Los neandertales usaban madera para trabajar, construir… ¿y asesinar?

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In a photo provided by Pomeroy et al., Scientific Reports 2026 shows, views of the fragment of right rib and the two left ribs (a) and the scapula (b) of a Neanderthal found in Shanidar Cave. The roundness of the hole in the scapula suggests it was a spear wound. A discovery in a cave in Iraqi Kurdistan offers a stark testament to the dual nature of Paleolithic life: A 75,000-year-old partial Neanderthal skeleton appears to be humankind’s earliest identifiable victim of death by wooden spear. (Pomeroy et al., Scientific Reports 2026 via The New York Times) -- NO SALES; FOR EDITORIAL USE ONLY WITH NYT STORY NEANDERTHAL SPEAR BY  FRANZ LIDZ FOR NOV. 3, 2026. ALL OTHER USE PROHIBITED. --
In a photo provided by Pomeroy et al., Scientific Reports 2026 shows, views of the fragment of right rib and the two left ribs (a) and the scapula (b) of a Neanderthal found in Shanidar Cave. The roundness of the hole in the scapula suggests it was a spear wound. A discovery in a cave in Iraqi Kurdistan offers a stark testament to the dual nature of Paleolithic life: A 75,000-year-old partial Neanderthal skeleton appears to be humankind’s earliest identifiable victim of death by wooden spear. (Pomeroy et al., Scientific Reports 2026 via The New York Times) -- NO SALES; FOR EDITORIAL USE ONLY WITH NYT STORY NEANDERTHAL SPEAR BY FRANZ LIDZ FOR NOV. 3, 2026. ALL OTHER USE PROHIBITED. --
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Huesos de 75.000 años de antigüedad revelan a la que podría ser la primera víctima identificable de muerte por una lanza de madera.

Nuestra comprensión de la vida de los neandertales ha sido durante mucho tiempo una historia grabada en piedra. Dado que la materia orgánica rara vez sobrevive a los milenios, el registro prehistórico de cualquier innovación menos sólida en gran medida se ha borrado por el avance constante y paciente de la descomposición química.

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Pero una casualidad geológica ahora ayuda a dar un vuelco a esta historia. Entre 62.000 y 40.000 años atrás, los habitantes de un asentamiento junto a un acantilado al oeste de Barcelona desecharon sus herramientas y materiales de construcción de madera en aguas saturadas de carbonato de calcio.

Antes de que la madera pudiera pudrirse, los minerales cubrieron los objetos, y se endurecieron hasta formar mortajas de piedra caliza travertina. Con el tiempo, las fibras vegetales originales han desaparecido y dejado tras de sí impresiones negativas y huecas, moldes fantasmales tan precisos que conservan marcas de herramientas, patrones de vetas y estructuras celulares con una fidelidad sorprendente.

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La historia que surge no es la de una lucha errática por la supervivencia, sino la de una sofisticada tradición de carpintería y diseño de viviendas.

Aun así, un descubrimiento independiente en una cueva en el Kurdistán iraquí ofrece un testimonio crudo de la naturaleza dual de la vida paleolítica: un esqueleto parcial de neandertal de 75.000 años de antigüedad parece ser la primera víctima identificable de la historia de la humanidad que murió a causa de una lanza de madera.

El golpe mortal fue una perforación circular limpia de 1,27 centímetros, que atravesó el omóplato izquierdo y descendió a través de la cavidad torácica en un ataque dirigido que los investigadores describen como un tiro al corazón.

Libby Cowgill, antropóloga de la Universidad de Misuri que no participó en la investigación, especuló que la herida en el pecho fue hecha por una lanza que atravesó la parte delantera del cuerpo y salió por la espalda.

"Si esto fue un accidente de caza, se trató de un día espectacularmente malo en la cacería", dijo.

A sangre muy fría

A pesar de la gravedad de su lesión, el neandertal con la herida de lanza también ofrece una historia de una ternura sorprendente.

Según un estudio publicado en la revista Scientific Reports, los restos incluían una mano derecha casi intacta, un par de costillas izquierdas y seis dientes de un individuo que murió alrededor de los 45 años. Décadas de fuerte desgaste dental indican que este antiguo recolector sufrió una lesión facial catastrófica alrededor de un año antes de su muerte violenta. El traumatismo destrozó un incisivo frontal y desalineó profundamente la mandíbula, lo que probablemente causó un dolor prolongado. Sin embargo, el individuo perseveró.

Emma Pomeroy, osteóloga y paleoantropóloga de Cambridge y autora principal del artículo, sugirió que estas fracturas curadas constituyen un testimonio temprano de la empatía prehistórica. En la sombría realidad de la recolección nómada, superar una lesión de este tipo habría sido casi imposible sin un clan comprometido a conseguir comida y proteger a los miembros vulnerables.

El espécimen fue recuperado de la cueva de Shanidar, un sitio subterráneo que durante mucho tiempo ha respaldado el argumento científico a favor de la cognición compleja de los neandertales. Desde que comenzaron las excavaciones en la década de 1950, la cueva ha arrojado varios esqueletos cuya colocación deliberada sugirió a muchos la presencia de ritos funerarios estructurados.

Sin embargo, la evidencia muestra que este profundo cuidado social existía junto a la capacidad de violencia calculada y cara a cara.

