Nicolás Maduro (Reuters)
Nicolás Maduro (Reuters)

Caracas (Venezuela) – Con el nuevo plan del presidente Nicolás Maduro para frenar la galopante inflación, los venezolanos se preparan para lo que, según los expertos, podría ser una profunda caída en el caos económico de esta nación de América Latina.

Hace unos días, Maduro destacó el esfuerzo que su gobierno ha estado haciendo para frenar la inflación que ha ido en espiral hacia el 1 millón por ciento, elevando el salario mínimo en más del 3.000 por ciento y devaluando oficialmente el ya casi inútil bolívar en más del 90 por ciento. También dijo en un discurso televisado que la moneda ahora estaría respaldada por la criptomoneda Petro, una moneda virtual vinculada a las reservas petroleras que el gobierno creó en febrero y que los expertos denominaron como farsa.

Pero los analistas señalaron que el plan no soluciona los problemas fundamentales que causan la inflación: la acuñación de bolívares, el colapso de la producción de petróleo y una total falta de confianza en el gobierno.

Pocos venezolanos parecen tener fe en la solución y muchos expresan grandes temores de que solo empeore la situación. En la capital, Caracas, los residentes se apresuran a ir a supermercados y estaciones de servicio desesperados por abastecerse de lo básico. Algunos propietarios de tiendas, que no están seguros de qué cobrar a sus clientes, se preocupan por abrir sus puertas.

Ante la devaluación del bolívar, los venezolanos buscan refugio en bitcoin
Ante la devaluación del bolívar, los venezolanos buscan refugio en bitcoin

La oposición dividida convocó a la ciudadanía a un paro nacional para hoy martes, pidiendo a las empresas que permanezcan cerradas y que la gente salga a la calle.

En un país sumido en una profunda crisis económica, los anuncios del ejecutivo dejaron a la ciudadanía preguntándose qué tanto peor podría ser la situación. Además, muchos temen perder sus empleos ya que la mayorías de las empresas se están apresurando en adaptarse a las nuevas medidas o están pensando en cerrar por completo.

"No entiendo lo que Maduro dijo o lo que está sucediendo, pero todos dicen que las cosas empeorarán", comentaba el domingo Julio Ramírez, un trabajador de 60 años de un supermercado del este de Caracas. "Mañana abriremos pero no sé qué va a pasar después".

Antonio Bastidas, de 48 años, maneja tres restaurantes dentro de clubes privados en Caracas y subrayó que hay el riesgo de que cierren. "Abriremos durante ocho días con los alimentos que ya tenemos, pero no sabemos cuánto aumentarán (de precio) nuestros proveedores, o cuánto estarán dispuestos a pagar los clientes por los platos ahora que tenemos que aumentar los salarios", puntualizó.

"Hemos llegado a un límite. Me entristece por nuestros cientos de empleados. Es deprimente ver cómo el sistema está hundiendo lo que hemos dedicado a crear", agregaba.

Maduro, que culpa a la profunda crisis del país a una "guerra económica" emprendida por Estados Unidos y otros países "imperialistas", está instando a la gente a confiar en él. "Lentamente, lentamente, implementaremos la nueva política y una vez que la entiendas, te va a gustar", decía la semana pasada.

Una mujer contando bolívares antes de comprar comida en un puesto callejero (REUTERS/Marco Bello)
Una mujer contando bolívares antes de comprar comida en un puesto callejero (REUTERS/Marco Bello)

Pero la falta de credibilidad es una de las principales razones por las que los expertos esperan que el plan fracase. Las medidas, dicen, solo pueden ser superficiales mientras el banco central continúe imprimiendo dinero para cubrir los gastos del gobierno, la causa original del problema que ha llevado a la tasa de inflación anual a su punto más alto.

Maduro aseguró que su plan apunta a equilibrar el déficit fiscal del país mediante el aumento de los ingresos a través de mayores impuestos y el aumento de los precios de la gasolina. Pero el éxito parece poco probable, apuntan los especialistas en economía, con la principal fuente de ingresos del país, su compañía petrolera, que produce menos de lo que ganaba hace 3 décadas.

