Especial para Infobae de The New York Times.
KIEV, Ucrania — Después de pasar meses agazapada en un sótano para escapar de los bombardeos, una madre de alquiler llamada Viktoria pudo alejar a su familia y al niño que llevaba en su vientre para clientes extranjeros, de los combates en el noreste de Ucrania.
Ella aseguró que pudo hacerlo porque la agencia de maternidad subrogada para la que trabajaba le había ofrecido ayuda financiera y un departamento en la capital, Kiev, para que ella y su bebé estuvieran seguros. Aunque al principio estaba renuente a dejar su ciudad, Járkov, aunque estuviera bajo los ataques de la artillería, ahora se alegra de vivir con una seguridad relativa.
“No me habría marchado si la clínica no me hubiera convencido”, afirmó.
Viktoria es una de los cientos de madres de alquiler que han llevado a término sus embarazos a lo largo de siete meses de angustia, corriendo para ponerse a salvo cada vez que sonaban las sirenas antiaéreas, sobreviviendo en refugios antibombas y huyendo de ciudades en ruinas para dar a luz a niños cuyos padres estaban en el extranjero.
Antes de que Rusia invadiera el país en febrero, Ucrania era uno de los principales proveedores de vientres de alquiler, uno de los pocos países que permiten esta actividad en beneficio de clientes extranjeros. Tras una pausa en primavera, las agencias de gestación subrogada están reanudando su trabajo, reactivando una industria de la que dependen muchas personas sin hijos, pero que los críticos han descrito como explotadora y que, en tiempos de paz, ya era compleja en el aspecto ético y logístico.
Los bombardeos de misiles rusos que alcanzaron ciudades ucranianas la semana pasada subrayaron el peligroso entorno en el que opera la industria.
En las entrevistas, una decena de madres de alquiler aseguraron que el apoyo financiero adicional que recibieron había contribuido a asegurar la supervivencia de sus propias familias ya que les permitió abandonar zonas sitiadas o bombardeadas frecuentemente con artillería. No obstante, en algunos casos, la industria de los vientres de alquiler también ha empujado a las madres hacia nuevos peligros que habrían evitado de haberse quedado en casa, como los puestos de control rusos para salir del territorio ocupado.
Viktoria, al igual que otras madres de alquiler que aceptaron ser entrevistadas y fotografiadas en una clínica de Kiev, habló con la condición de que utilizáramos solo su nombre de pila. A algunas de las mujeres les preocupaba su privacidad y a otras su seguridad, ya fuera por sus familiares que permanecen en el territorio ocupado por Rusia o por sus propios vínculos con el lugar.
Las agencias también se están adaptando a la guerra. Además de ayudar a las madres de alquiler y a sus familias a trasladarse a ciudades más seguras, algunas han tenido que idear maneras de cuidar a los niños mientras sus padres biológicos luchaban por superar los obstáculos de la guerra y la pandemia para llegar a Ucrania. Svitlana Burkovska, propietaria de una pequeña agencia, Ferta, acogió a los niños en su propia casa durante meses.
Los temores de que el negocio se desmoronara (en especial cuando Rusia intentó sin éxito tomar Kiev en las primeras semanas de la guerra) han resultado exagerados. La vida en el oeste y el centro de Ucrania se ha estabilizado en gran medida, a pesar de los combates en las regiones del sur y el este y de los riesgos continuos de ataques con misiles de largo alcance.
“No perdimos a nadie”, afirmó Ihor Pechenoha, director médico de BioTexCom, la agencia y clínica de gestación subrogada más grande de Ucrania. “Logramos sacar a todas nuestras madres de alquiler de la ocupación y los bombardeos”.
No obstante, durante meses, las mujeres que pensaban ganar dinero dando vida primero han tenido que proteger la propia.
Fuera de la capital, las madres de alquiler embarazadas han dormido en automóviles en las polvorientas orillas de las carreteras mientras escapaban del territorio ocupado, se han enfrentado a los interrogatorios de los soldados rusos y han vivido en refugios subterráneos.
En el primer mes de la guerra, 19 bebés nacidos de madres de alquiler para una agencia estuvieron abandonados en un sótano de Kiev. Durante semanas y meses, fue difícil o imposible que los padres biológicos se pusieran en contacto con sus hijos en Ucrania, pero en agosto, ya todos los bebés se habían ido a sus casas.
La guerra no ha reducido el atractivo de la maternidad subrogada para las parejas desesperadas por tener hijos, aseveró Albert Tochylovsky, director de BioTexCom. “Tienen prisa”, dijo. “Explicar que estamos en guerra no funciona”.
Antes de que Rusia lanzara su invasión a gran escala, BioTexCom fecundaba a unas 50 mujeres al mes. Desde principios de junio, la empresa ha iniciado al menos 15 embarazos nuevos.
Con el dinero que aporta el negocio, dijo Tochylovsky, las madres de alquiler se han trasladado de las ciudades del frente y de las regiones ocupadas por Rusia a lugares más seguros, como Kiev.
Muchas mujeres que participan en el negocio se refieren a la maternidad subrogada como “el trabajo”, un término que, según los médicos, evita que se apeguen emocionalmente a los bebés que llevan en el vientre. Una mañana reciente en Kiev, unas 20 mujeres estaban formadas en la recepción de la empresa para someterse a revisiones médicas o prepararse para un embarazo.
Todas ellas tenían historias de guerra que contar, de situaciones cercanas y pérdidas dolorosas. Todas, incluida Viktoria (quien estaba gestando un bebé para clientes chinos, como hacen muchas madres de alquiler en Ucrania) aseguraban que las motivaba el dinero, el amor a sus propios hijos y el deseo de mantenerlos a salvo.
“Lo hago por dinero, pero ¿por qué no?”, señaló Olha, de 28 años, quien comenzó otro embarazo subrogado este verano. “Tengo buena salud y puedo ayudar a la gente que tiene dinero” y quiere tener hijos, añadió.
Antes de la guerra, el negocio prosperaba en Ucrania, donde las madres de alquiler suelen ganar unos 20.000 dólares por cada niño que dan a luz. La guerra ha hecho que tener seguridad financiera sea aún más urgente.
Debido al plazo de nueve meses, las agencias no pueden tomar decisiones precipitadas sobre la continuidad o el cese del negocio tras acontecimientos como la oleada de ataques con misiles de la semana pasada, y las madres gestantes no pueden ser trasladadas a jurisdicciones fuera de Ucrania que no reconocen la custodia de los padres biológicos en los nacimientos por maternidad subrogada.
La guerra ha generado muchos dilemas nuevos para las mujeres, los clientes y el personal médico. Viktoria y su familia se enfrentan a uno de esos dilemas: el pago les ayudará a sobrevivir, pero no les queda claro a dónde deben ir tras su recuperación de la cesárea. La familia se ha quedado en el departamento alquilado por la clínica en Kiev; su ciudad natal, Járkov, sigue bajo el ataque de bombardeos frecuentes.
Un cliente chino de BioTexCom, Zhang Zong, fue uno de los que tuvo que esforzarse para llegar a Kiev por los retrasos en los viajes. Zong aseveró que la espera había sido insoportable. “Estaba muy preocupado por la guerra”, dijo.
Comentó que conocer a su hijo de 6 meses fue emocionante y un poco extraño a la vez. “Me emocioné mucho cuando me dejaron abrazarlo”, dijo Zhang. “Lleva mucho tiempo aquí y todo el mundo lo abraza, les cae bien a todos y yo no soy tan especial”.
No obstante, añadió que eso era solo por ahora. “Cuando crezca”, dijo Zhang, “podré contarle esta historia”.
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