
No hay un estudio contundente que pruebe que la leche entera contribuye a la obesidad en los niños. Pero aquellos con sobrepeso podrían optar por opciones bajas en grasa.
El presidente Donald Trump firmó el miércoles una legislación bipartidista que permite a los comedores escolares servir leche entera y leche al 2 por ciento, un paso más hacia el cumplimiento de la promesa del gobierno de "poner fin a la guerra" contra las grasas saturadas.
La medida es el capítulo más reciente de un largo debate sobre si la grasa de la leche es útil o perjudicial para los niños.
Desde 2012, cualquier escuela que participe en el Programa Nacional de Almuerzos Escolares, que ofrece financiamiento federal para las comidas, ha servido solo leche descremada o al 1 por ciento para reducir el riesgo de obesidad y enfermedades cardiovasculares de los niños.
Recientemente, Robert F. Kennedy Jr., secretario de Salud y Servicios Humanos del país, y los miembros de su movimiento Make America Healthy Again (Hagamos a Estados Unidos saludable de nuevo, MAHA, por su sigla en inglés) han defendido la leche entera; las nuevas directrices alimentarias federales publicadas la semana pasada animan a los estadounidenses a consumirla en mayor cantidad.
Los representantes de la industria láctea, que presionaron a favor del cambio, y los legisladores que votaron a favor dicen que no hay pruebas de que la leche entera sea perjudicial para la salud de los niños. Algunos niños pueden preferir la leche con más grasa, por lo que permitir que se sirva en las escuelas podría animarlos a beber más, lo que aumentaría el consumo infantil de los nutrientes que aporta.
Pero no está claro si devolver la leche entera a las escuelas mejorará la salud de los niños, dijeron los expertos en nutrición.
¿Cuál es el debate en torno a la leche?
No hay duda de que la leche aporta nutrientes esenciales, y por eso las organizaciones de la salud han recomendado que los niños de 5 a 8 años consuman hasta dos tazas y media de leche al día, y los de 9 años en adelante hasta tres tazas al día.
Pero los expertos en salud y los legisladores han discrepado sobre qué tipos de leche promover.
Desde 1990, las directrices dietéticas federales sugieren que los niños a partir de 2 años deberían consumir leche desnatada o baja en grasa para limitar el consumo de grasas saturadas. Varias organizaciones sanitarias, como la Academia Americana de Pediatría y la Asociación Americana del Corazón, han respaldado este consejo.
Megan Lott, dietista registrada en la Universidad de Duke y subdirectora de Healthy Eating Research, una organización que ayudó a elaborar las directrices de las organizaciones de la salud sobre lo que deben beber los niños en edad escolar, dijo que las opciones con menos grasa contienen la misma cantidad de nutrientes esenciales --como proteínas, calcio, potasio y vitamina D-- que las leches con más grasa, pero con menos calorías y menos grasas saturadas.
Consumir demasiada grasa saturada puede elevar los niveles de colesterol y, con el tiempo, aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, sugieren las investigaciones. Y consumir un exceso de calorías podría contribuir al aumento de peso en los niños, dijo Lott.
Una taza de leche entera tiene un 80 por ciento más calorías que la leche descremada; contiene 4,5 gramos de grasas saturadas, mientras que la leche descremada solo contiene cantidades mínimas.
La nueva modificación del programa de almuerzos escolares estipula que la grasa saturada de la leche no se tendrá en cuenta en los límites actuales de las grasas servidas en las escuelas. Esto "deja aún más espacio para el exceso de grasas saturadas", dijo en un comunicado el Centro para la Ciencia y el Interés Público, un grupo de vigilancia de la alimentación y la salud que se opuso a la enmienda. Entre el 75 y el 85 por ciento de los niños estadounidenses consumen ya más grasas saturadas de las recomendadas, añadió la organización.
"Desde luego, no queremos que los niños consuman una cantidad abrumadora de grasas saturadas", dijo Steven Abrams, profesor de pediatría de la facultad de medicina Dell de la Universidad de Texas en Austin, quien no participó en la nueva legislación. Pero él apoya la ley, dijo, en parte porque no hay buena evidencia de que beber leche entera conduzca a la obesidad o empeore la salud de los niños con un peso saludable, a pesar de su contenido en grasas saturadas.
De hecho, algunos estudios han observado lo contrario. En una revisión de 2020, los investigadores descubrieron que los niños que consumían leche entera tenían menos probabilidades de padecer sobrepeso u obesidad que los niños que bebían opciones con menos grasa. Investigaciones limitadas también sugieren que el tipo de leche que beben los niños parece tener poco efecto sobre su presión arterial o sus niveles de colesterol en sangre.
La mayor parte de las investigaciones han sido observacionales, lo que significa que no pueden demostrar una relación causa-efecto, y muchos de los estudios no tuvieron plenamente en cuenta otros aspectos de la dieta o la salud de los niños. Pero en dos pequeños ensayos clínicos realizados en Australia, los investigadores descubrieron que los niños que bebieron leche entera durante tres meses no aumentaron más de peso que los niños que bebieron leches con menos grasa.
En Estados Unidos y Canadá se están llevando a cabo varios ensayos clínicos de mayor alcance en los que se comparan los efectos en la salud de los niños de la leche entera con otras opciones más bajas en grasa. Lott dijo que esperaba que ayudaran a zanjar este debate.
¿Qué tipo de leche es mejor para mi hijo?
El mejor tipo de leche para un niño depende de su estado de salud. Si su hijo tiene más de 2 años y un sobrepeso significativo, "entonces las calorías importan", y la leche descremada o al 1 por ciento podría ser una mejor opción, dijo Abrams. Pero para la mayoría de los niños, dijo, cualquier tipo de leche pasteurizada sin endulzar está bien. (Los niños nunca deben consumir leche sin pasteurizar o cruda, añadió, porque hacerlo conlleva el riesgo de enfermedades transmitidas por los alimentos).
La leche con más grasa puede ser mejor para los niños que tengan un peso inferior al normal, dijo Lott. Un pediatra o un dietista pueden ofrecer consejos individualizados, añadió.
El consumo de leche entre los niños estadounidenses se ha reducido significativamente en las últimas décadas, y en su lugar han estado tomando más refrescos, bebidas deportivas y otras opciones azucaradas, dijo Abrams. Esto es preocupante, añadió, porque la leche es una fuente importante de calcio, vitamina D y proteínas. Si permitir la leche entera en las escuelas hace que los niños beban más leche, eso podría mejorar su salud, dijo.
Pero Lott lamentó que la nueva legislación hubiera contribuido más a mejorar la salud de los niños si hubiera eliminado las leches saborizadas de las escuelas, ya que contribuyen al exceso de azúcares añadidos en la dieta infantil. Tal cambio estaría respaldado por mejores pruebas, dijo.
"No hay razón para que necesiten leche con chocolate, vainilla o cualquier otro sabor", dijo.
Alice Callahan es reportera del Times, donde cubre nutrición y salud. Tiene un doctorado en nutrición de la Universidad de California, campus Davis.
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