China se está preparando para otros Juegos Olímpicos en Pekín, le guste al mundo o no

FILE -- Protesters take part in a rally on June 9, 2020, in Hong Kong, marking one year since sometimes violent demonstrations began against a proposed law allowing extraditions to mainland China. With the 2022 Winter Olympics less than a year away, a powerful and confident China is promising retaliation if any country boycotts the event over human rights. (Lam Yik Fei/The New York Times)
FILE -- Protesters take part in a rally on June 9, 2020, in Hong Kong, marking one year since sometimes violent demonstrations began against a proposed law allowing extraditions to mainland China. With the 2022 Winter Olympics less than a year away, a powerful and confident China is promising retaliation if any country boycotts the event over human rights. (Lam Yik Fei/The New York Times)

Cuando Pekín organizó los Juegos Olímpicos de Verano en 2008, muchos argumentaron (o al menos tenían la esperanza) de que la atención internacional mejoraría los derechos humanos en China. No fue así.

Ahora, China está en la cuenta regresiva de otros Juegos Olímpicos en Pekín, en esta ocasión los de invierno el próximo febrero, por lo que enfrenta llamados cada vez más numerosos a favor de un boicot por sus abusos a los derechos humanos, desde retirarle a Hong Kong sus libertades democráticas prometidas hasta la encarcelación masiva de musulmanes uigures en Sinkiang.

No obstante, el mundo ha cambiado desde 2008. Hoy en día, prácticamente nadie cree que ser anfitrión de los Juegos Olímpicos templará el comportamiento de China.

En ese entonces, los líderes chinos al menos prometieron concesiones con respecto a las libertades democráticas básicas para demostrar que serían anfitriones dignos. El actual líder, Xi Jinping, está mucho más confiado, y no parece estar dispuesto ni sentirse obligado a ceder. Además, China en sí misma ya no es una potencia capitalista emergente, sino la segunda economía más grande del mundo, la cual compite codo a codo con Estados Unidos por influencia global.

Funcionarios electos de Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido han hecho llamados para que sus países se abstengan de asistir a los Juegos Olímpicos, así como lo han hecho numerosas organizaciones de derechos humanos. Otras, como Freedom House, han dicho que incluso si los juegos se llevan a cabo, los funcionarios gubernamentales, las figuras culturales y los patrocinadores deberían rehusarse a asistir.

“Cualquier otra acción será vista como un respaldo a la gestión autoritaria del Partido Comunista de China y el descarado menosprecio de los derechos humanos y civiles”, se leía en el borrador de una carta pública que llamaba a un boicot. Más de 180 grupos de activistas de todo el mundo firmaron el documento, muchos de ellos enfocados en el Tíbet, Hong Kong y los uigures.

Hasta el momento, ningún país ha declarado un boicot. Los llamados también han enfrentado resistencia de parte del Comité Olímpico Internacional, cuya carta olímpica apela a “la alegría del esfuerzo, el valor educativo del buen ejemplo, la responsabilidad social y el respeto por los principios éticos fundamentales universales”.

Tan solo la influencia económica de China posee más peso que nunca, incluso en organismos internacionales como el comité olímpico y los grandes patrocinadores corporativos de los juegos. China también ha demostrado su disposición a usar el comercio como una herramienta de coerción geopolítica, como Australia lo ha aprendido de una andanada de medidas punitivas que afectan al carbón, el vino y otras exportaciones.

Ni siquiera el deporte es inmune. El gobierno suspendió las transmisiones de la Asociación Nacional de Baloncesto (NBA, por su sigla en inglés) en China por un solo tuit en apoyo a las protestas en Hong Kong y después hizo lo mismo con un prominente equipo de futbol de la Liga Premier inglesa luego de que uno de sus jugadores denunció el trato a los uigures por parte de China.

“El gobierno chino es más y más poderoso e influyente ahora”, dijo Teng Biao, un abogado que fue detenido en Pekín en 2008 por criticar los preparativos del país para aquellos juegos. “Tienen la influencia para sancionar a aquellos que son críticos del régimen”.

El Comité Olímpico Internacional, al igual que los patrocinadores y las televisoras, tiene mucho que perder si pocas personas asisten a los juegos.

“También queda claro que queremos que con estos Juegos Olímpicos experimenten la pasión y la excelencia del deporte y la excelencia de la organización china”, expresó el presidente del comité, Thomas Bach, según lo citaron cuando habló con la agencia infomativa estatal, Xinhua, después de una llamada telefónica con Xi en enero para analizar los más recientes preparativos de Pekín.

A Pekín le otorgaron los juegos de 2022 después de que varias ciudades europeas retiraran sus candidaturas en 2015, para lo que dieron como razón los costos onerosos. China derrotó al único otro candidato restante, Alma Ata, la ciudad principal de Kazajistán, otro país autoritario. El voto quedó 44-40.

La disposición de China a gastar lo que sea necesario para ser sede de los juegos es parte de lo que ha hecho al país indispensable para el comité olímpico. Teng, el abogado, quien ahora es profesor en Hunter College en Nueva York, estaba entre aquellos que se reunieron con directivos del comité en octubre para exigir mayor presión sobre China.

“No tenían ningún plan para comentar los problemas de derechos humanos básicos con el gobierno chino”, dijo. “Y no van a hacerlo”.

El comité respondió con una declaración por escrito atribuible a un vocero cuyo nombre no fue mencionado. Decía que el comité “no tiene ni el mandato ni la capacidad de cambiar las leyes o el sistema político de un país soberano”.

El gobierno del presidente estadounidense, Joe Biden, ha mostrado ambivalencia con respecto a un boicot, aunque se dice que algunos de sus asesores de campaña han difundido la idea de uno en conjunto con otras naciones.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, indicó que un boicot todavía no era una opción.

“Ahora mismo no estamos hablando de cambiar nuestra postura o nuestros planes en lo relacionado con los Juegos Olímpicos de Pekín”, dijo.

Minky Worden, quien ha seguido la participación de China en los Juegos Olímpicos para Human Rights Watch durante más de dos décadas, dijo que una campaña contra la Olimpiada de 2022 podría ejercer presión sobre los patrocinadores y los visitantes.

“El boicot tiene mucho simbolismo, pero no es la única herramienta de presión de la comunidad de los derechos humanos”, afirmó.

China, por su parte, parece impávida, incluso desafiante.

“Si cualquier país es alentado por fuerzas extremistas a emprender acciones concretas para boicotear los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín, China definitivamente tomará represalias severas”, escribió este mes Global Times, un periódico nacionalista propiedad del Partido Comunista.

China también está preparando otra candidatura olímpica, esta vez con las ciudades de Chengdu y Chongqing como posibles sedes para los juegos de verano de 2032.