El 'Indio' Solari, leyenda del rock argentino, muere a los 77 años

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El "Indio" Solari, una estrella del rock argentino cuyas letras enigmáticas y voz conmovedora atrajeron a un ferviente público nacional hacia sus himnos que aludían a las aspiraciones no cumplidas de su país, falleció el 5 de junio en su casa de Ituzaingó, al oeste de Buenos Aires. Tenía 77 años.

Su familia informó del fallecimiento en las redes sociales. En 2016, él mismo dijo que le habían diagnosticado la enfermedad de Parkinson, y los medios argentinos informaron que murió de un derrame cerebral.

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Aunque no era muy conocido fuera de Argentina --su banda nunca hizo giras internacionales ni firmó con un gran sello discográfico--, dentro del país, Solari era mucho más que un simple cantante popular. Era un icono tanto de las masas como de la contracultura, cuyas canciones "marcaron a toda una generación de argentinos", escribió el historiador musical Marcelo Fernández Bitar tras su muerte. La fila de personas que esperaban para entrar en la capilla a las afueras de Buenos Aires, donde se encontraba su cuerpo, se extendía por varios kilómetros.

La banda de Solari, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, se convirtió en un "fenómeno casi religioso", escribió Javier Lorca, del periódico español El País, en un obituario. (El nombre, juguetón y sin sentido, venía de la costumbre del grupo de repartir pasteles rellenos de ricotta en sus primeros conciertos en los clubes de La Plata a finales de la década de 1970).

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Las canciones épicas, al estilo de Springsteen, que Solari componía convertían los estadios en multitudes de cientos de miles de personas que se balanceaban y coreaban durante el apogeo de la banda a finales de la década de 1980 y principios de la de 1990. Los conciertos atraían a multitudes tan enormes que empezaron a celebrarse en pueblos apartados para evitar enfrentamientos con la policía.

El público de Solari traspasaba las barreras de clase, pero contaba con seguidores especialmente fieles entre la juventud de clase trabajadora, que adoraba los riffs de guitarra compactos al estilo del rock clásico, los solos de saxofón estridentes y los toques de tango de sus canciones.

La clave de su atractivo era la atención que prestaba a las letras, al estilo de Bob Dylan, que llenaba de personajes de ficción y metáforas esotéricas. Solari, que tenía la cabeza rapada y a menudo llevaba gafas de sol redondas, a veces se comparaba con Dylan, y en una entrevista de 2012 dijo que también lo habían influido poetas de la generación beat como Allen Ginsberg y Jack Kerouac.

Frases de canciones como el potente himno rockero "Ji, Ji, Ji", su mayor éxito; "Un ángel para tu soledad", y "Encuentro con un ángel amateur" aparecían en tatuajes, se imprimieron en camisetas y se gritaron en sus conciertos: "Todo preso es político". "Violencia es mentir". "El lujo es vulgaridad". "Soñás la hoguera donde siempre sos la leña".

Sebastián Ramos escribió en Rolling Stone después de la muerte de Solari que sus palabras y su personalidad resonaron en un público que encontró en sus letras una guía para seguir adelante, en una Argentina que había salido destrozada de siete años (1976-1983) de una brutal dictadura militar, solo para descubrir que el régimen había sido sustituido por un materialismo desalentador con el regreso de la democracia.

Esas letras solían ser acertijos, abiertos a todo tipo de interpretaciones --al igual que la imagen pública deliberadamente reservada de Solari--. "Más de una vez me escuché decir / Que en la resistencia está todo el hidalgo valor de la vida", cantaba en "Encuentro con un ángel amateur". Es una frase de rebelión ambigua.

En una entrevista en 2024, Solari dijo que él no hacía música para que la gente entendiera lo que quería decir, sino para que imaginaran.

Solari no ocultaba que era admirador del demagogo populista Juan Perón, ni su desprecio por el actual presidente de extrema derecha de Argentina y aliado de Donald Trump, Javier Milei. "No sé si un loco-loco", dijo Solari en 2024, "o un loco que es mascarón de proa de algunos intereses". (El gobierno de Milei se negó a permitir que el velatorio de Solari se celebrara en el Palacio del Congreso de la Nación, en Buenos Aires).

Pero sus letras no eran abiertamente políticas. "Todas las tensiones que se diluyen en una conversación política van quitándole misterio", declaró a Rolling Stone. "Uno se va desligando de tensiones que tiene que aplicar en lo que uno hace".

El sociólogo Pablo Alabarces escribió tras la muerte de Solari que "demostró que se podía hacer arte popular con una poesía tan hermética que, sencillamente, o nadie la entendía, o cada uno y una la entendía como le parecía".

Carlos Alberto Solari nació en Paraná, Argentina, el 17 de enero de 1949, el menor de los dos hijos de José Solari, empleado de correos, y Celina Choy.

La familia se mudó a La Plata cuando Solari era niño, y su padre se convirtió en el jefe de la oficina de correos local. Solari recordó más tarde que de chico leía vorazmente, pero era un estudiante indiferente, y estudió brevemente en la Escuela Superior de Bellas Artes de la Universidad de La Plata. Se le conocía como el Indio, porque ese era el apodo del famoso futbolista argentino de los años de la década de 1960, Jorge Solari, con quien compartía apellido.

A mediados de la década de 1970, unos años después de su breve servicio militar, Solari tuvo un encuentro decisivo con Eduardo Beilinson, conocido como Skay, un guitarrista en La Plata. Empezaron a hacer cortometrajes juntos, y ellos mismos se encargaban de la música.

Los dos formaron el núcleo de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, que empezó en un teatro alquilado en 1976 como una "varieté un tanto caótica", tal y como lo describía un artículo reciente de Periodismo de Izquierda. La Plata, una ciudad de provincia, era entonces, a diferencia de Buenos Aires, un hervidero de actividad de bandas de rock.

A mediados de la década de 1980, el grupo grabó dos álbumes que consolidaron su reputación como rockeros de la contracultura: Gulp! (1985) y Oktubre (1986). La dictadura, con sus "desapariciones" forzadas, había terminado, pero Solari se empeñaba en señalar la continuación asfixiante de los excesos capitalistas que vinieron después: "¡Un último secuestro no!", cantaba, "el de tu estado de ánimo, ¡no!".

La banda llegó a grabar siete álbumes más antes de separarse en 2001. Tres años más tarde, Solari formó otra banda, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, con la que grabó cinco álbumes. Su último concierto público fue en marzo de 2017, poco después de que le diagnosticaran el párkinson, y contó con la asistencia de más de 300.000 fans.

Le sobreviven su esposa, Virginia Mones Ruiz, y su hijo, Bruno.

Solari no se disculpaba por mostrarse distante. "El carácter enigmático, misterioso y detonante de la obra", le dijo a Rolling Stone, "está mejor protegido si uno no compite con la obra".

Adam Nossiter ha sido jefe de las corresponsalías del Times en Kabul, París, África Occidental y Nueva Orleans y ahora es redactor de la sección Obituarios.

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