
El reciente traslado de un numeroso grupo de venezolanos a El Salvador donde fueron recluidos en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), construido por la Administración de Nayib Bukele, por estar presuntamente ilegales en EEUU y a los que el gobierno de Trump señala de ser integrantes del Tren de Aragua, lo justifica y ampara en la Ley de Enemigos Extranjeros debido a que según el gobierno estadounidense el chavismo envió a la temida banda criminal a ese país.
No podemos dejar de mencionar que el Tren de Aragua es una amenaza para el continente y fue creada en el gobierno Maduro y usado luego como grupo para exportar el terror por Latinoamérica, bajo ese paraguas de hacerse vender como un gobierno de izquierda también ha mantenido relación con el ELN, las disidencias de las Farc y carteles de la droga.
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El traslado de miembros del tren de Aragua a El Salvador y de algunos venezolanos que no tenían nada que ver con el grupo terrorista, le dio aire a Maduro quien aprovechando el momento salió a criticar la medida del gobierno de los EEUU.
El Secretario de estado EEUU, Marco Rubio, no tardó en responderle diciendo que “Venezuela está obligada a aceptar a sus ciudadanos repatriados desde los Estados Unidos. Este no es un tema de debate o negociación. Tampoco amerita ninguna recompensa. A menos que el régimen de Maduro acepte un flujo constante de vuelos de deportación, sin más excusas o retrasos, los Estados Unidos impondrá nuevas sanciones más severas e intensificadas”.
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Entiéndase bien, siempre que acepte un flujo constante de vuelos de deportación, eso quiere decir que no lo venían haciendo, hicieron unos tres o cuatro vuelos para la propagaba, pero luego frenaron la operación.
El otro detonante del mensaje de Rubio son las palabras “sanciones más severas e intensificadas”, las cuales llevaron a Maduro a reaccionar mostrando disposición en retomar los vuelos de forma constante, pues no le queda más alternativa que colaborar esperando una recompensa si lo hace bien y regula tal cual dice el propio Rubio en su mensaje.
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Pero volviendo al tema de los dos mil presos políticos y ciudadanos inocentes detenidos en Venezuela después del 28 de julio del 2024, recordemos que los mismos han sido sometidos a aberraciones, torturas y privación ilegítima sin acceso a sus familiares. Algunos tienen más de seis meses en esa situación.
Otro caso emblemático lo reseñó el diario New York Time días atrás cuando entrevistó a uno de los ciudadanos norteamericanos liberados por el régimen de Maduro. Gregory David Werber le contó a la periodista a Julie Turkewitz cómo los guardias llevaban etiquetas con sus nombres que decían “Hitler” y “Demonio” y se cubrían la cara con pasamontañas. Los estadounidenses en la prisión venezolana fueron confinados en celdas de cemento, golpeados, rociados con gas pimienta y sometidos a lo que un prisionero llamó “tortura psicológica”.
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Así que Maduro no es ejemplo de respeto de los derechos humanos y tiene sus propias cárceles que van más allá de la privación de libertad, no sin dejar de mencionar cómo mantiene sometidos a 5 colaboradores del equipo de María Corina Machado en la la embajada de argentina en Caracas que ya cumplieron un año privados de libertad, sin acceso a servicios básicos y a salvoconductos para salir del país.
Reza el dicho popular en Venezuela “cachicamo diciéndole a morrocoy conchudo”, para criticar a una persona de un defecto que él mismo tiene; así está Maduro con Trump.
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