
Las fuerzas de seguridad han abordado autobuses, registrado teléfonos e interrogado a personas, en busca de pruebas de que celebraron la captura de Nicolás Maduro.
Funcionarios del gobierno encabezaron el martes la marcha de una gran multitud de venezolanos por Caracas, la capital, para exigir la liberación de Nicolás Maduro, el presidente depuesto del país.
Al mismo tiempo, el gobierno estaba a la caza de cualquiera que celebrara su captura por parte de Estados Unidos.
En los últimos días, las fuerzas de seguridad han interrogado a personas en puestos de control, han subido a autobuses públicos y han registrado los teléfonos de los pasajeros, en busca de pruebas de que aprobaban la destitución de Maduro, según venezolanos en el país y grupos de derechos humanos. Al menos 14 periodistas y seis ciudadanos fueron detenidos; la mayoría han sido liberados.
La realidad dividida en la que el gobierno dirige una muestra de apoyo a un líder autoritario impopular mientras reprime a sus críticos fue especialmente llamativa porque Estados Unidos ahora apoya a ese gobierno.
Cuatro días después de que el presidente Donald Trump dijera que Estados Unidos podría "manejar" Venezuela, el extenso aparato político, de seguridad y de inteligencia que apuntaló el gobierno autocrático de Maduro sigue existiendo, y la realidad cotidiana de muchos venezolanos ha empeorado.
La dirigente interina, Delcy Rodríguez, quien fuera vicepresidenta de Maduro, ha exigido reiteradamente su liberación y ha condenado al gobierno de Trump por la incursión que lo capturó el sábado.
"El gobierno de Venezuela rige nuestro país", dijo en un discurso el martes. "Más nadie".
A pesar de las críticas públicas de Rodríguez, los funcionarios de la Casa Blanca han expresado su confianza en que ella seguirá sus órdenes, y ha habido indicios de que podrían tener razón. El martes por la noche, Trump anunció que Venezuela había accedido a entregar a Estados Unidos entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo. Las autoridades venezolanas no respondieron de inmediato.
Hasta ahora, parece que las exigencias de Trump al gobierno venezolano, al que él y otros presidentes estadounidenses han denunciado por su represión, han sido relativamente limitadas.
En sus comentarios públicos desde la captura de Maduro, los funcionarios estadounidenses se han enfocado sobre todo en el petróleo de Venezuela y sus conexiones con el narcotráfico. En privado, también han presionado al gobierno de Rodríguez para que expulse a espías y militares de China, Rusia, Irán y Cuba.
No está tan claro si el gobierno de Trump está dando prioridad a la democracia y los derechos humanos en sus conversaciones con Venezuela, ni cómo lo está haciendo.
Los periodistas preguntaron a Trump el domingo si las dos partes habían discutido la liberación de presos políticos o el regreso de políticos de la oposición del exilio. "Aún no hemos llegado a eso", respondió. "Lo que queremos hacer ahora es arreglar el petróleo".
El martes, Trump dijo que los venezolanos "tienen una cámara de tortura en medio de Caracas que están cerrando". Parecía referirse a El Helicoide, una prisión tristemente célebre donde se recluía a disidentes durante el gobierno de Maduro. A primera hora del miércoles, parecía seguir en funcionamiento.
Rodríguez ha declarado una orden de emergencia de 90 días que otorga a las fuerzas de seguridad amplios poderes para la "búsqueda y captura" inmediata de quien apoye "el ataque armado de Estados Unidos", junto con otras medidas que erosionarían aún más las libertades civiles en una nación sometida desde hace mucho tiempo a un régimen autoritario.
Desde ese decreto, los venezolanos han denunciado un aumento del número de policías y fuerzas de seguridad en las calles, especialmente de los llamados colectivos, milicias de hombres enmascarados que portan fusiles de gran tamaño.
Las fuerzas de seguridad establecieron numerosos puestos de control para detener vehículos, interrogar a los pasajeros y registrar sus teléfonos en busca de indicios de oposición al gobierno, dijeron grupos de derechos y ciudadanos venezolanos.
