
El presidente regresa a Estados Unidos tras una cumbre en China, en la que ambos países trataron de estabilizar sus relaciones económicas y políticas.
El presidente Donald Trump partió de Pekín el viernes, presumiendo acuerdos comerciales para vender aviones, productos agrícolas y otros productos fabricados en Estados Unidos, el principal resultado de su cumbre de dos días con Xi Jinping, el máximo dirigente chino.
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Trump y sus asesores dijeron que China había acordado comprar 200 aviones Boeing, con la posibilidad de vender más, y productos agrícolas por valor de más de 10.000 millones de dólares, así como energía y aparatos médicos. Sin embargo, se dieron a conocer pocos detalles, y los funcionarios chinos no dijeron mucho sobre los compromisos de manera pública.
Al hablar con los periodistas en el Air Force One, Trump dijo que las dos partes no habían hablado sobre los aranceles estadounidenses sobre las importaciones procedentes de China. Comentó que ambos habían discutido la venta de chips avanzados fabricados por empresas como Nvidia, y que los países iban a "hacer mucho comercio".
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"Nuestros agricultores van a estar muy contentos", dijo.
La visita de Trump de esta semana, la primera en casi una década, fue seguida de cerca como un momento crucial para las relaciones entre Estados Unidos y China. Ambos países son rivales geopolíticos, pero siguen profundamente vinculados por una de las relaciones comerciales más rentables del mundo, con cientos de miles de millones de dólares en bienes y servicios que cambian de manos cada año.
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Trump ha criticado desde hace tiempo lo que denomina prácticas comerciales chinas desleales; ha presionado a Pekín para que compre más productos estadounidenses y se ha mostrado abierto a la inversión china. Pero aunque Pekín apruebe acuerdos que permitan a Trump cantar victoria y refuercen su reputación de negociador, es poco probable que alteren la trayectoria de una relación cada vez más adversa.
Aun así, Trump se mostró optimista sobre la relación y los acuerdos alcanzados durante la visita. El viernes, mientras tomaba el té con Xi en un jardín de Pekín, Trump la calificó de "visita increíble".
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"Creo que han salido muchas cosas buenas de esto", dijo Trump. "Hemos alcanzado algunos acuerdos comerciales fantásticos, realmente para ambos países".
Los funcionarios chinos adoptaron un tono más cauto. Cuando se le preguntó si China había acordado comprar más aviones Boeing o productos agrícolas estadounidenses, Guo Jiakun, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, no quiso confirmar ningún detalle. Dijo que Pekín estaba dispuesto a trabajar con Estados Unidos "para poner en práctica el importante consenso alcanzado por los dos jefes de Estado."
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Un funcionario de Boeing remitió una solicitud de comentarios a la Casa Blanca.
Stephen Olson, antiguo negociador comercial estadounidense, dijo que "no se esperaban grandes avances y no se logró ninguno, pero ambos países obtuvieron lo que necesitaban de esta cumbre: un poco de estabilidad adicional".
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Ambas partes habían logrado sus objetivos. Trump salió con acuerdos que podía presumir como "victorias" económicas, mientras que Xi utilizó la reunión para presentar a China "como un competidor de pleno derecho de Estados Unidos, un país que no necesita doblegarse ante las exigencias estadounidenses", dijo Olson.
Funcionarios estadounidenses dijeron el viernes que empezarían a establecer una nueva "Junta de Comercio" para supervisar el asunto, un acuerdo que implicaría que ambos países recortarían los aranceles sobre unos 30.000 millones de dólares en productos.
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Jamieson Greer, representante comercial estadounidense, dijo el viernes en una entrevista con Bloomberg News que el gobierno intentaba dirigir el comercio con China hacia "el tipo de cosas que queremos vender".
Greer dijo que esperaba que China aceptara comprar más productos agrícolas estadounidenses, además de un acuerdo existente de tres años para comprar 25 millones de toneladas anuales de soja. Pekín también renovó las licencias de exportación de algunos mataderos estadounidenses para vender carne de res estadounidense en China.
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Muchos legisladores y funcionarios estadounidenses, entre ellos Greer, han instado a que el comercio con China se centre en sectores menos sensibles que no hagan avanzar las capacidades tecnológicas o militares de China.
"Ya estamos viendo cómo empiezan a cumplir algunas de sus promesas", dijo Greer.
Los funcionarios no han especificado qué concesiones había ofrecido Estados Unidos a cambio de las compras prometidas, si es que había ofrecido alguna. A la pregunta de si el gobierno de Trump aún podría aumentar los aranceles a China, Greer dijo que ambas partes habían acordado que habría "un cierto nivel de aranceles", aunque no quiso dar más detalles.
Para sustituir los aranceles globales anulados por la Corte Suprema en febrero, el gobierno de Trump ha puesto en marcha dos investigaciones comerciales que se espera den lugar a nuevos aranceles sobre China y otras decenas de países este verano.
"Los chinos se fijarán en lo que hacemos allí en comparación con los acuerdos que hemos tenido en el pasado sobre determinados niveles arancelarios, y tendremos que intentar gestionarlo", dijo Greer.
Añadió que ambas partes parecían dispuestas a prorrogar un acuerdo sobre tierras raras, el cual garantiza la continuidad de las exportaciones chinas de estos minerales y expira a finales de este año.
Greer también dijo que las nuevas regulaciones chinas que permiten al gobierno penalizar a las empresas extranjeras por trasladar sus cadenas de suministro fuera de China eran una "gran preocupación" para él. "Intentamos gestionar las diferencias en lugar de agravarlas", dijo.
El viernes, Trump no aclaró con exactitud qué habían discutido los países sobre el destino de los chips de inteligencia artificial de Nvidia. Cuando Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, se unió a última hora al grupo de líderes empresariales estadounidenses que viajaban a Pekín a principios de esta semana, se desataron las especulaciones de que podría haber avances en las ventas de la empresa en China, paralizadas desde hace tiempo.
Aunque el pasado diciembre Trump dio luz verde a la venta a China de uno de los chips más potentes de Nvidia, el H200, el gobierno chino no ha aprobado ninguna venta desde entonces. En su lugar, Pekín ha animado a las empresas tecnológicas chinas a comprar chips fabricados en su país por empresas como Huawei.
Greer dijo el viernes que la decisión de comprar los chips sería "una decisión soberana de China". En el Air Force One, Trump dijo que la cuestión "surgió, y creo que podría pasar algo con eso".
Meaghan Tobin colaboró con reportería.
Ana Swanson cubre comercio y economía internacional para el Times desde la corresponsalía en Washington. Ha sido periodista por más de una década.
Meaghan Tobin colaboró con reportería.
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