
Una noche de septiembre, a última hora, en un karaoke del norte de España, dos gigantes del cine español se enzarzaron en una pelea.
Oliver Laxe, cuya obra está nominada a la mejor película extranjera en los Oscar del domingo, se enfrentó a Rodrigo Sorogoyen, antiguo nominado al Oscar. Laxe se había enterado de que Sorogoyen había destrozado su nueva película en una cena privada.
Sorogoyen lo reconoció. No creía que Sirat, la película de Laxe, sobre un padre que viaja con su hijo a través de un infierno desértico marroquí repleto de ravers, fuera muy buena.
Laxe no se preocupó lo suficiente por sus personajes, dijo Sorogoyen, e hizo una mala elección técnica durante una escena crucial. Laxe, que más tarde calificó las críticas como "la cosa más estúpida que he oído", respondió en el bar diciéndole en broma a Sorogoyen que no era un verdadero director.
"Gracias a Dios que tengo seguridad en mí mismo", respondió Sorogoyen. "Porque si no, me matas".
La riña, según dijeron ambos directores en las entrevistas, se trataba de un ligero desencuentro entre contemporáneos con estilos diferentes. Laxe, de 43 años, es un defensor del cine trascendental y sensorial. Sorogoyen, de 44, es un abanderado del realismo.
Sus diferencias artísticas, según los directores y los expertos en cine español, son señal de un cine español plural, sofisticado y maduro, rebosante de vida. Hace medio siglo, la restauración de la democracia en España influyó en el cine español durante décadas. Ahora, según dicen los críticos, el cine español desafía la categorización fácil e incluye voces, estilos e historias diferentes que tienen más libertad para trascender el trauma histórico del país.
El cine español está experimentando un "florecimiento", dijo Jara Yáñez, historiadora del cine y directora de Caimán Cuadernos de Cine, una revista cinematográfica española.
Durante años, tras la muerte del dictador Francisco Franco en 1975, el cine español lidió con la nueva identidad emergente del país, que se beneficiaba de la ausencia de Franco, pero seguía estando definida por él. Los cineastas, especialmente Pedro Almodóvar, pusieron a España en el mapa con una visión transgresora y visceral de una España moderna y recién democratizada que intentaba claramente sacudirse su legado de conservadurismo.
Yáñez dijo que aquellas películas rompieron conscientemente con la censura del franquismo, pero que, al hacerlo, eran inseparables de la transición a la democracia y de la explosión de la nueva vida nocturna, la música y la moda españolas, un movimiento contracultural conocido como La Movida. Cuando, hace unos 20 años, surgió una nueva cosecha de cineastas españoles menos signada por el momento histórico posfranquista, no pudieron encontrar suficiente financiación ni estudios.
En los últimos años, algo cambió. Las subvenciones introdujeron a las mujeres y sus perspectivas en la industria. Las coproducciones europeas y las nuevas plataformas de transmisión en continuo financiaron más películas en una industria más profesional. Una España en transformación creó un mercado más amplio para nuevas historias y voces. "Nosotros teníamos el talento, ellos necesitaban tener los recursos y la confianza", dijo Domingo Corral, quien produjo películas de Laxe y Sorogoyen.
Además de Laxe y Sorogoyen, la creciente ola de cineastas españoles incluye a Carla Simón --que ganó el Oso de Oro de Berlín en 2022 y es conocida por su cine intimista-- y a Albert Serra, cuyas provocativas imágenes, incluidas las de su reciente documental sobre un torero, han recibido aplausos en todo el mundo.
Lo que ellos, y muchos otros, tenían en común, dijo Alauda Ruiz de Azúa, otra miembro de la ola, era la voluntad, en un país profundamente polarizado, de mirar y comprender "al otro".
La película de Ruiz de Azúa, Los domingos, que este año ganó el premio Goya, el máximo galardón cinematográfico español, generó debate público y ventas de entradas por hacer precisamente eso. Una exploración meticulosa de la contemplación de una adolescente sobre convertirse en monja, que evitaba juzgar el sentimiento de vocación a la Iglesia católica, una institución profundamente asociada con la España conservadora. Como resultado, los liberales la calificaron de "película de terror total", dijo, pero otros la vieron como un examen de auténtica tolerancia.
Ruiz de Azúa no se propuso "retratar el zeitgeist" de la sociedad española, un objetivo artísticamente limitante, dijo. En su lugar, trató de ser "rigurosa y respetuosa con las historias reales que conozco, que son historias reales que están ocurriendo ahora mismo en esta sociedad", dijo.
