¿Consumías drogas?, ¿qué opinas del reggaeton?, ¿por qué se fue todo a la basura?

Xavi Escudero (39 años, Terrassa), más conocido como Xavi Metralla, ha vivido desde bien pequeño y de primera mano uno de los fenómenos fiesteros más míticos de España: el boom de la música máquina y su época dorada en el Pont Aeri de Terrassa. Su padre fue uno de los socios fundadores del mítico club, y ya cuando iban al colegio, Xavi y su hermano — DJ Skudero— se pasaban las tardes trasteando con los platos y jugando con las luces de la cabina.

Cuando cumplió los 16, Xavi entró a currar en la discoteca, concretamente en el guardarropas, y fue subiendo poco a poco dentro de la jerarquía del local. De recogevasos a camarero, de camarero a la cabina de luces y, por fin, de tocar las luces a tocar los platos, a convertirse en DJ residente de uno de los locales del momento, un sueño hecho realidad. Hemos hablado con él para recordar esa época gloriosa de la música mákina y saber cómo le van las cosas ahora.

Xavi Metralla gestiona, junto a su hermano, la marca de Pont Aeri en la actualidad
Xavi Metralla gestiona, junto a su hermano, la marca de Pont Aeri en la actualidad

VICE: La música mákina puede parecer algo muy superficial, puro ruido, ¿pero qué es lo que pretende transmitir?
Xavi Metralla: Para mi es una música que te hace desahogar. Si vas con ganas es como ir al gimnasio, acabas reventado y puedes irte a dormir a gusto. A mi me transmite alegría, buen rollo, ganas de fiesta y una potencia que, para bailar, uno tiene que sentirse como en los bailes de las tribus ancestrales. Quizás otro oye el pum-pum-pum y en 10 segundos ya tiene dolor de cabeza, pero para mi es como si sonara la novena sinfonía de Beethoven.

¿Cuál es la receta ideal de un buen temazo máquina?
Una melodía pegadiza, simple y un tema vocal también pegadizo. No es ningún secreto, vaya. La que siempre será recordada será el Flying Free, del cuarto volumen del Pont Aeri, y mira que tardó medio año en funcionar. Era el primer cantado de Pont Aeri, y pensábamos que pasaría desapercibido, pero al cabo de un tiempo empezó a remontar y lo acabó petando.

¿Cómo era una semana dentro del Pont Aeri?
La semana de trabajo empezaba como para todo el mundo, el lunes por la mañana a las 8 en la oficina. Era un curro importante que la gente no siempre apreciaba, pero al final era una jornada completa. Las 40 horas a la semana no te las quitaba nadie, y no teníamos días de fiesta, porque entre semana currábamos en la preparación (la programación, el género de barra, el merchandising y todo eso) y después, de viernes a domingo estábamos en la discoteca.

La gente se piensa que estás de fiesta como el resto, pero tú estás allí trabajando. Un finde en el Pont Aeri era 75% curro y 25% diversión. Estás en una discoteca con los amigos, pinchando, pero tienes que mantener el control, y como en cualquier otro trabajo debes ser responsable y profesional. Acabamos cansados pero contentos, y claro, el lunes tocaba ponerse las pilas de nuevo.

¿Y te ganabas bien la vida?
Sí, tenía mi sueldo como trabajador y si salía algún bolo pues sacábamos algo de más. Era un sueldo normal dentro de la situación de los 90, pero hoy en día sería bueno. Era un trabajo que si funcionaba, te ganabas muy bien la vida, aunque no era barato de mantener. Para que me entiendas, antes los DJ de la zona nos reuníamos los jueves en el Plastik para hacer la compra semanal de vinilos, porque tenía que ser semanal. Quien tenía más tiempo para rebuscar entre los vinilos era quien se llevaba los temas más raros, y piensa que comprábamos unos 15-20 vinilos a 1.000 pelas cada uno.

Las alas del Pont Aeri, un gesto que también traspasó fronteras
Las alas del Pont Aeri, un gesto que también traspasó fronteras

El Pont Aeri siempre tuvo una imagen chunga, relacionada con la violencia, las drogas y los skinheads, ¿era una asociación correcta?
Es cierto que siempre se nos ha relacionado con todo esto, pero Pont Aeri ha tenido menos problemas que muchas otras discotecas que te puedan venir a la cabeza. Lo que quiero decir es que quizás si que la gente tenía la imagen esta, pero la gente venía allí a pasárselo bien. Yo también me compré mi cazadora bomber y llevé el pelo corto, era una moda del momento, pero no creo que más de la mitad de la discoteca llevara esas pintas, y las bomber se dejaban en el guardarropa. La gente, cuando venía por primera vez, venía acojonada por lo que les habían contado, pero cuando salía de la disco se daba cuenta de que no tenía nada que ver con lo que decían por allí. Quien venía una primera vez, después repetía.

