Tiene 52 años y fue trasplantado cinco veces: “Es inmensurable la cantidad de vida que brinda un donante”

En el marco del Día Mundial de los Pacientes Trasplantados, Gabriel Yabo contó su historia y cómo se vive el período de espera de un donante, situación en la que actualmente se encuentran 7137 argentinos y que él tuvo que atravesar en reiteradas ocasiones

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"Los órganos no van al cielo”. Esa frase anónima cada año se convierte en una especie de mantra para concientizar sobre la necesidad que tienen millones de personas, pacientes crónicos o terminales, de trasplantes como la única forma de seguir con vida. Actualmente, de acuerdo a datos del Incucai, 7137 personas necesitan un trasplante para salvar sus vidas en la Argentina.

Cada seis de junio se conmemora el Día Mundial de los Pacientes Trasplantados. La donación de corazón, pulmones, hígado, riñones, páncreas e intestino puede constituir la diferencia entre la vida y la muerte para otro ser humano, además de la posibilidad de abrir nuevas esperanzas a receptores de piel, córneas, válvulas cardíacas, tendones, nervios y cartílagos, entre otros.

Gabriel Luis Yabo tiene 52 años y siempre tuvo algo en claro: su salud no definiría su estilo de vida. Hoy padre de familia y felizmente casado, el hombre oriundo de Caballito pasó por cuatro trasplantes de riñón y uno de hígado a lo largo de su vida.

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Yabo fue diagnosticado a sus 6 años con síndrome de Alport, un trastorno hereditario que causa daño a los diminutos vasos sanguíneos en los riñones. En 1987, a sus 19 años, algo empezó a fallar en su sistema y tuvo que empezar a realizarse diálisis para sustituir la función que los riñones no pueden realizar: “En ese momento jugaba al fútbol en GEBA, al voley en Boca, participaba del centro de estudiantes, salía a bailar, iba a recitales... Y cuando me enteré de que tenía que hacerme el tratamiento fue como chocar contra una pared. Tuve que dejar de hacer deporte y de tomar tanto líquido, fue muy duro”.

Finalmente en marzo de 1990, le comunicaron que era necesario realizarse un trasplante de riñón y que era posible hacerlo en Chile. Sin embargo, no funcionó como esperaban: “En líneas generales salió todo bien pero no existían los medicamentos ni la tecnología de ahora. Ese riñón me duró dos años”.

El joven en ese entonces necesitó transfusiones de sangre: “Llegué a necesitar 30 infusiones en un año y en alguna de esas donaciones contraje hepatitis C. No se conocían del todo su alcance y sus consecuencias en ese momento”.

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Luego de tres años en diálisis, en 1995 lo llamaron del Incucai para comunicarle que le habían conseguido un órgano: “Me tansplanté y había sido un año muy duro. Me había dejado mi novia de cinco años a punto de casarnos, dejé mi trabajo y estaba en diálisis, un tratamiento que es muy agresivo, sobre todo cuando sos joven y querés estar haciendo cualquier otra cosa. Me habían pasado muchas cosas juntas”.

“El trasplante salió muy bien, empecé la recuperación. Y de pronto todo cambió, conocí a quien hoy es mi mujer, nos pusimos de novio y a los pocos meses nos casamos”, comentó emocionado.

Transcurrieron once años desde que necesitó un trasplante, pero en el medio la vida le sonrió: se convirtió en papá de Rocío y luego de Gastón. “Mi hija ya se recibió de la secundaria y actualmente estudia danzas mientras que Gasti está terminando quinto año”, dijo orgulloso.

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A pesar de su condición de trasplantado, Gabriel nunca disminuyó su trabajo, ni dejó de lado sus viajes u obligaciones: “Llegó un punto en el que trabajaba muchas horas, porque tenía en mi mente que si no trabajaba no les podía dar un futuro a mis hijos. En esa época me descuide un poco y empecé a intuir que iba a volver a caer en la diálisis”.

“Mi hepatitis C causó cirrosis en el hígado y entonces me dijeron que debía trasplantarme doble. Fue un muy buen trasplante porque el hígado es muy noble y se regenera permitiendo proteger al riñón. Esta vez tomé una postura distinta y me quedé en casa cuidando los chicos hasta que decidí abrir una ferretería enfrente a mi casa con un amigo”, explicó Gabriel.

En el año 2017 ya veía venir otro impacto crónico y el 30 de noviembre del 2018, en el Día de la Donación de Órganos, recibió su cuarto riñón: “No me acuerdo cuándo fue la última vez que me habían dado tan bien los resultados de los análisis. Estoy muy contento”.

“Están aquellos pacientes a los que les dura toda la vida el trasplante, no fue el caso de Gabriel. Por suerte el avance de la medicina en términos de tecnología es generoso y hoy nos permite realizar un cuarto trasplante que antes era impensado”, explicó a Infobae María Del Carmen Rial, jefa de Docencia e Investigación del Instituto de trasplante y alta complejidad (ITAC).

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A tres años de su último trasplante, Gabriel se siente bendecido: “La donación de órganos salva vidas pero no la mía únicamente, tengo dos hijos gracias a eso. Cada donante transmite un montón de vida, familias enteras que se constituyen a raíz de ello. A todos los que estén esperando un trasplante les diría que nunca hay que perder la esperanza y la fe. Siempre hay una luz al final del camino, algo que aprieta pero no ahorca. Y es muy importante que todos sean donantes de órganos".

“Gracias a Dios encontré en el camino un gran equipo de salud que me ayudó y se ocupó de mi caso. Desde la doctora Margarita Anders, quien actualmente es la que sigue mi trasplante hepático, a la doctora Rial”, dijo Yabo.

Sin donación no hay trasplante. La donación hay que tomarla como que es más probable que uno sea un receptor que un donante, salvo que sea un donante vivo. Hay muchos pacientes esperando actualmente", enfatizó Rial.

Según los datos de la OMS, más de 1.500.000 personas viven con un órgano trasplantado en todo el mundo. En los Estados Unidos, aproximadamente 40.000 pacientes reciben un trasplante de órgano cada año, pero 120.000 pacientes permanecen en una lista de espera para el trasplante, con 7.600 personas que mueren anualmente mientras esperan un trasplante de órgano. En Europa y en muchos otros países, los pacientes se ven afectados por una escasez similar de órganos y altas tasas de mortalidad mientras están en la lista de espera para el trasplante.

En lo que va del año, según el Incucai, se realizaron un total de 407 procesos de donación (233 de órganos y 174 de tejidos) que permitieron que 561 pacientes reciban un trasplante de órganos y 415 de córneas.

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