
Acompañados por el suave rasgueo acústico de la canción “Obiymy” (Abrázame) de la banda ucraniana Okean Elzy, Maxim Herman, de 15 años, y Lisa Gryazeva, de 10, daban vueltas en el aire bajo el cálido resplandor de las luces amarillas y azules.
En agosto, un domingo por la mañana, la música se escuchaba en cada rincón del antiguo edificio soviético que sirve como sede del circo estatal en Zaporiyia, donde la vida continúa para los ucranianos a pesar de la inminente amenaza de ataques rusos sobre la cercana planta nuclear de la localidad.
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Este circo alguna vez fue una de las atracciones más populares de Zaporiyia. Antes de la invasión, cerca de mil personas conformaban el público que asistía a una actuación de dos horas. Sin embargo, en este día no hay más de 200 personas entre los asistentes.
Pero para los artistas, algunos de los cuales están en edad escolar, queda trabajo por hacer. Bogdana Tkachenko, de 13 años, ha pasado los últimos nueve años de su vida trabajando en el circo, después de comenzar la escuela de circo a los 4 años. Según comentó Tkachenko, alberga la esperanza de actuar algún día en el Festival Internacional de Circo de Montecarlo y unirse al Cirque du Soleil.
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Para Tamara Viktorovna, una exacróbata de 66 años y directora del Circo Estatal de Zaporiyia desde 2013, el circo tiene un rol específico que desempeñar en el conflicto.
“Durante dos horas, cambiamos sus vidas”, dijo Viktorovna. “Y recordaron y sintieron lo que es estar en tiempos de paz”.
En el espectáculo semanal de dos horas, que cuesta entre 150 y 400 grivnas (de 4 a 11 dólares), se mezcla la gimnasia, los animales, los payasos y la música que fascina a un público ansioso y a veces desesperado por interiorizar la idea de que la vida continúa incluso en medio de una guerra. Acrobacias, música y actuaciones rítmicas son la parte fundamental del espectáculo, todo ello diseñado para sacar una sonrisa al público, especialmente a los asistentes más jóvenes.
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La guerra reestructuró su circo más allá de una audiencia cada vez menor, dijo Viktorovna. El personal también es escaso para mantener tanto al circo como a sus instalaciones. Antes de la guerra, su equipo estaba formado por 133 empleados; ahora, solo permanecen 55. Viktorovna lamenta la pérdida de algunos de sus artistas, entre ellos Veniamin Maslov, un artista que murió en el frente. Otro permanece confinado en una cárcel rusa.
El circo se transformó en un centro para los desplazados internos en los primeros días de la guerra. Se cambiaron los focos por mantas, la música por comidas calientes y el escenario se convirtió en un lugar seguro para refugiarse. Pero a principios de año el circo abrió sus puertas de nuevo.
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“Cada uno tiene su propio frente de batalla, el mío es mantener feliz a la gente”, dijo Viktorovna.
Viktorovna dijo que durante dos horas puede darles a las personas un respiro del estrés de la guerra que se ha prolongado durante casi 19 meses. “Veo sus sonrisas, escucho sus aplausos y espero haberles dado esperanza para el futuro”, dijo.
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Maxim Herman, de 15 años, y Lisa Gryazeva, de 10, actuando en el Circo Estatal Zaporiyia en Zaporiyia, Ucrania, el 6 de agosto de 2023. (Diego Ibarra Sánchez/The New York Times)
Durante dos horas cada semana, el Circo Estatal de Zaporiyia ofrece un breve respiro del estrés de la guerra que se prolonga durante casi 19 meses. (Diego Ibarra Sánchez/The New York Times)
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