
El estadio de fútbol más grande del mundo, diseñado para parecerse a un tambor vietnamita y con capacidad para 135.000 aficionados, comenzó a tomar forma a las afueras del centro de Hanói en febrero, unas semanas antes de que Estados Unidos e Israel atacaran Irán.
A pesar de la agitación económica mundial provocada por la guerra, y quizá incluso gracias a eso, la construcción del estadio y del desarrollo urbano que lo rodea se ha ampliado y acelerado.
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El gobierno vietnamita está apostando por grandes proyectos para compensar las posibles ralentizaciones económicas ocasionadas por la guerra y los aranceles del presidente Donald Trump. Las grandes empresas favorecidas por el Estado, como Vingroup --que está construyendo el estadio--, están en pleno auge. Lo mismo ocurre con los gigantes industriales extranjeros que han convertido a Vietnam en un centro de exportación, mientras que las empresas más pequeñas luchan por sobrevivir y, a menudo, se ven relegadas a un segundo plano.
"Para las empresas pequeñas como la nuestra, es un reto enorme, es más difícil y no es justo", dijo Pham Thi Mui, de 36 años, mientras metía un edredón de Spider-Man en una bolsa en la fábrica de ropa de cama de su familia, cerca del estadio, en un terreno que pronto será reurbanizado. "Ponemos todo nuestro corazón en lo que hacemos, y somos los primeros en sufrir".
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Esta situación ilustra cómo la guerra en Irán, y las ondas de choque económicas que ha desencadenado, están acelerando una tendencia en Vietnam y en todo el mundo: las grandes empresas encuentran la manera de crecer aún más, mientras que las compañías locales más pequeñas se ven aplastadas por la inflación galopante o la escasez de energía. El gobierno vietnamita y los bancos, que han invertido en exceso en ciertos sectores, sobre todo en el inmobiliario, no han sido de mucha ayuda.
¿Demasiado grande para caer?
Los expertos han expresado optimismo, pero también preocupación, por este ambicioso país de 100 millones de habitantes. El informe más reciente del Banco Mundial sobre Vietnam se refería a un "modelo de crecimiento desigual", en el que las empresas globales impulsan las exportaciones pero generan pocos beneficios locales porque los salarios son bajos y pocas empresas vietnamitas están integradas en cadenas de suministro de mayor valor añadido.
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Jonathan Pincus, economista de la Universidad Fulbright de Ciudad Ho Chi Minh, lo describió como "una economía de dos velocidades". Básicamente, las empresas más ricas casi nunca interactúan con las pequeñas empresas, que representan el 95 por ciento de las compañías del país.
Durante años, las autoridades vietnamitas han reconocido el problema señalando que el desarrollo sostenible requiere una base empresarial nacional sólida. Pero con los líderes del Partido Comunista presionando con fuerza para alcanzar un crecimiento anual del 10 por ciento, y habiendo logrado solo un 7 por ciento en lo que va de año, las autoridades siguen apostando por la expansión a gran escala. La inversión extranjera de gran envergadura se ve como un ascensor para ascender en el partido, y la agitación de los últimos meses no ha hecho más que intensificar el enfoque gubernamental hacia lo grande y lo global.
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Aunque en Hanói hay preocupaciones por la posibilidad de que Washington le imponga sanciones por exportar a Estados Unidos mucho más de lo que compra, Vietnam continúa atrayendo con éxito a empresas que huyen de China, en parte para evitar y eludir los aranceles estadounidenses.
Los datos de transporte marítimo muestran que, en el primer trimestre de este año, el tráfico de contenedores de China hacia Estados Unidos cayó un 14 por ciento, mientras que el de Vietnam subió un 19 por ciento. Algunos de esos envíos podrían ser exportaciones chinas, reetiquetadas o apenas modificadas --algo que el gobierno de Trump ha amenazado con tratar como un intento ilegal de eludir los aranceles--, pero los expertos señalan un cambio más profundo porque las empresas chinas están abriendo más fábricas en Vietnam.
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"La conclusión principal es que Vietnam está ganando cuota de mercado", dijo Soren Pedersen, vicepresidente de SSA Marine, un gran operador portuario mundial.
Al principio, la guerra en Irán parecía amenazar ese cambio. Después de que Irán cerrara el estrecho de Ormuz, la ruta marítima clave para gran parte del petróleo y el gas con destino a Asia, las preocupaciones por las interrupciones en la producción y el transporte dominaron los debates empresariales, hasta que Vietnam encontró un salvavidas en países que ya eran socios económicos consolidados.
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Corea del Sur, la principal fuente de inversión extranjera de Vietnam, aumentó sus exportaciones de petróleo refinado a Hanói en marzo y abril en un 60 por ciento en comparación con enero y febrero, según datos de la aduana vietnamita.
China, otro gran inversionista, también envió 120 millones de toneladas de petróleo refinado a Vietnam en marzo, a pesar de la prohibición declarada públicamente sobre este tipo de exportaciones. Y las importaciones vietnamitas de gas licuado de petróleo (GLP) procedentes de China --una fuente de energía para la industria manufacturera-- se duplicaron con creces en marzo y abril respecto a los dos meses anteriores porque los suministros desde Medio Oriente se redujeron casi a cero.
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A pesar de eso, las empresas locales familiares que necesitan mucha energía para producir alimentos básicos --como los molinos de arroz-- han tenido que cerrar unas horas al día para evitar el aumento de los precios de la electricidad.
Sin embargo, hasta ahora los parques industriales de alta tecnología del norte de Vietnam han tenido menos problemas.
