Un hombre muestra la pantalla de su teléfono celular con un mensaje falso difundido a través de WhatsApp (Bloomberg / Dhiraj Singh)
Un hombre muestra la pantalla de su teléfono celular con un mensaje falso difundido a través de WhatsApp (Bloomberg / Dhiraj Singh)

Nueva Delhi – En la India, cinco personas fueron linchadas después que en las redes sociales se difundieran rumores de que esos sujetos eran traficantes de niños. Esta fue la última de una serie de linchamientos vinculados a mensajes falsos en las redes sociales que han dejado atónitos a los funcionarios que luchan por controlar la creciente violencia.

Desde mayo, más de una docena de personas han sido asesinadas en la India en una avalancha de violencia alimentada principalmente por el servicio de mensajería de WhatsApp (propiedad de la red social Facebook). La violencia ha sido provocada, en gran parte, por los habitantes de las zonas rurales, algunos de los cuales pueden estar utilizando teléfonos inteligentes por primera vez. Provocados por los falsas reportes de las redes de tráfico de niños o de traficantes de órganos, han atacado a inocentes transeúntes y los han golpeado hasta la muerte.

Los gobiernos de todo el mundo están considerando leyes y controles contra las noticias falsas a raíz de la interferencia rusa en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016 y el aumento del discurso de odio. Tales reacciones han planteado preocupaciones de libertad de expresión. Pero la difusión de noticias falsas, un flagelo global, ha sido particularmente perniciosa en India, donde legiones de usuarios nuevos e inexpertos envían miles de millones de mensajes al día a través de WhatsApp, que tiene más de 200 millones de usuarios en India, su mercado más grande.

Mientras el gobierno del país sopesa qué hacer, las autoridades locales se han visto obligadas a abordar las "fake news" de la mejor manera posible, emitiendo advertencias y empleando métodos de baja tecnología como la contratación de artistas callejeros y "cazadores de rumores" para crear conciencia pública. Uno de esos "cazadores de rumores" fue asesinado por una multitud en el estado oriental de Tripura.

"Estamos tratando de contrarrestar la desinformación mediante campañas agresivas en las redes sociales, WhatsApp y los canales de televisión locales", comentó M. Ramkumar, el superintendente de la policía en Dhule, un distrito en el oeste de la India. Fue allí donde cinco mendigos fueron golpeados hasta la muerte por aldeanos que pensaban que eran jóvenes secuestradores.

"Queremos transmitir el mensaje de que todos los rumores son falsos, no deberían caer en ellos", manifestó Ramkumar.

Recientemente, el equipo de WhatsApp, la compañía de mensajería propiedad de Facebook con sede en Menlo Park (California), ha introducido una nueva función que permite a los administradores de grupos qué miembros pueden publicar mensajes. La empresa también está probando un plan para marcar qué mensajes han sido reenviados, algo que serviría mucho para las elecciones generales de 2019.

"WhatsApp está trabajando en un sistema para indicar a los usuarios qué información ha sido reenviada y proporcionar controles a los administradores del grupo para reducir la propagación de mensajes no deseados en chats privados", comentó el portavoz de WhatsApp, Carl Woog. "También hemos visto a personas usar WhatsApp para luchar contra la desinformación, incluida la policía en la India y medios de comunicación. Estamos trabajando con varias organizaciones para intensificar nuestros esfuerzos educativos para que la gente sepa cómo detectar noticias falsas y engaños que circulan en línea".

A diferencia de Facebook, donde los usuarios pueden ser rastreados y a los que se les puede cerrar su cuenta por publicar contenido que viole los estándares, el contenido en WhatsApp es más difícil de controlar porque sus mensajes están encriptados entre los usuarios. Aún así, los críticos dicen que puede y se debe hacer más en un país donde cientos de miles de personas se conectan por primera vez.

"La policía siempre va a estar perdida porque la escala de uso de WhatsApp va a ser difícil de controlar y no tienen el personal suficiente", comentó Nikhil Pahwa, un experto en tecnología. "La plataforma en sí necesita evolucionar".

Pahwa argumenta que los mensajes reenviados de WhatsApp deben etiquetarse con el número de origen, para que sea más fácil tomar medidas enérgicas contra el uso indebido y desalentar a los usuarios a crear mal contenido.

Mientras tanto, Google anunció que expandirá un programa existente para periodistas en la India que ayudaría a capacitar a 8.000 reporteros, en siete idiomas, y así detectar las noticias falsas que se generan en el "ecosistema de desinformación específico" del país, según cuenta Irene Jay Liu, directora de Google News Lab para la región Asia-Pacífico, el mayor esfuerzo de Google.

Hasta ahora, los intentos del gobierno indio para combatir el problema han sido difíciles. En abril, una circular del Ministerio de Información y Radiodifusión del país, que proponía duras penas para los periodistas que publicaran noticias falsas, se retiró en menos de 24 horas después de numerosas protestas.

En Tripura, tres personas murieron en un episodio violento alimentado por la muerte de un niño de 11 años el 26 de junio. Los rumores que volaban en WhatsApp diciendo que era víctima de los recolectores de órganos fueron reforzados por Ratan Lal Nathan, un líder del partido de gobierno Bharatiya Janata, que se presentó en la casa del niño para alegar que la información que decía que los traficantes de órganos le habían quitado el riñón al niño era falsa. La policía, más tarde, disipó esta ficción, pero el daño ya estaba hecho.

El Departamento de Información y Asuntos Culturales del estado contrató a "buscadores de rumores" para controlar la violencia subsiguiente, incluyendo a Sukanta Chakraborty, de 33 años, un músico al que le pagaban USD 8 al día para viajar de aldea en aldea en una camioneta equipada con altavoces y advertir sobre los peligros de las noticias falsas. Él y otros dos fueron acosados por una turba que les empezaron a tirar ladrillos y palos de bambú en un mercado abarrotado.

"Lo mataron. Le suplicaba a la mafia que solo estaba cumpliendo con su deber. Nadie lo escuchó", dijo Tanushri Barua, esposa de Chakraborty, en una entrevista telefónica. "¿Cuál fue su culpa? Ahora no queda nada".