(NTSB/REUTERS)
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Cuando un agujero se abre, incluso pequeño, de repente, en un avión que vuela a kilómetros de la superficie terrestre, desata fuerzas similares a los huracanes. Todo lo que no está atado vuela hacia la apertura. El viento puede levantar fácilmente a una persona hacia arriba y hacia fuera del avión.

Estos terroríficos episodios son raros, pero cuando ocurren, como pasó en abril en el vuelo de Southwest Airlines que perdió una ventana a más de 6.000 metros de altura y mató a una mujer, parcialmente succionada de la cabina, causan resultados espeluznantes.

"Es por eso que lo llaman una descompresión explosiva", comentó Nora Marshall, una ex investigadora de la Junta Nacional de Seguridad del Transporte que se especializó en la seguridad de la cabina y la supervivencia de accidentes. "Es extremadamente contundente. La diferencia de presión es muy, muy importante".

Desde la década de 1970 hubo al menos media docena de casos en los que las personas fueron expulsadas después de que los aviones, repentinamente, perdieran presión, provocando una ráfaga de aire como resultado de un globo reventado. En un puñado de casos extremos, el avión se estrelló, matando a cientos de personas, después de que las descompresiones afectaran a los controles de vuelo o desintegraran las naves.

Los ejemplos se remontan, al menos, al comienzo de la era del jet, cuando los aviones que vuelan a altitudes cada vez mayores confían en el aire presurizado en la cabina para que la gente pueda respirar. Pero si una apertura repentina en el avión es lo suficientemente grande, crea una violenta tormenta de viento en el punto donde está el aire presurizado.

"Es instantáneo y se mantiene durante un período hasta que la presión dentro del avión se vuelva igual a la presión fuera del avión", dijo Richard Healing, un ex miembro de la junta de NTSB que es presidente de la firma consultora Air Safety Engineering.

El torrente de aire sería más feroz al lado de la apertura, al igual que cuando una persona pone una mano al lado de una boquilla de aspiradora, según cuenta el profesor aeroespacial del Instituto Tecnológico de Massachussets John Hansman.

Hansman estimó que el aire que fluía fuera del vuelo 1380 de Southwest habría generado de 363 a 454 kilos de fuerza. Eso hubiera sido más que suficiente para sacar a Jennifer Riordan, de 43 años, parcialmente fuera del avión antes de que otros pasajeros pudieran traerla de regreso. Un médico forense en Filadelfia, donde el Boeing 737-700 hizo un aterrizaje de emergencia, concluyó que Riordan, un vicepresidente de Wells Fargo & Co en Albuquerque (Nuevo México), murió de un impacto en la cabeza, el cuello y el torso.

"Su cinturón de seguridad la mantenía presionada en las caderas", comentó al New York Post Peggy Phillips, una enfermera retirada que estaba en el vuelo. "El resto de ella estaba fuera del avión", comentó.

La ventana se abrió violentamente cuando una hoja del ventilador en el motor izquierdo, que se había debilitado, se desprendió y provocó que volara el motor, según los investigadores.

Los fabricantes de aeronaves pasaron décadas dominando las enormes fuerzas creadas cuando una cabina presurizada vuela a mayor altura.

Esas fuerzas lisiaron a De Havilland Comet, la primera compañía de jets comerciales, en 1954. En 12 meses se perdieron tres aviones, sus pasajeros y tripulaciones. Los investigadores eventualmetne llegaron a la conclusión de que las tensiones causadas por la presurización en la esquina de las ventanas cuadradas causaban la ruptura catastrófica de sus fuselajes.

En un caso más similar al del otro día, un pasajero del asiento de la venta fue succionado de un McDonnell Douglas DC-10 de National Airlines cerca de Albuquerque en 1973. El motor derecho del avión estalló y afectó al compartimento de pasajeros con la rotura de una de las ventanas.

Según un informe de NTSB, el hombre fue succionado por completo a través de la abertura de aproximada de 25 a 40 centímetros. Él estaba abrochado. Un pasajero sentado al lado del hombre no pudo detenerlo. El cuerpo no fue recuperado en dos años.

Una puerta de carga mal enganchada salió de un avión de American Airlines en 1972 mientras volaba a 3.500 metros sobre Ontario (Canadá), con 67 personas a bordo, según un informe de NTSB del incidente.

La pérdida de presión en la bodega de carga colapsó e hirió a 11 personas. También dañó los cables que controlaban el timón, las aletas del estabilizador y un motor trasero, dificultando aún más el aterrizaje de emergencia en Detroit.

Menos de dos años después del accidente de Ontario, un DC-10 de Turkish Airlines tuvo una pérdida similar de una escotilla de carga con resultados muchos más mortíferos. La puerta se abrió unos 10 minutos después de que el avión despegara de París rumbo a Londres y alcanzara los 3.500 metros, según un informe de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos.

El daño a los cables de control de vuelo hizo que el avión se estrellara en un bosque a las afueras de París. Las 346 personas a bordo murieron, incluidos los pasajeros expulsados cuyos restos fueron hallados a unos 15 kilómetros de distancia del sitio del accidente.

Nueve personas murieron en 1989 cuando un avión de United Airlines se descomprimió poco después de despegar de Honolulu. Una puerta de carga se desprendió a unos 7.000 metros, provocando que el piso de la cabina se derrumbara y arrojara varias filas de asientos. Los pasajeros pusieron a salvo a un asistente de vuelo que estaba aferrado a una pata del asiento, de acuerdo con la NTSB.

Otro ejemplo bien conocido de descompresión ocurrió en 1988 cuando una azafata de Aloha Airlines se desplomó hacia su muerte después de que el techo de su avión, que se había debilitado por la corrosión, se abrió a 7.300 metros. El caso ilustra la rapidez con que ocurren tales eventos.

"Se había ido antes de que alguien pudiera verlo", dijo Marshall.