Los murciélagos y sus heces destruyen el arte rupestre

A photo provided by Serge Caillault shows the Rotonde, the main tourist gallery of the AzŽ caves in eastern France, which was smoothed and shaped by the corrosive presence of bat guano over thousands of years. Bats roosting in caves produce ample guano, which may explain why prehistoric marks left by humans cannot be found in some places where they are expected. (Serge Caillault via The New York Times) -- NO SALES; FOR EDITORIAL USE ONLY WITH NYT STORY BAT FECES CORROSION BY MICHAEL PRICE FOR JUNE 17, 2021. ALL OTHER USE PROHIBITED. --
A photo provided by Serge Caillault shows the Rotonde, the main tourist gallery of the AzŽ caves in eastern France, which was smoothed and shaped by the corrosive presence of bat guano over thousands of years. Bats roosting in caves produce ample guano, which may explain why prehistoric marks left by humans cannot be found in some places where they are expected. (Serge Caillault via The New York Times) -- NO SALES; FOR EDITORIAL USE ONLY WITH NYT STORY BAT FECES CORROSION BY MICHAEL PRICE FOR JUNE 17, 2021. ALL OTHER USE PROHIBITED. --

Especial para Infobae de The New York Times.

Las escenas de caza, los motivos geométricos, las plantillas a mano y otras obras de arte prehistórico pueden perdurar durante decenas de miles de años en las paredes de cuevas bien protegidas, pero solo si los murciélagos no frecuentan las galerías.

Estos mamíferos voladores solo buscan un lugar seguro para posarse, pero también se convierten en peludos filisteos que borran las pinturas antiguas y otras marcas de las paredes de las cuevas en unas pocas décadas debido a la característica corrosiva de sus heces, o guano, según una investigación realizada por un equipo de geólogos y arqueólogos publicada en mayo en la revista Geomorphology.

En las cuevas Green Grotto de Jamaica, a principios de la década del 2000, dos científicos, Joyce Lundberg y Don McFarlane, demostraron que las colonias de murciélagos crean sus propios microclimas que pueden erosionar poco a poco la piedra caliza de una cueva tropical. En las décadas siguientes, investigaciones adicionales precisaron los detalles destructivos. Los estudios han demostrado que los grandes grupos de murciélagos generan calor y humedad dentro de los límites cerrados de una cueva, y cubren las paredes con una película ácida y abundante en dióxido de carbono. Además, grandes cantidades de guano y orina de murciélago pueden fermentarse y saturar el aire con partículas en aerosol de ácido fosfórico. Esta combinación potente corroe las paredes y el techo de piedra caliza, un proceso llamado biocorrosión.

Un grupo de geomorfólogos en Francia quería saber si el mismo proceso se producía en las cuevas de murciélagos de toda Europa, donde pinturas rupestres tan preciadas como las de las cuevas francesas de Chauvet y Lascaux ofrecen ventanas ornamentales a nuestro pasado.

Se centraron en un sistema de cuevas en particular, conocido como las cuevas de Azé, al este de Francia. Los huesos encontrados en la cueva sugieren que hace unos 150.000 años fue hogar de osos de las cavernas. Los humanos vivieron y trabajaron en las cuevas durante la Edad de Bronce, hace unos 3000 años, y durante siglos la han visitado los turistas atraídos por sus laberintos de piedra caliza y su río subterráneo. En otras cuevas turísticas de la región, los visitantes han garabateado grafitis a lo largo de los años, pero la cámara de entrada a Azé se encuentra desconcertantemente prístina, señaló Lionel Barriquand, geomorfólogo de la Universidad de Saboya Mont Blanc y autor principal del estudio.

Azé también ha sido un lugar de descanso importante para los murciélagos durante los últimos 45.000 años. Aunque el desarrollo humano ha reducido significativamente la población de la cueva, muchos miles de murciélagos llenaban las paredes y el techo de esta, y cubrían las superficies con capas de guano; sin embargo, hace unos 22.000 años, un grueso tapón de calcita impedía el acceso de los murciélagos al interior de Azé. Este santuario interior fue desbloqueado en 1963, lo que les ofreció a los científicos un experimento natural para comparar sus paredes con las de la entrada de la cueva.

Descubrieron que las paredes de la sección de la cueva bloqueada desde hacía tiempo eran más irregulares, tenían menos huecos en el techo y eran menos profundos que los de la entrada. La cueva interior también presentaba numerosas marcas de garras de oso a lo largo de sus paredes, mientras que no existe ninguna en las partes de la cueva donde han vivido los murciélagos. Al comparar las mediciones de las dos secciones, los científicos determinaron que la presencia de murciélagos había erosionado las paredes de la entrada de la cueva entre 3 y 7 milímetros cada mil años. Concluyeron que la entrada de la cueva carece de arte rupestre, grafitis o marcas de garras, porque la erosión provocada por los murciélagos hizo que todas esas marcas se convirtieran en polvo.

“Cuantos más murciélagos haya, más intenso será el proceso”, aseveró Philippe Audra, geomorfólogo de la Universidad de la Costa Azul y coautor del estudio. Según los investigadores, una pintura superficial en las paredes de Azé desaparecería en unos 25 años.

La biocorrosión es un aspecto importante, aunque poco apreciado, para entender por qué las pinturas rupestres prehistóricas se encuentran con tanta frecuencia en cuevas que han sido selladas del mundo exterior o que nunca han albergado murciélagos, señaló Laurent Bruxelles, geoarqueólogo del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia que colabora con el equipo de Barriquand, pero que no participó en el estudio reciente.

“Las pinturas son lo primero que se erosiona debido a la biocorrosión”, dijo. “En todas las cuevas donde hay murciélagos y pinturas, estas desaparecen”.

McFarlane, quien ayudó a estudiar por primera vez la biocorrosión de los murciélagos y es paleobiólogo en el Claremont McKenna College de California, dijo que el estudio era una aplicación útil de su investigación anterior sobre arqueología. Añadió que los antropólogos deberían tener en cuenta estos efectos al analizar los patrones de dónde se encuentra arte rupestre y dónde no.

“La falta de arte rupestre podría reflejar simplemente la ocupación de los murciélagos”, dijo, “en lugar de una fantasiosa explicación antropológica”.
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