
Marrón, con una gran cola y del tamaño de una gallina, así es el ave voladora que fue vista en la localidad de Chapinero, el tercer fin de semana de abril del 2024, y despertó inquietud entre los bogotanos, pues, nunca se habían cruzado con un animal semejante.
“Se trata de una Pava de Monte Andina (Penelope montagnii) que habita las montañas andinas desde los 900 MTS hasta los 3900 MTS de altura. También es conocida en varias regiones de Colombia (sobre todo entre la zona cafetera, Valle del Cauca y Cauca) como Guacharaca”, explicó el científico aficionado Óscar Eduardo Vega.
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Esta especie que alcanza los 60 centímetros y los 4.5 kilos vive en las selvas nubladas, en donde se alimenta de bayas, frutos y hormigas, pero, por la altura de Bogotá (2.625 metros sobre el nivel del mar) es posible que haya llegado a la ciudad, huyendo de la deforestación.
“¿Una guacharaca en Bogotá? Acá en Cali hay muchas, pero en Bogotá nunca había visto u oído alguna (son bullosisimas por la mañana)”, “Es una guacharaca... son bien escandalosas y, en mi opinión, son hermosas. Acá en Playa del Carmen nos despiertan con sus gritos”, “Es una guacharaca estrato 6. La urbanización continúa avanzando hacia sus habitas y ellas se están acostumbrando cada día más a la cercanía del ser humano. Es algo que ya no las asusta, como hace 20 años. Si alguna vez tienen la fortuna de ver un ave de estas, protéjanla”.
Desayuno con Guacamayas: en Envigado las aves silvestres han ido acercándose a las torres de apartamentos
En el municipio antioqueño de Envigado, la rutina matutina de los vecinos de un conjunto residencial ha cambiado de manera insólita gracias a la visita diaria de diversas especies de aves, entre ellas psitácidos y pájaros carpinteros, que se ven atraídos por las semillas y nueces que dejan en sus balcones.
Este fenómeno, que ha transformado el desayuno de los residentes en una experiencia compartida con la fauna local, resalta la creciente interacción entre las comunidades urbanas y la vida silvestre circundante.
La iniciativa, que comenzó con algunos habitantes ofreciendo alimento a estas aves en balcones y ventanas, se ha expandido rápidamente por todo el complejo residencial, fomentando un nuevo vínculo entre humanos y especies nativas de la región del trópico, como los loros, las guacamayas y las guacamayetas, que se han acostumbrado progresivamente a la presencia de humanos, perdiendo el temor inicial y permitiendo observaciones de cerca por parte de los residentes.
Estas aves reconocidas por su vistoso plumaje y comportamiento esquivo ahora forman parte del paisaje diario de este municipio, generando una admiración y respeto hacia la biodiversidad local.
Los relatos de los residentes sobre estas interacciones dan cuenta de la transformación de su entorno inmediato, convirtiéndolo en un espacio en el que la naturaleza y lo urbano coexisten de forma armónica.
Los testimonios destacan la creciente familiaridad de las aves, como los pequeños carpinteros que ya se dejan ver más de cerca y se atreven a tomar alimentos directamente de las zonas provistas por los vecinos.
“Somos víctimas y acechados por pájaros carpinteros también (bromea), ahí pueden verlos, dando su paso. Ya se dejan arrimar un poquitico y ahí viene su compañero, son dos. Dan sus brinquitos, le echan mano al cacahuate y adiós pues”.
La comunidad ha respondido con entusiasmo a esta convivencia inesperada, incrementando el número de comederos y compartiendo sus vivencias a través de videos que evidencian el enriquecimiento de la vida cotidiana con la presencia de estas aves.
“Seguimos gozando, disfrutando de esta bella compañía. Ya veo que por allí mucha gente me les está poniendo comida. Me parece fantástico que nos volvamos una colonia con estos bellos animalitos, para verlos en su esplendor”, se escucha en otro de los videos que circulan en redes.
Esta tendencia, refleja una apertura más amplia hacia la sana convivencia con el mundo natural, incluso en espacios predominantemente urbanos. La adaptación de las aves a los ambientes habitados por humanos y la respuesta positiva de los residentes hacia estos visitantes alados ilustra un creciente aprecio y compromiso con la conservación de la fauna local.
La experiencia de este conjunto residencial en Envigado es un ejemplo inspirador de cómo pequeñas acciones individuales pueden fomentar una conexión más profunda con el entorno natural, y señala un camino hacia la integración más significativa de la biodiversidad en la vida urbana.
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