
La guerra en Medio Oriente ha perturbado el suministro de petróleo y gas, lo que ha obligado a los gobiernos de todo el mundo a hacer frente a la urgente necesidad de redes eléctricas que puedan soportar futuras crisis.
Pero para muchos países, el impulso para construir redes basadas en energías renovables está creando una nueva dependencia de la tecnología procedente de China.
Las empresas chinas dominan la fabricación de casi todos los componentes de una red moderna, incluidos los paneles solares, los cables de alta tensión, los transformadores y las baterías que almacenan energía para su uso posterior. Incluso antes de la guerra en Irán, estaban expandiéndose en el extranjero, donde ayudaban a los países a construir redes diseñadas para satisfacer la gran demanda de electricidad de la inteligencia artificial.
Durante décadas, China ha invertido cientos de miles de millones de dólares en energía verde, y la ha convertido en la piedra angular de su campaña hacia la independencia energética. También impidió que empresas extranjeras compitieran en grandes segmentos de su mercado nacional, como la fabricación de turbinas eólicas y baterías de coches eléctricos, para garantizar que las empresas chinas pudieran convertirse en gigantes.
Ahora, la guerra con Irán ha puesto al descubierto los riesgos de depender del petróleo y el gas de Medio Oriente. Los países se están dando cuenta de que todos los caminos hacia la energía renovable pasan por China y sus exportadores.
Aunque un alto al fuego entre Estados Unidos e Irán ayude a aliviar las interrupciones en el estrecho de Ormuz, la conmoción ya ha captado la atención de los gobiernos de todo el mundo. Frente a la escasez de energía, están acelerando los esfuerzos para mejorar sus redes eléctricas, lo que les lleva a las puertas de empresas chinas deseosas de abastecerlas.
"Es el momento adecuado para que una conmoción como la guerra en Irán catalice de repente aún más inversión e interés en las energías renovables", dijo Cory Combs, director asociado de Trivium China, una empresa de investigación y asesoramiento.
Las empresas chinas producen en una medida cada vez mayor las tecnologías de energía renovable y almacenamiento en red más asequibles y eficientes, dijo Combs. "No van a competir con China en este momento".
El mes pasado, Filipinas dijo que estaba trabajando para poner en funcionamiento 22 nuevas centrales de energía renovable en cuestión de semanas, con el fin de apuntalar la estabilidad de la red.
Brasil, que ya es uno de los principales destinos de las inversiones chinas en infraestructuras energéticas, licitó a finales de marzo la construcción de nuevas centrales eléctricas, y se espera que lo vuelva a hacer este mes para el almacenamiento en baterías a gran escala.
"Brasil necesita tecnología en este campo, y China tiene mucho que aportar", dijo Larissa Wachholz, socia de Vallya, empresa que asesora a compañías chinas y de otros países que hacen negocios en Brasil. La guerra en Medio Oriente ha sido "un gran recordatorio de que el mundo necesitará aún más energía", dijo.
China es el principal socio comercial de la mayoría de los países del mundo y el proveedor dominante o casi exclusivo de productos esenciales como metales de tierras raras y paneles solares. Pero los gobiernos de Europa y otros países están cada vez más inquietos ante la posibilidad de que esta dependencia pueda socavar su seguridad económica y nacional, especialmente después del año pasado, cuando China cerró gran parte del suministro mundial de ciertas tierras raras.
Las ventas de equipos esenciales relacionados con la electricidad ya están creciendo rápidamente. Los envíos mundiales de baterías utilizadas para almacenar electricidad para una red --un sector dominado por empresas chinas-- casi se duplicaron en los tres primeros meses del año, dijo Matty Zhao, jefa de investigación de petróleo, gas y materiales básicos en Asia-Pacífico de BofA Global Research, una unidad de Bank of America.
"Cuando termine la guerra, los países de todo el mundo seguirán necesitando ampliar su red energética", dijo Zhao.
Los fabricantes chinos de baterías y de equipos de energía renovable ya estaban recaudando dinero en Hong Kong para financiar un impulso en el extranjero, en anticipación de un aumento de la demanda de sistemas de inteligencia artificial, que consumen mucha energía. Pero la guerra ha añadido una nueva urgencia y nuevas oportunidades.
El pasado mayo, Contemporary Amperex Technology Ltd., o CATL, el mayor fabricante mundial de baterías para vehículos eléctricos, desencadenó una oleada de salidas a bolsa con la mayor oferta pública de Hong Kong desde 2021.
Otro fabricante de baterías, Shuangdeng Group, le siguió en agosto. Desde entonces, otras empresas han hecho fila para hacer lo mismo, como Sungrow, que fabrica sistemas de almacenamiento de energía; Ningbo Deye, fabricante de equipos solares, y Sieyuan, que fabrica componentes cruciales para las redes de energía, como transformadores.
