La literatura juvenil argentina reunió en un mismo momento una oferta de nueve libros de romance, fantasía, thriller, poesía y narrativa sobre salud mental, con autores locales que llevaron al centro de sus historias el habla, los paisajes y las emociones del país, según Infobae.
Ese crecimiento se apoyó en una generación de escritores que primero construyó comunidad en redes sociales y después llegó a las librerías con relatos en su propio idioma y desde su propia experiencia. El recorte incluyó voces de 22 años hasta autoras con más de una década de trayectoria editorial.
La apuesta común no pasó por un solo género sino por una misma dirección narrativa: emociones, conflictos y deseos contados con referencias culturales cercanas y una mirada local. Esa diversidad fue del romance íntimo a la fantasía con sistemas de magia propios, del thriller de encierro a la poesía sobre identidad lésbica y a las novelas sobre trastornos de la conducta alimentaria.
Romance y thriller con escenarios cercanos
Agustina Buera regresó con su tercer libro al universo de Nanai, un pueblo costero ficticio inspirado en ciudades litorales argentinas, y retomó personajes de su obra anterior, Los atardeceres que perdimos. La trama siguió a Juana, que llegó a la casa de Tomás después de que su hogar se volvió irreconocible, y narró el nacimiento de un amor lento e inesperado.
Ivana Kasper, comunicadora y referente de promoción de la lectura a través de @hoyestaparaleer, debutó en la ficción romántica con una novela publicada por Editorial Planeta. La historia presentó a Becca y Ethan, dos personajes que debieron reconstruirse tras perder aquello que consideraban esencial, y eligió no describir físicamente a los protagonistas para privilegiar la profundidad emocional.
Pamela Stupia, con más de una década en la literatura juvenil argentina y más de 14 libros, se movió hacia el thriller para adultos jóvenes. Su novela siguió a Amanda en su regreso a Chicago tras la muerte de su abuela, con la desaparición no resuelta de su amiga Rylee y el reencuentro con Cooper, el hermano de ella, como ejes de una trama oscura con tintes románticos.
Fantasía con romance, justicia y sociedades secretas
Anna K. Franco presentó su primera novela de romantasy, publicada por Del Fondo Editorial, con Caleb y Yesir como protagonistas. Él fue un guerrero del norte con una deuda de venganza; ella, una joven criada en un circo itinerante que ignoró el poder que llevaba en la sangre.
La autora dijo, citada por Infobae, que ese mundo fantástico se construyó sobre referentes culturales reales como China, Japón, Egipto, Persia e India. También admitió: “le dio más miedo el público de fantasía que su público fiel”.
Tiffany Calligaris inició una bilogía de fantasía oscura ambientada en la lluviosa Glasgow. Lucero Nieves y Benedict Knight aparecieron como agentes de la Corte de James, una sociedad secreta dedicada a investigar crímenes vinculados con pócimas, ilusiones y alquimia.
Calligaris contó a Infobae que el sistema de magia nació de su fascinación por El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde de Stevenson. También reconoció que el cambio hacia un registro dark academia y temáticas universitarias más complejas le exigió una adaptación en el lenguaje.
Flor Núñez Graiño trasladó su experiencia como abogada penalista a una novela de fantasía legal. Giada Borgelli, alumna estrella de una academia, aspiró a convertirse en Justicia del Rey hasta que la acusaron de asesinato durante el Carnaval de la ciudad y su rival académico, Marco Vessini, terminó como su defensor.
Ese universo, llamado Codexia, combinó magia probatoria, duelos jurídicos y secretos detrás de las máscaras. La autora sostuvo ante la publicación que en ese género el romance fue parte de la historia principal y que la fantasía no podía quedar reducida al escenario de fondo.
Poesía, salud mental y encierro
Florencia Dapiaggi, de 22 años, publicó su segundo poemario. Escrito entre los 18 y los 20 años, el volumen exploró el deseo, la identidad lésbica y la ruptura de tabúes desde el cuerpo, dividido en siete capítulos asociados a emociones y abiertos con citas de Cristina Peri Rossi, Alejandra Pizarnik, Idea Vilariño y María Elena Walsh.
Carolina Sichel convirtió su experiencia con un trastorno de la conducta alimentaria durante la adolescencia en una novela publicada por VRYA. Julieta escondió su dolor bajo sonrisas y mentiras, mientras la presión social y los mandatos de belleza alimentaron una insatisfacción persistente con su cuerpo; su vínculo con Pedro abrió una reflexión sobre la necesidad de compartir los miedos.
Santiago L. Speranza, nacido en 2002 y extenista universitario, presentó su sexta novela con un thriller juvenil de atmósfera claustrofóbica. Morena iba a celebrar sus quince años en una casa quinta alejada de la ciudad, pero una tormenta cortó la señal, el lugar quedó aislado y la cumpleañera desapareció.
Publicado por Editorial El Ateneo, ese libro tuvo alrededor de 240 páginas y quedó recomendado a partir de los 12 o 13 años.
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