
Los pececillos de plata, los piojos de los libros y el moho son una realidad, especialmente en los ejemplares de segunda mano. Así puedes lidiar con ellos.
Quizá ya pasó algo de tiempo desde que leíste esa novela favorita. O tal vez hay un libro que siempre has querido leer y por fin tienes tiempo. Te acomodas, abres la portada y ahí está: un bicho diminuto correteando por la página. Luego otro. O ves señales angustiantes de que algo ha estado viviendo en las páginas y se las ha estado comiendo.
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Los piojos de los libros son una realidad. También los pececillos de plata, esos insectitos escurridizos que se sienten atraídos por los materiales ricos en almidón de los libros y sus encuadernaciones. También puede aparecer moho. Así que si compras un libro en una venta de garaje o en una tienda de segunda mano, o si lo recoges de los escalones de una entrada o de una "pequeña biblioteca gratuita", quizá te convenga tomar algunas medidas preventivas.
Lo que nos lleva al congelador.
Logan Spurgeon, el autor de Hinterland y Sourwood, empezó a congelar sus libros después de llevarse varios de una tienda de segunda mano que tenían un olor perceptible. Mientras investigaba cómo quitarles el mal olor, encontró recomendaciones para revisar y congelar los libros para deshacerse de las plagas.
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"Recomendaron revisar entre las páginas y cerca de la encuadernación en busca de evidencia de piojos de los libros, y congelar los libros para matar cualquier plaga, lo que también resultó ser el remedio para los olores", dijo Spurgeon. "Así que al congelador se fueron".
Más tarde publicó un video sobre esta práctica, y le sorprendió la atención que recibió. Algunas personas nunca habían oído hablar de los piojos de los libros. Otros debatían si la congelación de verdad funcionaría.
La respuesta es sí. Kristi Westberg, jefa interina de preservación y conservación en la Biblioteca, Museo de Arte y Jardín Botánico Huntington en San Marino, California, confirma que la congelación es una forma eficaz de lidiar con los insectos de los libros.
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Solemos pensar que cuidar un libro es sencillo: léelo, ponlo en un estante, no derrames tu bebida sobre él. Pero hay mucho más que saber sobre cómo mantener tus libros en buen estado.
Congelar un libro implica más que solo ponerlo junto al helado
Los libros deben colocarse en una bolsa sellada antes de ser congelados. Eso mantiene a los insectos alejados de la comida y evita que se forme condensación al descongelar.
Westberg recomienda dejar los libros en el congelador durante al menos tres días, y hasta seis para mayor precaución. En casos de infestaciones graves, una segunda congelación podría valer la pena, pues los huevos de algunos insectos podrían sobrevivir a la primera congelación y eclosionar más tarde.
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Pero congelarlos solo resuelve una parte del problema. "La congelación se ocupa de las plagas, pero si no solucionas la raíz del problema, podrían volver", dijo Westberg.
¡No guardes tus libros en el garaje!
La humedad es una preocupación especial porque puede fomentar el crecimiento de moho, y el moho y los hongos pueden, a su vez, proporcionar alimento a los piojos de los libros.
El consejo de Westberg es sencillo: evita almacenar libros en áticos, sótanos o garajes, donde la temperatura y la humedad pueden fluctuar. En lugar de eso, busca un ambiente estable con una temperatura de entre 15,5 y 25 grados Celsius y una humedad relativa del 40 al 60 por ciento.
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Para los libros especialmente significativos o valiosos, haz algo más: ponlos en una caja. Guardar un libro en una caja es una manera fácil de prolongar su vida, señaló el conservador de libros Jeff Peachey, dueño de Peachey Conservation en Nueva York.
"Puedes enviar las medidas de tu libro y, básicamente, te envían una caja de pizza plana, de calidad de archivo y hecha a la medida", dijo Peachey, quien recomienda ArchivalBoxes.com. Las cajas se pueden doblar y no requieren adhesivo.
"Es una excelente manera de aislar tus libros de la luz, mitigar algunos cambios ambientales y también simplemente darles cierta protección física, todo en uno", dijo. "Cinco estrellas para las cajas protectoras".
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Antes de comprar un libro de segunda mano, huélelo
En Housing Works Bookstore en el centro de Nueva York, donde las ventas de libros de segunda mano ayudan a financiar los servicios de la agencia sin fines de lucro, el gerente de calidad e innovación, Mike Savage, supervisa a los voluntarios que evalúan cada libro donado.
Los libros con daños evidentes por agua o moho --decoloración, hinchazón, páginas pegadas-- se van al reciclaje en lugar de los estantes, explicó Savage. Pero él tiene cuidado de distinguir los libros dañados por el moho de aquellos con decoloración por daño solar o que desprenden el olor característico de un libro más viejo.
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Para los lectores que intentan notar la diferencia por sí mismos, vale la pena prestar atención a un olor a humedad o similar al moho, en especial si viene acompañado de manchas visibles o evidencia de daño por agua. El olor por sí solo no es una prueba definitiva, pero puede indicar exposición a la humedad. Si un libro usado tiene un claro olor a humedad, sepáralo de tus otros libros.
No todos los libros de segunda mano esconden un problema. Pero para los que sí, la solución está cerca. Solo ve a la cocina.
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