta. Se me estaba haciendo tarde, sí o sí necesitaba llegar pronto para no perder esa cita”, señaló.
El accidente ocurrió pocos minutos después de iniciar el trayecto, mientras se desplazaban a gran velocidad por la avenida Boyacá con calle 80. A pesar de sus reiteradas súplicas para que el conductor redujera la velocidad, la moto chocó contra un taxi.
Sarmiento salió despedida, golpeándose contra el pavimento y sufriendo múltiples lesiones. “Recuerdo cada segundo”, narró, aludiendo al impacto que sufrió en diversas partes del cuerpo, agravado por una cirugía estética reciente que la había dejado en recuperación.

“La opción era irnos contra el taxi o meternos entre ese vehículo y la tractomula. En ese momento, el taxista disminuyó la velocidad de su carro un poco, pues íbamos por el carril rápido. Pero insisto, íbamos muy rápido en la moto”, detalla.
Agregó: “Caí sobre mi lado izquierdo, alcancé a girar mi rostro a la derecha y me golpeé en la mandíbula, el cuello, el pecho, los senos, las costillas y el abdomen. Luego, caí para atrás, de espalda hacia el pavimento. Intenté poner los brazos para amortiguar el golpe. Quedé en el suelo como entre dormida y boba. Segundos después, reaccioné”.

Lo que siguió al accidente fue, en sus propias palabras, una odisea. Abandonada en la vía por el conductor de la moto, quien no coincidía con los datos registrados en la aplicación, Sarmiento experimentó la indiferencia de numerosos transeúntes y conductores que la dejaron tendida en el suelo mientras pedía ayuda. La intervención de una mujer fue clave para que finalmente recibiera algún tipo de auxilio.
Sin embargo, la atención médica inicial estuvo marcada por el desdén y la falta de empatía. Una primera ambulancia rechazó trasladarla debido a la ausencia de un Soat válido, lo que prolongó su sufrimiento en el lugar del accidente.
Fue gracias a la insistencia de un amigo periodista y al ofrecimiento del Soat del taxista involucrado que finalmente fue llevada al hospital, aunque el trato recibido en ese proceso estuvo lejos de ser digno.

El accidente dejó a Laura Sarmiento con múltiples heridas, tanto físicas como emocionales, y expuso la fragilidad de un sistema que no garantiza la protección de las víctimas en accidentes de tránsito.
Tras diez días de hospitalización y un largo proceso de recuperación, su experiencia se convierte en un llamado de atención sobre la necesidad de reforzar la regulación del transporte por aplicaciones, mejorar la respuesta de emergencias y promover una mayor cultura de seguridad y respeto en las vías.
La locutora fue clara en que, pasados unos meses, faltan varios trámites, entre los cuales figura una solicitud: “Voy a iniciar un proceso de indemnización, pero no es fácil, desde la inversión que hay que hacer para pagar a un abogado. Me tocaba escoger entre arrancar un proceso legal o autorizar los exámenes, las incapacidades, ir por los medicamentos, hacer las filas, ir al Caps (Centro de Atención Prioritaria en Salud) de Suba, al hospital, etc. A veces, cambiaban las órdenes, lo mandan a uno del Adres a la aseguradora”.
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