“La mákina ya no suena igual, le falta ese no sé qué y el ambiente no es el mismo, no volverá”

La música mákina, a pesar de esa imagen negativa, llegó a sonar en todas las radios y verse en programas infantiles de televisión pública, ¿por qué se fue todo a la mierda?
Esto va a temporadas, a rachas. La situación del país acompañaba mucho en su momento. No había crisis, la gente tenía trabajo, dinero, los negocios funcionaban, y las discotecas eran un negocio que funcionaba muy bien. Antes la gente salía el viernes, el sábado y el domingo, y no hacía cálculos de cuánto podía gastar el fin de semana para ver si llegaba. Cogían 10.000 pesetas y pasaban el finde entero. Si esto ocurriera ahora, la escena reviviría. El boom de la música mákina duró hasta 2001, y tener una discoteca siempre conlleva conflictos: que si el ruido, que si los vecinos… tuvimos que cambiar de ubicación varias veces, pero hasta el 2010 o así la cosa fue bastante bien. Entonces, entre cambios de normativas y el bajón de público, tuvimos que cerrar.

Metralla, dándolo todo ante un público fiel y entregado, como describe a los seguidores de Pont Aeri
Metralla, dándolo todo ante un público fiel y entregado, como describe a los seguidores de Pont Aeri

Has dicho que fue una época irrepetible para lo bueno y para lo malo, ¿qué fue lo bueno y qué fue lo malo?
Lo bueno es que cada sesión se trabajaba mucho y siempre estaba a tope. Abrías las puertas y la sala ya estaba llena. No había que currarse una fiesta especial con DJs internacionales, no hacía falta tanto. Esto era lo bueno, que el negocio funcionaba. Lo malo era más un tema personal, porque para disfrutar de eso te privas de otras muchas cosas. Desde los 16, yo siempre estaba en la discoteca. Esa infancia, esa pandilla del instituto, yo no la disfruté tanto. Ni escapadas, ni vacaciones… yo no tuve esa experiencia. No me arrepiento, porque me lo pasaba muy bien y me llenaba lo que hacía, pero sin duda he perdido una parte de mi juventud.

Las drogas estaban allí en mayor o menor medida ¿pero tú como DJ participabas de eso también?
Yo no, nunca. Muchos de mis compañeros sí que consumían, y conozco a muchos DJ que lo han hecho, pero ellos siempre me han respetado y nunca me han ofrecido nada. Algún cliente a veces te puede ofrecer algo, pero lo rechazas con buenas palabras y ya está. En una discoteca, quieras que no, siempre corren las drogas. Yo, como nunca las he probado, no sé si lo hacen para sentir más la música, para estar más eufóricos o lo que sea.

Ahora montáis revivals y otras fiestas puntuales, ¿cómo ha cambiado el público y el ambiente?
Nuestro público era y es el público más fiel que hay en el mundo de las discotecas. Tenemos seguidores de las fiestas actuales que venían a Pont Aeri cuando yo estaba todavía en la barra. Cuando hacemos una remember, la gente no se lo piensa y con 40-50 años todavía viene. La gente más joven, cuando pinchamos música actual, también responde con la misma fidelidad. La mákina te gusta o no te gusta, y es así para siempre. Eso sí, la mákina ya no suena igual, le falta ese no sé qué y el ambiente no es el mismo, no volverá. Siempre habrá alguien a quien se le vaya la pelota, pero veo un ambiente sano dentro del contexto, ya no se ven caras desencajadas.

El reggaeton ha sido un fenómeno comparable, con un boom igual de pronunciado, ¿qué opinión te merece?
El reggaeton no es música, y a partir de aquí no puedo calificarlo mucho más. Hasta le tengo un poco de odio, porque indirectamente ha hecho daño al sector. Este boom… es una música de tan poca creatividad y calidad que ha hecho bajar un poco el listón del público. Además de los musical, ha creado un ambiente de postureo. No es una música para sentirla, sino para arrimar el culo a alguien.

Antes de acabar la entrevista Metralla me explica que, ahora mismo, el Pont Aeri sería inviable como discoteca, así que abrir de nuevo un local no entra en sus planes, aunque sí en su lista de deseos. "Si viésemos garantías de que la cosa iría bien… Ahora no, pero en el futuro nunca se sabe", deja en el aire.

Publicado originalmente en VICE.com