La trayectoria de Ruiz de Azúa, de 47 años, también habla del cambio en la industria cinematográfica española. Al no encontrar trabajo en el cine tras graduarse de la escuela de cine, pasó unos 15 años haciendo anuncios hasta que le llegó su oportunidad.
Dijo que, aunque la proporción de películas españolas dirigidas en 2024 por mujeres seguía siendo "vergonzosa", menos del 30 por ciento, este año había notado que su trabajo era acogido no como una película de mujeres, sino como algo que hablaba a toda España. Se sentía, dijo, "en la mesa de los adultos".
Sorogoyen llevaba años allí. Su despacho de Madrid está decorado con premios españoles e internacionales, y su prestigiosa serie de televisión, Los años nuevos, que sigue la atormentada relación intermitente de una pareja durante una década, causa furor entre los críticos franceses.
Su próxima película, El ser querido, protagonizada por Javier Bardem, es una posible candidata al Festival de Cine de Cannes, junto con la nueva película de Almodóvar. Dijo que, aunque el genio español no es nada nuevo, la industria se quedó rezagada durante décadas a causa de la dictadura, y que ha hecho falta tiempo para que los cineastas de esta generación "maten por fin a sus padres" y dejen que surjan nuevas voces.
"La explosión que ha habido en los últimos cinco años es evidente", dijo Sorogoyen. "Todos esos factores han ayudado".
Este año, Laxe ha sido el rostro del cine español en el extranjero. Natural de Galicia, en el noroeste de España, tiene una figura bíblica, con el pelo largo y suelto, barba y la estatura de un jugador de baloncesto. Los desgarradores giros argumentales de su película Sirat, en la que unos ravers persiguen ritmos a través de un campo de minas en el desierto, la han convertido en la película del año en España que hay que ver, amarla u odiarla. Junto con el gusto de Laxe por los pensamientos profundos y las frases tortuosas, la película lo ha convertido en un pararrayos, objeto de burlas en innumerables memes de Instagram, algunos de los cuales le han parecido graciosos.
Nacido en Francia de padres españoles que trabajaban como jefes de obra, Laxe creció viendo a su padre, fotógrafo aficionado, revelar fotos en el sótano. La familia atravesó tiempos difíciles, cuyo recuerdo aún hace llorar a Laxe. Encontró una salida en "hacer películas, escapar", se abrió camino en la escuela de arte y finalmente siguió a un grupo de poetas a Marruecos, donde se interesó por el misticismo sufí.
Laxe dijo que su nominación al Oscar le otorgaba "legitimidad" a él y a su película. Que se hiciera con un presupuesto importante para España, de más de 7 millones de dólares --y que los españoles llenaran los cines para verla-- era una "señal de madurez" de la industria cinematográfica del país, dijo.
Pero también cuestionó el lugar de su película en esa industria. "Pensemos si mi cine es español o no", preguntó la tarde de los premios Goya del mes pasado, donde sus seguidores se congregaron ante una ventana y le hicieron una foto. Aunque aceptó que era un cineasta español, dijo que Sirat difería del trabajo de sus colegas españoles.
Dijo que incluso las nuevas películas españolas aparentemente progresistas que admiraba técnicamente estaban marcadas por el conservadurismo porque, según él, simplificaban erróneamente la sociedad española a la tensión entre dos fuerzas opuestas. "Quiero trascender la dualidad", dijo.
Laxe dijo que sus contemporáneos, incluido Sorogoyen, seguían lastrados por lo que él define como "costumbrismo", una representación de las costumbres españolas que considera anticuada y de lugar común.
Sorogoyen consideró la categorización "peyorativa" y dijo que él y otros directores españoles se limitaban a contar las historias de la gente que vivía en España.
Pero ambos directores restaron importancia a cualquier animadversión real entre ellos.
Sorogoyen se rió de los rumores de que él y Laxe habían llegado a las manos en el bar karaoke. Laxe dijo que ambos habían bromeado desde entonces sobre la posibilidad de montar una pelea.
Su diferencia artística era "saludable", dijo Laxe. "El ecosistema del cine español es diverso".
Carlos Barragán colaboró con reportería desde Barcelona.
Jason Horowitz es el jefe del buró en Madrid del Times; cubre España, Portugal y cómo vive la gente en Europa.
Carlos Barragán colaboró con reportería desde Barcelona.
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