"Hacen que abras tu WhatsApp y pongas el nombre de 'Maduro', 'Estados Unidos', 'Donald Trump', 'invasión', todas esas cosas. ¿Para qué? Para ver si estás celebrando o tienes en algún chat alguna información que celebre o que esté a favor de la captura de Maduro", dijo Gabriela Buada, directora de Caleidoscopio Humano, organización venezolana que está siguiendo la represión.
Los venezolanos entrevistados para este artículo hablaron bajo condición de anonimato porque temían por su seguridad. Una mujer dijo que su esposo, un vendedor de productos agrícolas de 56 años en el estado occidental de Zulia, había gritado en señal de celebración la mañana de la captura de Maduro que el autócrata que antes bailaba en los mítines ahora podía bailar en la cárcel.
Dos días después, dos agentes de la policía nacional lo esperaban en su puesto de productos, dijo su esposa. Lo detuvieron, y la policía dijo a la familia que le pagaran 1000 dólares por su liberación, dijo. Recurrieron a sus familiares para reunir el dinero y entregaron a la policía bolsas de fruta y verdura, y fue puesto en libertad, dijo su esposa.
El lunes, durante la toma de posesión de Rodríguez como presidenta en funciones en la Asamblea Nacional de Caracas, las autoridades detuvieron a 14 periodistas, según el sindicato local de medios de comunicación. Trece fueron puestos en libertad posteriormente y uno fue deportado, dijo el sindicato. Otros 23 periodistas detenidos durante el gobierno de Maduro siguen bajo custodia.
El lunes y el martes, las fuerzas de seguridad detuvieron al menos a seis personas en puestos de control, según Caleidoscopio Humano. En el oeste de Venezuela, oficiales de policía dijeron que habían detenido a dos sexagenarios que habían celebrado la captura de Maduro disparando al aire.
La actual represión no es inusual en el gobierno venezolano. Durante años, ha vigilado a sus ciudadanos, encarcelado a opositores políticos y restringido a periodistas independientes.
Lo sorprendente es que el gobierno parece estar intensificando estas tácticas justo cuando cuenta con el apoyo del gobierno de Trump, que también se está distanciando de la principal oposición de Venezuela, dirigida por la nobel María Corina Machado.
Freddy Guevara, exasambleísta venezolano y miembro de la coalición de Machado, quien ahora se encuentra exiliado en Nueva York, dijo que esperaba que la represión incitara al gobierno de Trump a tomar más medidas contra el gobierno. Sostuvo que el estado de excepción anunciado por Rodríguez tenía poca importancia práctica, porque, de todos modos, el gobierno lleva mucho tiempo haciendo caso omiso de la ley. "Pero lo que realmente importa es lo que demuestra", dijo. "Demuestra que esta gente cree que Trump está jugando y que pueden hacer lo que quieran".
Aunque la gran mayoría de los venezolanos se oponía al gobierno de Maduro, prácticamente no ha habido ninguna celebración pública de su caída, lo que cabe suponer que se debe a la fuerte presencia de la seguridad. En cambio, la televisión estatal ha transmitido numerosas concentraciones en todo el país que denunciaron su captura, encabezadas por políticos y otros partidarios.
La más grande de ellas tuvo lugar el martes, cuando una multitud que parecía constar de miles de personas desfiló por Caracas. En un mitin celebrado al final de la marcha, el orador principal fue Diosdado Cabello, el ministro del Interior que supervisó durante años la represión de Maduro contra la población.
Días antes, tras la captura de Maduro, Cabello reunió a un grupo de fuerzas de seguridad y grabó un video en el que aparecían cantando con chalecos blindados y fusiles en mano.
"¡Leales siempre! ¡Traidores nunca!", coreaban. "¡Dudar es traición!".
Patricia Sulbarán colaboró con reportería desde Nueva York y Emma Bubola desde Buenos Aires.
Jack Nicas es el jefe de la corresponsalía del Times en Ciudad de México y lidera la cobertura sobre México, Centroamérica y el Caribe.
Patricia Sulbarán colaboró con reportería desde Nueva York y Emma Bubola desde Buenos Aires.
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