
Científicos analizaron cientos de encuentros entre osos y perros. Los resultados sugieren que los perros no siempre protegen a las personas en la naturaleza.
A internet le encantan las historias de desvalidos, sobre todo cuando el desvalido es un perro enfrentándose a un oso.
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La semana pasada, una bulldog francesa llamada Cassie acaparó titulares por enfrentarse a un oso que atacó a su dueño afuera de su casa en el norte de California. A principios de este año, una husky de 11 años en Connecticut llamada Bella se convirtió en una sensación viral por ahuyentar a un oso negro que parecía a punto de abalanzarse sobre un niño de 6 años, ajeno al peligro, que jugaba en la entrada de una casa en los suburbios. Y Bella siguió los valientes pero mucho más pequeños pasos de Scout, un pomerania de entre 2 y 3 kilogramos que sacó a un invasor ursino de una casa en Columbia Británica el año pasado.
Sale el oso, perseguido por una bola de pelo.
Historias como estas parecen reafirmar un vínculo entre perros y humanos que se remonta al menos a 10.000 años. Pero también ocultan una realidad más complicada. Cuando se trata de encuentros con osos en la naturaleza o cerca de ella, los perros son los agresores en el 54 por ciento de los incidentes, según un estudio reciente realizado por expertos en osos de la Universidad Brigham Young y otras instituciones, y publicado en el Journal of Wildlife Management. En aproximadamente el 36 por ciento de los encuentros, los perros no acudieron en defensa de sus dueños. Y solo lograron alertar a sus dueños de la presencia de un oso en cerca del 9 por ciento de los casos.
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Los osos negros tuvieron 3,6 veces más probabilidades de estar involucrados que los osos pardos, una especie que incluye a los osos grizzly. La mayoría de los perros involucrados eran de tamaño mediano.
Para un oso contemporáneo, un perro es simplemente un pariente de los lobos con los que tiene que competir por recursos en la naturaleza.
"Ha habido una historia muy larga de antagonismo entre esas dos especies", dijo el autor principal del estudio, Tom Smith, profesor de la Universidad Brigham Young y experto en encuentros con osos.
Smith dijo que funcionarios de parques canadienses le pidieron realizar el estudio después de que una pareja y su perro, un border collie, murieran hace tres años a causa de un oso grizzly en un zona remota del Parque Nacional Banff en Alberta.
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Los experimentos controlados con osos, perros y humanos son, por razones éticas obvias, imposibles de realizar. Esa realidad hizo que algunos expertos se mostraran reacios a aceptar las conclusiones del estudio, aunque en general resultan sensatas.
"Soy muy cauteloso respecto a lo que en realidad se puede concluir de estudios tan preliminares como este", dijo John Hechtel, biólogo de vida silvestre retirado del Departamento de Pesca y Caza de Alaska.
Los investigadores sabían en qué se metían a la hora de realizar este tipo de trabajo.
"Esto no es ciencia espacial. Es mucho más difícil que eso", bromeó Lana Ciarniello, científica independiente en Campbell River, Columbia Británica, quien diseñó el Programa Comunitario Bear Smart de esa provincia.
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Ciarniello señaló que en territorio de osos --lugares como Columbia Británica, Alaska, Wyoming y Montana-- la mayoría de los encuentros entre perros y osos no se reportan de manera formal. Los investigadores revisaron a detalle artículos de periódicos, informes de internet, libros y registros gubernamentales en busca de descripciones de encuentros y eliminaron aquellos que no incluían suficientes detalles sobre el desenlace.
Smith, Ciarniello y sus coautores finalmente examinaron 326 encuentros documentados entre perros y osos, ocurridos entre 1901 y 2023. El estudio incluyó principalmente osos negros y pardos, junto con un puñado de osos polares. Cerca de un tercio de los incidentes ocurrieron en zonas de fácil acceso, como las partes accesibles de los parques nacionales o los patios de casas rurales. El resto ocurrió más adentro, en zonas más profundas de la naturaleza silvestre.
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Una lección clara surgió de los números. En el 85 por ciento de los encuentros, los perros no llevaban correa.
"Si tu perro anda sin correa, va corriendo delante de ti. Se mete entre los arbustos. Tiene más probabilidades de toparse con un oso por sorpresa", dijo Ciarniello.
Debido a su rivalidad evolutiva, es poco probable que ese encuentro sea amistoso.
A menudo, los perros también regresan como un "búmeran" hacia sus dueños después de encontrarse con un oso. En 27 de los casos revisados, los perros corrieron de regreso a sus dueños después de encontrarse con un oso. En el 70 por ciento de esos casos, el humano resultó herido.
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El estudio indica que la presencia de un perro no necesariamente hace que una persona esté más segura en la naturaleza, una conclusión que ha provocado la indignación de algunos entusiastas y expertos.
"La gente no se equivoca al tener sentimientos sobre ese estudio", dijo Nils Pedersen, director del Wind River Bear Institute. La organización cría perros de osos de Carelia, famosos por su capacidad de ahuyentar a los osos sin provocar un enfrentamiento mortal.
"Como crecí en Alaska con perros de trabajo, me resulta muy difícil escuchar eso y tomarlo en serio", dijo sobre los resultados del estudio. "Depende de qué tipo de perro sea. Depende de las circunstancias en cada caso".
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Se sabe que ciertas razas de perros, entre ellas el akbash y el perro de montaña de los Pirineos, son eficaces para mantener alejados a los osos, porque son resistentes y territoriales, con un ladrido imponente. Los huskies no son tan eficaces --pese al heroísmo de Bella en Connecticut--, en parte porque tienden a perseguir y pueden provocar a un oso que se está retirando.
En última instancia, "el problema tiene que ver realmente con el control", dijo Smith. "La mayoría de los perros domésticos no están tan bien entrenados". Y, agregó, "no van a pelear tu pelea por ti".
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Hechtel, el biólogo jubilado, se preguntó si las personas realmente cambiarían su comportamiento basándose en los hallazgos del estudio.
"Todo el mundo piensa que su perro es mejor de lo que en realidad es", dijo, "y nadie quiere mantener a su perro con correa todo el tiempo".
Los autores del estudio responden que dejar sueltos a los perros en territorio de osos es potencialmente peligroso para todos los involucrados. Cassie, la bulldog francesa, murió dos días después de su enfrentamiento con un oso en California. Además, dijo Pedersen, los perros sueltos pueden causar molestia para la vida silvestre.
"Si estás en un parque nacional, lugares donde se supone que hay osos, y ni qué decir de alces, uapitíes o venados, no quieres que tu perro ande persiguiendo a estas criaturas, acosándolas", dijo Pedersen. "Eso no es justo".
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