Estas empresas ahora están gastando para expandirse más allá de China. En febrero, Sungrow anunció planes para invertir 230 millones de euros (unos 270 millones de dólares) en su primera planta europea, en Polonia, para producir equipos de almacenamiento de energía. En marzo, Hithium, que también ha solicitado salir a bolsa en Hong Kong, firmó una carta de intenciones para construir una planta de baterías de 400 millones de euros en el norte de España.
Desde el comienzo de la guerra, CATL ha observado un aumento de la demanda en Europa de sistemas de baterías domésticas y un interés cada vez más grande en Asia por las baterías de almacenamiento en red, dijo un portavoz de la empresa, especialmente en países con electricidad limitada y poco petróleo nacional. Agregó que la empresa no podía ampliar inmediatamente su capacidad, pero que había acelerado algunos proyectos.
La feroz competencia interna ha empujado a los fabricantes chinos de equipos de almacenamiento de energía y de redes eléctricas a perfeccionar su fabricación, innovar más rápidamente y buscar el crecimiento en el extranjero.
Pekín ha tolerado "una competencia interna brutal que obliga a las empresas a innovar continuamente para mantenerse en el juego", dijo Frank Haugwitz, consultor especializado en el sector solar chino.
Antes, la energía renovable era cara y poco fiable. Era imposible controlar la intensidad del viento y del sol, y la energía llegaba en ráfagas que las redes no podían absorber. Ahora, las baterías y los sistemas de almacenamiento capturan ese exceso de energía y lo liberan cuando se necesita.
Durante años, los elevados costos de las baterías hicieron que los sistemas renovables fueran menos competitivos que los combustibles fósiles. Pero los avances tecnológicos han abaratado los costos; la energía renovable combinada con el almacenamiento está ahora casi al mismo nivel que el costo de los combustibles convencionales, dijo Combs, de Trivium.
Las empresas chinas dominan no solo las baterías y el hardware de la red, sino también, cada vez más, el software que gestiona los flujos de energía. Aunque algunos gobiernos se muestren recelosos de dar a las empresas chinas acceso a sus redes a través del software, es probable que sigan comprando el hardware, ya que tienen pocas alternativas asequibles, dijo Combs.
Las empresas chinas también lideran la fabricación de una nueva generación de productos químicos para baterías que permiten almacenar grandes cantidades de electricidad cuando brilla el sol o sopla el viento, y pueden utilizarse más tarde para alimentar hogares, vehículos eléctricos y centros de datos.
La nueva química utiliza baterías de iones de litio fabricadas con hierro y fosfato, que cuestan un 99 por ciento menos que los materiales a los que sustituyen, el níquel y el cobalto. Las nuevas baterías almacenan un poco menos de energía en el mismo espacio que las antiguas baterías de iones de litio con níquel y cobalto. Para el almacenamiento en red, donde el espacio es una preocupación menor, el tamaño más voluminoso importa mucho menos.
China produce casi todas las baterías de litio-ferrofosfato del mundo, según la Agencia Internacional de la Energía.
Las dos empresas chinas dominantes son BYD, que ha superado a Tesla y se ha convertido en el mayor fabricante de coches eléctricos del mundo, y CATL, el principal exportador de baterías de almacenamiento en red.
Como en otras industrias, el dominio de las empresas chinas en tecnología energética se forjó mediante una intensa competencia en el enorme mercado nacional. China lleva años construyendo infraestructuras de energía renovable y de red eléctrica a una escala que ningún otro país ha igualado. El pasado septiembre, Xi Jinping, máximo dirigente chino, anunció planes para multiplicar por seis la capacidad eólica y solar desde los niveles de 2020, lo que añadiría hasta 3600 gigavatios.
Las fábricas de baterías de CATL son enormes y están muy automatizadas, con una longitud equivalente a seis campos de fútbol colocados de punta a punta. La empresa las está construyendo a gran velocidad para satisfacer la demanda en crecimiento.
En su proyecto más reciente en Yancheng, una ciudad portuaria a unos 320 kilómetros al norte de Shanghái, más de 100 retroexcavadoras, excavadoras y otra maquinaria pesada se movían por un terreno en obra lleno de lodo a principios de este mes.
"Parece que la obra de CATL se está desarrollando muy rápidamente", dijo Luo Lijuan, un barrendero que llevaba un mes apostado en la entrada de la obra. "Cambia todos los días".
Ruoxin Zhang colaboró con reportería desde Yancheng y Xinyun Wu desde Taipéi.
Meaghan Tobin radica en Taipéi, y cubre temas de negocios y tecnología en Asia, con especial atención a China.
Keith Bradsher es el jefe de la corresponsalía de Pekín para el Times. Antes fue jefe del buró en Shanghái, Hong Kong y Detroit, y corresponsal en Washington. Vivió e informó en China continental durante la pandemia.
Ruoxin Zhang colaboró con reportería desde Yancheng y Xinyun Wu desde Taipéi.
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