
La interdependencia entre Estados Unidos y Latinoamérica es imprescindible e inevitable y quienes alientan la confrontación con narrativa antimperialista lo hacen para proteger al crimen de dictaduras regionales y a la penetración extra hemisférica. Este siglo está marcado por la retirada de Estados Unidos de Latinoamérica y la cesión de espacio a delincuentes que suplantan la política, pero la “Estrategia de Seguridad Nacional” y acciones concretas, muestran que Estados Unidos está de vuelta como un socio que raya la cancha.
La relación histórica entre Latinoamérica y Estados Unidos ha sido cuanto menos variable y accidentada. Luego de la terminación de la “Guerra Fría”, con la Primera Cumbre de las Américas de 1994 se abrió una política de complementación e integración fundada en intereses comunes, principios y valores de libertad, democracia, libre mercado, lucha contra el narcotráfico, desarrollo sostenible, libre comercio y más.
La Primera Cumbre de las Américas como resultado de la “política exterior de Estado” formulada por el presidente George Bush (Republicano) e implementada por el presidente Bill Clinton (Demócrata) condujo a la “Carta Democrática Interamericana”, a los extraordinarios éxitos de lucha antinarcóticos en Colombia, Bolivia y Perú (principales productores de coca y cocaína), a tratados de libre comercio y a la creencia que el siglo XXI sería de democracia plena con la finalización de la única dictadura que era la de Cuba.
El 11 de septiembre de 2001, el mismo día que se firmaba en Lina-Perú la Carta Democrática Interamericana se producían los ataque terroristas contra Estados Unidos. No fueron estos actos terroristas los que dañaron en sí mismo el proceso de integración y fortalecimiento democrático de las Américas, fue la reacción a estos actos terroristas la que marcó el súbito y progresivo abandono de Estados Unidos a Latinoamérica con su concentración en las guerras contra el “terrorismo islámico”. De la retirada de acuerdos estratégicos con países latinoamericanos pasamos a la incomprensión del proyecto de Hugo Chávez, Fidel Castro y Lula da Silva.
La historia de los primeros 25 años de este siglo en las Américas es la crónica de la toma del poder político por la organización criminal más antigua de la región, la dictadura de Cuba, que rescatada por Hugo Chávez en 1999 se hizo del control del proyecto populista bolivariano para convertirlo en la expansión de su modelo criminal/dictatorial en Venezuela con Maduro, Nicaragua con Ortega/Murillo, Bolivia con Morales/Arce y Ecuador con Correa, logrando además instalar gobiernos para dictatoriales en México con López Obrador/Sheinbaum, Brasil con Lula, Colombia con Petro, Chile con Boric, Honduras con Castro.
El momento de mayor éxito del crimen organizado latinoamericano fue sin duda la Cumbre de las Américas de Panamá en 2015 cuando el dictador Raúl Castro fue reconocido como líder regional por el presidente Barack Obama, y logró luego la reinstalación de relaciones diplomáticas entre Cuba y EEUU.
Mientras la delincuencia organizada trasnacional asumía personería legal internacional, creaba y buscaba controlar organismos internacionales con las dictaduras de Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador, abría la región a China, Rusia, Irán y al terrorismo internacional. Atacaba con mecanismos de “guerra híbrida” a Estados Unidos y las democracias de las Américas, con migraciones forzadas, narcotráfico, terrorismo, trata de personas, penetración con crimen común, manipulación interna, noticias falsas, financiamiento electoral y más, con práctica de “negación plausible”.
La narrativa antiimperialista y anacrónicos argumentos de la Guerra Fría fueron cobertura para simular confrontación ideológica de izquierda contra derecha, cuando en verdad es el ataque del crimen organizado contra la democracia, con efectos gravísimos en Estados Unidos, Argentina, Chile, Perú, Colombia, Panamá, Brasil, México, El Salvador, Ecuador, y más países asolados por la migración forzada, el incremento del crimen transnacionalizado, el narcotráfico, la inseguridad y el deterioro de sus condiciones democráticas. Este escenario de terror terminará porque Estados Unidos en resguardo de su “seguridad nacional” ha identificado la agresión cuya autoría conduce a las dictaduras del socialismo del siglo 21 que operan como grupos criminales. El “cartel de los soles” en Venezuela es el más notable identificado hasta ahora.
Las acciones de los últimos meses que modificaron su política exterior y que cambian la geopolítica regional se explican en la “Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos”, que con el “Corolario Trump a la Doctrina Monroe” marca el retorno de la primera potencia mundial a Latinoamérica, estableciendo el objetivo de la extinción del crimen en el poder político, rayando la cancha.
*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy
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