Los investigadores han sabido por mucho tiempo que los neandertales llevaban vidas peligrosas; sus restos con frecuencia presentan fracturas que han sanado. Este tipo de daño se describía tradicionalmente como un percance de caza o un peligro ambiental.

Aun así, la evidencia de conflictos antiguos está muy arraigada. El primer homicidio sospechado en el registro fósil proviene del norte de España, donde los investigadores en el osario de la Sima de los Huesos descubrieron un cráneo de 430.000 años de antigüedad que había sufrido dos fracturas penetrantes y distintas por encima del ojo izquierdo. Las heridas indican que la víctima, un preneandertal, fue golpeada repetidamente durante una confrontación directa.

El evento letal en Shanidar representa otro caso inusual de una lesión infligida por una herramienta fabricada por homínidos. La ausencia de fragmentos óseos destrozados alrededor del orificio en el omóplato llevó a Pomeroy y a sus colegas a la hipótesis de que la víctima fue atacada a corta distancia con una lanza de empuje, en lugar de con un proyectil.

Bruno Maureille, paleoantropólogo de la Universidad de Burdeos en Francia, coincidió en que la herida concuerda con el impacto de un astil de madera afilado. Pomeroy añadió que no hay indicios de que hubiera Homo sapiens presentes en la región en esa época, por lo que la evidencia apunta firmemente a un agresor neandertal.

Esto contrasta con otra víctima de traumatismo neandertal encontrada en el sitio, de aproximadamente 25.000 años más tarde. Los investigadores creen que esta herida, una punción no letal en las costillas, fue infligida con una punta de piedra enmangada. El cambio tecnológico ocurrió en un momento en que el Homo sapiens se expandía por la zona, lo que plantea la posibilidad de que el atacante fuera un humano moderno que utilizó un arma hecha para usarse a distancia.

La historia más reciente de un homicidio prehistórico ha sido recibida con cautela entre algunos expertos. Rebecca Wragg Sykes, arqueóloga de Cambridge, señaló que, si bien el análisis del daño esquelético es convincente, la interpretación aún es debatible.

"No podemos estar seguros de si la herida de la lanza fue accidental o producto de violencia intencionada", dijo Wragg Sykes. La lesión mortal podría haberse sufrido durante una caza mayor, producida por un cuerno de órix o una cornamenta de ciervo. Pomeroy rebatió que el orificio es redondo, mientras que las astas y los cuernos tienden a ser asimétricos o descentrados.

Otros críticos señalan que el movimiento de los sedimentos y la caída de las rocas pueden tallar líneas en el hueso frágil que pueden imitar el golpe de un arma. Además, no es fácil deducir un impacto mortal a partir de un solo hueso de un hombro fracturado.

Fantasmas de un antiguo taller

Los comentaristas modernos de la vida prehistórica a menudo se ven atrapados entre dos extremos idealizados: llorar un idilio perdido y pacífico habitado por antiguos recolectores o respaldar lo que Pomeroy llamó "una caricatura hobbesiana de una existencia brutal y primitiva".

"Las cosas no eran tan sencillas", dijo Pomeroy.

De hecho, el refugio rocoso de Abric Romaní, situado a unos 50 kilómetros al oeste de Barcelona, ofrece una ventana a un mundo neandertal más hospitalario y táctil.

En un estudio publicado este mes en Science Advances, los investigadores dirigidos por Palmira Saladié, arqueóloga del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social en Tarragona, España, documentaron 597 rastros de artefactos de madera a lo largo de 16 niveles arqueológicos.

Los descubrimientos muestran que estos homínidos eran consumidores exigentes del bosque, que seleccionaban maderas distintas con un ojo artesano. La corteza de enebro flexible se moldeaba para crear bandejas y recipientes de almacenamiento, mientras que el denso pino silvestre se tallaba para formar robustas lanzas de empuje.

Uno de los descubrimientos más llamativos es un utensilio parecido a una maza sin paralelo conocido en el registro paleolítico. El garrote de madera presenta un mango claramente definido y una cabeza voluminosa y acampanada que insinúa una capacidad para la ingeniería a la medida.

Los artefactos también muestran que los residentes de Abric Romaní no se limitaban a soportar los elementos; acondicionaban su entorno. Erigieron cortavientos de madera de casi 5 metros de largo para proteger sus viviendas de las corrientes de aire alpinas y organizaron su espacio en distintas zonas domésticas. En los dormitorios, mantenían pequeños fogones intencionales que funcionaban como braseros personales y mantenían a raya el frío nocturno.

Para Francesco D'Errico, paleoantropólogo de la Universidad de Burdeos, observar los moldes rocosos significa darse cuenta de que el gran arco de la domesticidad humana --el impulso de atenuar los elementos, de organizar una habitación, de elegir la madera adecuada para una función-- no comenzó con los humanos modernos.

Él cree que nos hemos consolado durante mucho tiempo con la noción de nuestro refinamiento único, y retratamos a nuestros primos evolutivos como actores torpes que solo conocían la violencia contundente de una roca astillada. Pero, dijo D'Errico, estos hallazgos presentan un mundo pasado de tradición histórica e intimidad social que hoy "solo podríamos imaginar".

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