"Lo que el gobierno dio fue una declaración confusa y contradictoria, como la mayoría de las cosas en la Venezuela de hoy en día", afirmó Steve Hanke, profesor de economía aplicada en la Universidad Johns Hopkins y uno de los principales expertos mundiales en hiperinflación. Se desempeñó como asesor del presidente de Venezuela, Rafael Caldera, entre 1995 y 1996.

"Cualquiera que sea el curso de la inflación ahora, continuará después de estas declaraciones. Puede haber volatilidad en la tasa de cambio para un período de transición, pero volverá a su curso normal cuando las personas se den cuenta de que todo fue una estafa",relataba.

Francisco Rodríguez, director de Torino Capital, un banco de inversión en Nueva York que había diseñado un plan para dolarizar la economía del país como parte de la campaña del candidato presidencial Henri Falcón a principios de este año, dijo: "Hay muchos problemas, y graves, con el plan, pero esencialmente piensan que fracasará porque nadie cree que el gobierno vaya a dejar de imprimir dinero. La gente seguirá subiendo sus precios y el gobierno no podrá cumplir con sus promesas".

La gente ya está comprando dólares en el mercado negro un 30 por ciento más caro que el viernes anterior a los anuncios.

Alejandro Díez, dueño de 85 restaurantes de comida rápida y tres fábricas de alimentos en Venezuela, avanzó que abrirá este martes con un aumento del 60 por ciento en los precios y estima varios aumentos de precios en el próximo mes. "Es posible que tengamos que reducir nuestra cantidad de empleados, ahora en 1.800, y que tengamos que cerrar algunos establecimientos. También prevemos una caída profunda en las ventas", apostilló.

Los miembros de la Cámara Venezolana de Centros Comerciales señalaron que estaban sorprendidos por los anuncios. "Estamos esperando más información, pero creemos que será una batalla cuesta arriba para mantenerse con estas nuevas medidas", sostuvo la directora ejecutiva Claudia Itrago.

A medida que los problemas económicos empeoran, las naciones vecinas afrontan un éxodo histórico de migrantes venezolanos que buscan alimentos y refugio. Después de la llegada de decenas de miles de personas, Ecuador y Perú han impuesto en los últimos días nuevas reglas que requieren pasaportes para ingresar, algo de lo que la mayoría de los inmigrantes venezolanos carecen.

Después del apuñalamiento y robo de un comerciante local por parte de venezolanos el pasado sábado, los residentes de la ciudad brasileña fronteriza de Pacaraima expulsaron a los inmigrantes venezolanos de los campamentos improvisados, y luego arrasaron y quemaron sus pertenencias.

El ejército brasileño indicó el domingo que 1.200 venezolanos han regresado a su país luego de que las autoridades sugirieran que lo hicieran por su propia seguridad antes del despliegue de tropas adicionales en el área para mantener la paz. Los residentes de Pacaraima informan que las calles de ciudad ya están vacías.

Maduro, que en mayo ganó unas elecciones en las que algunos países calificaron de fraude, apenas tiene un 20 por ciento de popularidad, según las encuestas. A principios de este mes, fue blanco de un presunto intento de asesinato durante un discurso, cuando unos drones explotaron cerca del escenario donde estaba hablando.

Una docena de personas, incluyendo un joven legislador y dos altos oficiales militares, han sido encarcelados como respuesta. Pero los críticos han arrojado dudas sobre la versión de los hechos del gobierno.

Venezuela, cuya hiperinflación ocupa el lugar 23 en comparación con otros en la historia mundial, es solo uno de los países más problemáticos donde los ceros se han reducido de las monedas. La moneda de Hungría perdió 29 ceros entre 1945 y 1946, y Yugoslavia perdió 27 ceros entre 1990 y 1990, de acuerdo a datos proporcionados por Hanke, el economista.

"Es típico en las reformas cambiarias, pero sino cambias la política monetaria, nada cambia. Es como ir a un cirujano plástico y hacerte un lifting. Estás alterado superficialmente, pero sigues siendo el mismo", aseguró.