
Con todo y que el 38% de la población mundial se ha realizado al menos un tatuaje, la modificación corporal sigue siendo un tabú que afecta la vida de quienes trabajan en esta industria.
Este es el caso de la tatuadora colombiana Leidy Mora, que estuvo a punto de perder su estudio luego de encontrarse con una plaga de extraños huevos color rojos en el local: “Hoy me echaron de mi estudio de tatuajes porque invoqué algo, porque hice cosas malas acá”, o eso es lo que argumentaba el propietario.
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“Hace como una semana, en una esquina del estudio encontré unos huevos rojos y busqué por Internet para saber de qué se trataba y hay muchas razones por las cuales pueden llegar a aparecer... la cosa es que no estaban en las plantas, estaban en la pared”.
Al estar ubicado en una terraza, el estudio se enfrenta a temperaturas altas en el día y bajas en la noche, de ahí que algunos insectos suelan frecuentarlo, pero Leidy hace un aseo profundo cada tres días y fumiga cada dos semanas, para evitar estos problemas.
Pero el fin de semana siguiente al hallazgo, según comentó, “encontramos más en otra esquina y también en el patio; es decir, la parte de afuera del estudio. Era evidente que era una plaga, pero hasta el sol de hoy no sabemos de dónde salió”.
Con la plaga decidieron intensificar sus labores de limpieza y fumigado, pero nada parecía rendir frutos, pues los huevos seguían apareciendo y fue entonces cuando decidió avisar a la administración del edificio:
“Trajeron a un exterminador y él dijo que no era algo normal. Que eran moscas de las que suelen verse en el campo, junto a animales grandes, así que podría tratarse de un episodio de brujería. Entonces, tras el dictamen de quien, se supone, es un experto, me llamó el dueño para preguntarme a quién había invocado y qué cosas malignas había hecho”.

Pero eso no es todo, le indició que al día siguiente debía desocupar el estudio, pues era la única persona en el edificio con “creencias diferentes”, a las que culpó por la plaga o supuesto ritual de invocación.
Incrédula, Leidy trató de explicarle que jamás se había visto relacionada con la brujería y no podía pedirle que se fuera de un día para otro por supuestas creencias que ella no compartía ni ponía en práctica.
“No sé si es el sol excesivo, no sé si venían en una planta. Lo único que sé es que me dijeron que tenía que irme porque ellos creen que hice cosas malas. Pero no es tan fácil, tenemos un contrato, este es mi sustento. Yo puse el estudio encima del lugar en el que vivo porque quiero estar cerca de mi bebé. Invertí mucho dinero para que el estudio se viera como se ve, pero nada de eso le importó”.

Solo cuando Leidy mencionó que involucraría a sus abogados, el propietario cambió de opinión y decidió que podría retomar el tema una vez terminara la fumigación. Y es que, legalmente, Leidy estaba en lo cierto, pues más allá de las suposiciones del arrendatario, en el contrato no hay nada sobre las creencias religiosas que debe o no profesar la persona en el inmueble.
El problema, ocasionado por el diagnostico que el primer exterminador entregó a la ligera, debía ser resuelto por la nueva empresa de fumigación, con una evaluación real de lo ocurrido con los huevecillos rojos.
“No puedo creer que llames a una empresa de fumigación y digan que es brujería, con todo y lo que esto desencadena. Pero no es la primera vez que esto me pasa”, lamentó la experta en tatuaje y es que en repetidas ocasiones ha sido víctima de la estigmatización, contra las personas que como ella han decidido marcar su cuerpo o entregan su vida a la industria del tatuaje y las modificaciones corporales.
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