Reseña de 'Scream 7': Neve Campbell regresa a enfrentar a Ghostface

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La entrega más reciente de la franquicia slasher sirve como una especie de reencuentro para algunos de los participantes más frecuentes del ciclo.

La mezcla de risas y arcadas que causa Scream 7 no es tan disfrutable como otras combinaciones que funcionan bien juntas, pero después de 30 años, esta serie aparentemente imposible de matar no se ha agotado del todo. Esa es la única sorpresa genuina de esta última incorporación a una franquicia que comenzó en 1996 y que ha sido exhumada, reformada y explotada con regularidad, dando lugar a éxitos y fracasos, así como a un serie de televisión derivada, parodias (Scary Movie), convenciones, artículos de promoción y profundizaciones académicas. En términos de género, las películas de Scream se suelen clasificar como películas slasher, aunque la aparente indestructibilidad de la franquicia la alinee con otros muertos vivientes del cine.

Scream 7 llega en medio de una ligera neblina de nostalgia (al igual que su escena inicial) simplemente porque sirve como una especie de reencuentro para algunos de los participantes más frecuentes del ciclo, incluidos el guionista Kevin Williamson y la estrella Neve Campbell. (Ambos se saltaron la sexta entrega, aunque el nombre de Williamson seguía asociado). Por primera vez, Williamson también dirigió esta película (comparte los créditos del guion con Guy Busick), y ha traído consigo a otros amigos, entre los que destacan Courteney Cox, Matthew Lillard y David Arquette. A ellos se une el habitual equipo de apoyo, formado por caras nuevas y conocidas, quienes, en conjunto, cumplen con las tareas usuales de la franquicia: hacer reír, despertar sospechas y morir de formas elaboradamente escabrosas.

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Gran parte de la macabra diversión de la primera Scream fue la agilidad con que el director Wes Craven equilibró los sustos auténticos con el ingenio autorreflexivo del guión inaugural de Williamson. En el momento en que se estrenó la primera película, el género slasher parecía haber entrado en su senectud, pues sus días gloriosos y sangrientos de la década de 1970 habían quedado atrás. Una nueva era del subgénero comenzó poco después de que el personaje de Drew Barrymore contestara el teléfono y un desconocido de voz espeluznante le preguntara cuál era su película de miedo favorita. Puede que esté sola en una casa grande y aislada con grandes ventanales, pero es una mujer moderna y una fan, así que menciona unas cuantas películas, incluida Pesadilla en la calle del infierno de Craven. Y de repente, se acabó todo para ella.

El personaje de Campbell, Sidney Prescott, resultó ser más dura y consiguió vencer, aunque temporalmente, al espeluznante desconocido Ghostface. Ghostface, uno de los villanos enmascarados más icónicos y duraderos del género, se labró un lugar en los anales del terror con un suministro aparentemente interminable de cuchillos bien afilados, una túnica negra y una espeluznante máscara blanca que evoca el cuadro expresionista de Edvard Munch de 1893, El grito. Es difícil mantener a raya a un buen monstruo, así que no es de extrañar que Ghostface vuelva para más matanzas y más batallas con la temible Sidney en Scream 7, que, al mismo tiempo, revisa los grandes éxitos de la franquicia, intenta revitalizar su fórmula y sugiere posibles adiciones futuras.

Los resultados son, alternadamente, divertidos y ligeramente aterradores, aunque nunca realmente sorprendentes. Sidney se ha instalado en Pine Grove, una pequeña ciudad genérica tan pintorescamente anticuada que incluso tiene un cine en su calle principal. (Hay una película de terror en la marquesina, La masacre de Texas, un guiño a otra serie de slashers). Al menos en apariencia, Sidney parece tener una vida feliz, con un marido, Mark (Joel McHale), y una hija adolescente, Tatum (Isabel May). Otros dos hijos están convenientemente lejos, de visita con un pariente, presumiblemente porque son demasiado jóvenes para encontrarse con el tipo de muerte repugnante y entretenida que requiere esta serie. El círculo de amigos de Tatum, en cambio, cumple fácilmente el requisito de edad de las slasher.

Después de un comienzo excesivamente largo y recargado de locura metaficcional, Williamson toma ritmo con una historia que se inspira en la primera película al tiempo que aumenta alegremente su factor repugnante. La sangre fluye con más facilidad que la historia entre los ruidos enervantes, las habitaciones sombrías, las referencias a la cultura pop, los guiños autoconscientes y los personajes desechables, algunos de los cuales aparentemente nunca han visto una sola película de terror o han ignorado (muy mal hecho) las importantes lecciones del género que salvan vidas. En general, los jóvenes son encantadores, aunque gran parte de la diversión de esta película proviene simplemente de ver a Campbell y Cox sincronizarse como versiones de serie B de Joan Crawford y Eve Arden en Mildred Pierce: un par de damas sentadas recordando viejos tiempos entre risas, gritos y el tipo de habilidades que toda mujer debería tener.

Scream 7Clasificada R por ser una película de terror. Duración: 1 hora y 54 minutos. En cines.