¿La cuarta será la vencida?

Keiko Fujimori se presenta nuevamente para disputar la presidencia de Perú y es favorita para alcanzar la segunda vuelta electoral. El país atraviesa una crisis de inseguridad, principal preocupación de los ciudadanos y eje de campaña de la candidata

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La candidata presidencial peruana Keiko Fujimori. REUTERS/Angela Ponce
La candidata presidencial peruana Keiko Fujimori. REUTERS/Angela Ponce

A pocos días de las elecciones presidenciales en Perú, que serán este domingo 12 de abril, hay un gran interrogante que flota en el aire: ¿la cuarta será la vencida para Keiko Fujimori? La candidata de Fuerza Popular busca nuevamente el sillón presidencial tras los intentos de 2011, 2016 y 2021. Esta vez llega con un perfil renovado, un discurso enfocado en la seguridad y un escenario de voto fragmentado que la posiciona como la gran favorita para meterse en el balotaje.

Perú, al igual que muchos otros países de América Latina, atraviesa una aguda crisis de inseguridad que se ha convertido en la principal preocupación de los ciudadanos. Extorsiones, sicariato y el avance del crimen organizado han generado una sensación generalizada de que el Estado ha perdido el control en varios territorios. En este contexto, Fujimori ha centrado su campaña en un mensaje de mano dura, proponiendo mayor presencia policial, reformas en el sistema penitenciario y una política de tolerancia cero frente a las bandas criminales. Su argumento central es que el país requiere un liderazgo con experiencia y decisión para restaurar el orden público.

Lo que distingue su candidatura de otras opciones de la centro-derecha es, principalmente, la solidez de su partido, que dispone de un núcleo de cuadros con trayectoria probada, muchos de ellos formados en gestiones anteriores y en las bancadas legislativas de las últimas dos décadas. Esta experiencia institucional representaría un activo importante en un país donde la fragmentación política y la gobernabilidad siguen siendo un desafío estructural.

Uno de los elementos más destacados de esta campaña ha sido el cambio perceptible en la propia Keiko Fujimori. Tras el fallecimiento de su padre, Alberto Fujimori, en septiembre de 2024, y habiendo perdido años atrás a su madre, Susana Higuchi, la candidata se presenta con un estilo más cercano, menos confrontacional y con mayor énfasis en la empatía durante las recorridas territoriales. Proyecta, en pocas palabras, una imagen más serena y presidencial.

Este giro personal tiene componentes emocionales evidentes. Fujimori ha referido en varias ocasiones el peso que representa para ella el futuro de sus hijas y la preocupación por no dejarles un país dominado por el miedo y la inseguridad. A su vez, ha mencionado la experiencia de haber cumplido 490 días de prisión preventiva, alejada de su núcleo familiar, como un momento de reflexión profunda que ha contribuido a una visión más madura de la política y la vida.

Las encuestas recientes la posicionan consistentemente como una de las principales opciones de centro-derecha. La tendencia muestra que Fujimori ha consolidado su núcleo y ganado terreno entre votantes antes escépticos.

No se trata de un caso único en América Latina. Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil perdió tres elecciones consecutivas antes de triunfar en 2002 con un perfil más moderado y una imagen renovada. De forma similar, Andrés Manuel López Obrador en México insistió hasta vencer en su tercer intento en 2018. Estos ejemplos muestran cómo la perseverancia, junto con ajustes estratégicos y el aprendizaje de las derrotas previas, pueden abrir nuevos caminos al poder en entornos polarizados.

Fujimori ha justificado su cuarta postulación señalando que el Perú no resiste más experimentos fallidos y que la actual crisis de inseguridad exige respuestas firmes. Su narrativa combina la valoración de los logros del gobierno de su padre, en especial en la lucha contra el terrorismo, con la necesidad de brindar una respuesta firme a la inseguridad.

Sin embargo, persiste una duda central de cara a una eventual segunda vuelta. Aunque esta campaña se muestra más empática, cercana y enfocada en los problemas reales de los peruanos, con el objetivo de ampliar su base, el antifujimorismo continúa siendo un factor estructural en la política peruana. Queda por verse si, con su maduración personal y la nitidez de su mensaje de orden, podría superar este techo electoral que la dejó tres veces en la puerta de la Presidencia.

La cuarta podría ser la vencida, pero el verdadero desafío radica en si Keiko Fujimori logrará superar las resistencias del pasado y conquistar ahora al electorado con una mirada renovada para el futuro del Perú, donde prevalezcan el orden y la seguridad. Será el voto ciudadano el que decida el próximo 12 de abril.

* El autor es un destacado académico y analista internacional. Actualmente es vicepresidente del Consejo Colombiano de Relaciones Internacionales y miembro asociado de prestigiosas universidades en los Estados Unidos y el Reino Unido.