'Nadie nos escucha'
Las empresas más pequeñas son las que se enfrentan a las situaciones económicas más complicadas.
Desde la fábrica de ropa de cama de Mui se pueden ver grúas sobrevolando lo que antes eran tierras de cultivo. Dijo que el costo de los materiales y el transporte, así como las comisiones por usar las plataformas de comercio electrónico, han subido desde que empezó la guerra en Irán. Afirmó que, para poder seguir adelante, su empresa acaba de duplicar el precio de los edredones más económicos.
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Como el gobierno ha obligado a la fábrica a marcharse para dejar espacio al estadio y a un distrito urbano de uso mixto, ella y su familia están desesperados por conseguir un préstamo empresarial o una subvención del gobierno. Dijo que ya han invertido casi 40.000 dólares de su propio bolsillo en el negocio y que agotaron todas sus garantías para los préstamos destinados a una ampliación el año pasado, antes de que se anunciara el estadio.
"Somos pequeños, se supone que deberíamos recibir más apoyo", dijo Mui, señalando que el gobierno ha prometido hacer más por las empresas nacionales. "De hecho, nos tratan cada vez peor en todos los aspectos, mientras que las grandes empresas tienen acceso a préstamos e incentivos fiscales".
Su suegra, mientras se tomaba un respiro de empaquetar mantas, luchaba por contener las lágrimas. "Estamos en lo más bajo", dijo. "Nadie nos escucha".
En general, los economistas coinciden en que Vietnam, al igual que muchos países, se apresura demasiado a favorecer a los gigantes con buenos contactos. Da la bienvenida a las fábricas de inversionistas extranjeros, que generan empleo, aunque ofrecen pocas oportunidades para la innovación local, y apoya a los grandes conglomerados estatales o favorecidos por el Estado, con baja productividad y una elevada carga de deuda.
Los críticos suelen señalar a Vingroup. Se prevé que el estadio y el desarrollo urbano que lo acompaña tengan un costo de 35 millardos de dólares, que se financiarán con deuda pública y privada. Y aunque la filial de vehículos eléctricos de Vingroup, VinFast, registró unas pérdidas netas de 3,9 millardos de dólares el año pasado, la empresa sigue siendo la constructora elegida para una gama cada vez más amplia de proyectos, incluida la primera red de trenes de alta velocidad del país.
En respuesta a unas preguntas enviadas por correo electrónico, Vingroup dijo que la construcción del estadio "no solo satisface las necesidades de los residentes locales, sino que también mejora la infraestructura deportiva nacional de Vietnam, impulsa el desarrollo económico y turístico, y refuerza la posición de Hanói como destino para eventos internacionales".
La empresa negó haber recibido ningún trato especial por parte del gobierno e insistió en que sus niveles de deuda siguen siendo manejables.
Aun así, hay muchos aspectos del balance de la empresa que preocupan a los expertos. Y el dominio de Vingroup es indicativo de problemas profundamente arraigados en la economía de Vietnam.
En su informe, el Banco Mundial detectó niveles de riesgo elevados en la exposición al sector inmobiliario en todo el sector financiero vietnamita. El año pasado, a pesar de las advertencias de los expertos, se invirtió en préstamos inmobiliarios a un ritmo más del doble que en los préstamos industriales y agrícolas, lo que el Banco Mundial calificó como "una mala asignación estructural del crédito".
Esos préstamos, según los economistas, pueden limitar los recursos disponibles para las industrias nacionales productivas.
A unos kilómetros del estadio de Vingroup, Techcom Industry fabrica aspiradoras industriales y otros productos para empresas como DeWalt, una filial de Stanley Black & Decker.
Tran Thi Thuy, de 40 años, fundadora y directora ejecutiva de la empresa, ha creado exactamente lo que los responsables vietnamitas dijeron que querían: una industria nacional sofisticada, integrada en las cadenas de suministro globales. Con 100 empleados, la empresa no es precisamente pequeña, pero sigue viéndose afectada por la geopolítica y la indiferencia de Vietnam hacia todo lo que no sea lo más grande de lo grande.
Los pedidos han bajado un 40 por ciento este año, dijo Thuy, quien culpa a la incertidumbre arancelaria y a la escasa demanda en Estados Unidos. También afirma que, debido a la guerra en Irán, se han incrementado los costos de transporte, energía y plásticos.
Sigue apostando por el crecimiento futuro, pero le ha costado mucho conseguir financiación. Dijo que los bancos vietnamitas exigían demasiadas garantías para préstamos a corto plazo con tasas de interés de dos dígitos. Sus intentos por conseguir crédito de los fondos gubernamentales para pequeñas empresas también acabaron sumidos en la confusión.
"Hay falta de acceso a la información", dijo. "Normalmente, los fondos los gestionan los bancos, así que nos ocultan la información, porque solo quieren conceder préstamos comerciales en beneficio propio".
Hace poco, el Ministerio de Hacienda de Vietnam prometió ayudar, quizá animando a los bancos a conceder préstamos en función de los resultados de las empresas (como es habitual en otros países).
Sin embargo, las grandes empresas extranjeras siguen acaparando los titulares. Samsung dijo hace poco que planea invertir unos 1,5 millardos de dólares en una planta de pruebas de semiconductores al norte de Hanói. Será su primera planta en Vietnam y está previsto que abra sus puertas en 2027.
Tung Ngo colaboró con reportería desde Hanói.
Damien Cave dirige la nueva oficina del Times en Ho Chi Minh, Vietnam, y cubre los cambios de poder en Asia y el resto del mundo.
Tung Ngo colaboró con reportería desde Hanói.
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