En días recientes se dio la 50ª reunión de la Comunidad del Caribe (CARICOM) en San Cristóbal y Nieves una una comunidad dominada por Chávez y Maduro donde compraron voluntades durante años a cambio de petróleo, allí el Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, hizo un señalamiento contundente: “Venezuela está mejor hoy de lo que estaba hace ocho semanas”. Esta afirmación, simple en su formulación, es una declaración política con profundas implicaciones geopolíticas y estratégicas.
Rubio sitúa este progreso en el contexto de un cambio radical en Venezuela tras la operación militar que llevó a la captura del jefe del Cartel de Los Soles, Nicolás Maduro, y a la instauración de una administración interina que, según él, ha generado avances “sustanciales” que antes eran inimaginables.
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Entre esos avances citó la liberación de presos políticos, el cierre del centro de torturas El Helicoide, que hasta la fecha no ha sido cerrado sino objeto de remodelaciones para convertirlo en un centro cultural, según anunció esta semana Delcy Rodríguez; y la reapertura de ingresos petroleros destinados al bienestar general.
Este enfoque en la estabilidad como argumento principal ofrece varias claves de interpretación; la primera, es que la estabilidad venezolana es un bien regional y capturando Maduro se evitó una crisis humanitaria, flujos migratorios masivos y violencia desbocada que pudieran desestabilizar no sólo a Venezuela sino al Caribe entero.
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La mención constante de Venezuela durante su discurso no fue casualidad, Rubio usó el caso venezolano como un puente para promover una cooperación más profunda con los países caribeños, especialmente en seguridad, economía y energía. Una Venezuela más estable se presenta como un potencial socio energético para el Caribe, reduciendo tensiones y creando oportunidades económicas compartidas.
Por supuesto que no todos los líderes caribeños han acogido de buen grado las acciones de Washington, muchos expresaron inquietudes sobre aspectos de legalidad y soberanía. Sin embargo, la insistencia de Rubio en que el progreso venezolano contribuye a la estabilidad regional busca contrarrestar esos recelos y ofrecer una interpretación positiva de un cambio que Washington catalizó y apoya.
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Pero ahora bien, el Secretario de Estado de los EEUU reiteró que Venezuela necesita elecciones libres y democráticas para su legitimidad a largo plazo. Tan sólo han transcurrido 8 semanas ojalá y esas elecciones puedan tener fecha dentro de un cronograma antes del mes de julio que se terminaría el interinato de Delcy Rodríguez.
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